"¿Ya encontraste un amor?", le pregunta El Tribuno a Victoria Mateo (22). "Sí... el mar", responde. Y a pesar de las sutilezas de que se apropia el tamiz de una conversación telefónica, aquí en Salta nos llega como plegaria el poema del chileno Pablo Neruda: "Necesito del mar porque me enseña./ No sé si aprendo música o conciencia. /No sé si es ola sola o ser profundo/ o solo ronca voz o deslumbrante/ suposición de peces y navíos".
Hace diez meses que Victoria dejó su trabajo como secretaria administrativa para radicarse en México y reagruparse con su mamá Marcela (48) y su hermana Emilia (18). Aquí quedó la menor de sus hermanas, Valentina (14), que este diciembre se reunirá con ellas.
Victoria y su familia viven en Bucerías, en el estado de Nayarit, un lugar paradisíaco y poco conocido en Argentina como destino turístico, pero que nade debe envidiar a las consagradas playa del Carmen, Cancún y Tulum. Ella trabaja como moza en el bar La Negra y hace tres meses abrió una barbería propia: Mulata Barber Shop, un local exclusivo para hombres y situado en pleno centro de Bucerías. "Desde que llegué a México me recibieron de una manera muy amable y amena. Los mexicanos tienen un gran sentido del humor . Hice amigos muy "chidos''", cuenta.
Luego agrega que la estima del trabajador argentino en México es muy alta. "Acá valoran que los argentinos somos "de batalla'', muy trabajadores. Voy a citar palabras de un conocido mexicano: "Los argentinos son alivianados, divertidos y disfrutan de lo que hacen. Nos gusta como chambean''", comenta Victoria.
De sabores
Este medio encontró a Victoria almorzando un guacamole, es decir, una salsa de palta, tomate, cebolla y cilantro, típica de México. "No podés llegar aquí y no probarlo con totopos (tortillas de maíz fritas) o un taquito al pastor (con carne preparada con un marinado tradicional) en tortilla bien casera", señala. También recomienda probar quesadillas con carne asada, a las que el cariño y el reconocimiento popular llaman gringas. A su lista de imperdibles añade unas buenas enfrijoladas, tortillas con una pasta de poroto y un poco de crema y lechuga, y los manjares variados que ofrece el mar como mariscos y pescados frescos en todas sus presentaciones: aguachiles, ceviche, sashimi, carpaccio de pulpo.
Un mexicano típico acompañaría estos manjares con cerveza Corona, "aunque la mayoría de los mexicanos prefiere consumir otras marcas comerciales como Victoria, Pacífico y León. También las artesanales que producen las cervecerías Colima y Minerva".
Quienes son abstemios encuentran en México una diversidad de aguas frescas como la tuba (la fermentación del coco), o las de jamaica (un fruto), de tamarindo (la baina de un árbol), de horchata (agua de arroz con canela y leche carnation) y jugos de frutas más convencionales, aunque las denominaciones piña (por ananá) y fresa (por frutilla) resulten extrañas. "Hay una fruta en particular que me gusta mucho y se la llama "yaka'', un fruto grande con sabor a siete frutas juntas", destaca.
Creencias
Victoria dice estar sorprendida por la práctica de rituales espirituales combinados con el uso de medicina natural. Nombra entre ellos a la ayahuasca, el peyote u ojo de Dios y el temazcal. "La ayahuasca es una planta del Amazonas que mezclada con otra planta llamada chacruna da como resultado un brebaje que utilizan desde hace más de cinco mil años los chamanes como un camino para obtener una expansión de la conciencia. Personas allegadas a mí la percibieron como una conexión profunda que les permitió sanar situaciones con el entorno", relata. Añade que "el peyote o San Pedro es un cactus que se da en el desierto y la experiencia en este ritual es pura y exclusivamente con el interior de cada uno".
"El temazcal es un baño de vapor. En un tipi (horno grande) se disponen piedras volcánicas que se calientan al fuego. El objetivo de esto es mover la energía negativa y transformarla en positiva. Se entra en un estado de mucha concentración y meditación, a raíz del calor y de los rezos. Se dice que es como volver a nacer", sintetiza.

El asombro del Día de los Fieles Difuntos

La semana pasada, Victoria asistió a una de las celebraciones mexicanas más reconocidas en el mundo: el Día de los Fieles Difuntos, que tiene sus raíces en el sincretismo de las culturas prehispánica y europea, de las cuales se enriquecieron los ritos y las ceremonias que se realizan esa jornada. "La gente de todo México hace altares en las calles o en sus casas para sus difuntos. Les ofrendan comida y bebida, también el famoso pan de muerto (un pan redondo cubierto con azúcar blanca o roja y adornado con tiras que simulan huesitos). La gente pasa noches en vela junto a sus muertos y la noche se viste de fiesta con papel picado (son como pasacalles de colores), velas y calaveras de azúcar. Además, colocan espejos para que se reflejen las almas de sus muertos. Es una tradición en esta fecha pintarse como catrinas, no importa la edad que se tenga, y en muchos carteles ponen: 'Nuestros muertos siguen vivos'", relata. Es notable que en México se percibe a la muerte de una manera muy peculiar. Muchos mexicanos emplean la sátira para burlarse de ella. Un ejemplo sin parangón es la Catrina, una calavera popularizada por el grabador, ilustrador y caricaturista José Guadalupe Posadas (1852-1913).
La Catrina porta la vestimenta de una dama de la alta sociedad, como muestra de la presencia de la muerte en la cotidianidad de todos los estratos sociales, y es una imagen que se está popularizando con la importación de los festejos de Halloween. Tal vez un día, Victoria, dueña de una docena de tatuajes, se tatúe una Catrina, una manera de llevar a México impreso sobre la piel.
Por ahora, se confiesa enamorada del paisaje, que ofrece suficientes estímulos como para no saber hacia dónde mirar.
"Las calles de Bucerías tienen ese 'que se yo' que me hacen sentir en casa. En especial cuando camino por las noches después de la 'chamba' (trabajo). Se asemeja a las noches cafayateñas con las calles desoladas y la luna de compañera", dice, romántica. Lejos del pago, admite que extraña a sus amigos, familiares y mascotas, también los sabores y aromas de Salta. "Quiero empanadas, tamales, las sagradas humitas de mi abuela, carne, los mates en el monumento y el locro de mi tía Ñata", suspira.

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