La salud es un derecho de todos

Cristina Garros Martínez

La salud es un derecho de todos

El acceso a la salud forma parte del derecho a la vida.
Nuestra Constitución nacional, en el artículo 4, señala que "todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras".
Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquellas alteren las jurisdicciones locales; se prohibe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, especialmente, los radiactivos.
Se ha comenzado a legislar sobre el ambiente, pensando en la salud, como partes necesariamente vinculadas tanto a la salud individual como a la salud colectiva.
Este texto constitucional, al señalar que el ambiente debe ser sano y "apto para el desarrollo humano", claramente hace una referencia directa a la salud humana.
Con anterioridad a esta reforma constitucional, si bien no se hacía referencia al ambiente, las normas sanitaristas, hablaban de la salud pública.
En el orden de los delitos también hubo tratamiento legislativo al considerar el envenenamiento de las aguas o alimentos, la propagación de enfermedades peligrosas o contagiosas, y más recientemente en la ley 24.051 de residuos peligrosos.
La salud pública y el ambiente son los bienes jurídicos tutelados por el derecho ambiental. Lo que comenzó siendo un derecho individual, derecho personal a la salud, como derecho de primera generación se convirtió en un derecho humano de segunda generación.
Y a partir de la última década del siglo XX adquiere su actual impronta de derecho humano de tercera generación, fundado en la paz, la cooperación y la solidaridad.
Con la incorporación de los tratados internacionales en el texto constitucional como normas directamente operativas, sobre todo los referidos a los derechos humanos, se incluye toda la temática de la salud que ya venía siendo definida en aquellos acuerdos, que incluyen en forma expresa el derecho a la salud.
Es muy importante destacar el "Atlas del riesgo ambiental de la niñez en la Argentina", que ha sido realizado por la Defensoría del Pueblo de la Nación en el cual se señala que de los 531 departamentos del país, 270 presentan una alta vulnerabilidad social, viviendo allí el 53% de la población infantil de la Argentina. La peor situación se presenta en el norte del país, especialmente en las provincias de Chaco y Formosa.
Este trabajo del año 2005, a diez años de producido, no ha presentado modificaciones en sentido positivo, pues el saneamiento básico sigue siendo insuficiente. La contaminación la degradación del ambiente afecta a los más débiles del planeta. Los niños, los pobres, las comunidades originarias, las mujeres.
El llamado del papa Francisco nos tiene que hacer reflexionar sobre qué estamos haciendo con la "casa común", la tierra que está cada vez contaminando más en esta carrera del hombre en persecución de bienes personales o enriquecimiento para unos pocos en perjuicio de muchos. Esta degradación ambiental afecta gravemente a la salud y puede terminar con la vida de los seres humanos.
El arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, el 15 de setiembre de este año, en su mensaje en la procesión del Milagro, patronos de Salta, dijo: "El Papa denuncia la contaminación, la acumulación de la basura, el consumismo desenfrenado, el abuso del agua, la falta de agua potable para muchos lugares pobres y la destrucción de especies afectando la biodiversidad, entre otros factores que están deteriorando la calidad de la vida humana y la sociedad toda. ¿Afecta esto a nuestra Salta, a nuestras provincias? Sí, sin lugar a dudas. Es preocupante ver la basura en nuestras calles, el descuido de los espacios públicos, el deterioro de la calidad del agua de nuestros ríos, la falta de agua potable en algunas poblaciones. Es triste recorrer barrios sin árboles, jóvenes buscando comida en basurales, espacios que contaminan. ¿Podemos negar la insuficiencia de nuestro apoyo para vencer enfermedades como el dengue u otras que dependen del cuidado de nuestros espacios familiares, de cerrar canillas, de no dejar acumular agua estancada? Cada uno de nosotros es testigo y algunos quizás seamos cómplices del descuido de nuestro hábitat. El cuidado estrictísimo de la contaminación del ambiente a la hora de extraer riquezas de la tierra no puede ser negociado".
Y agregó: "Debemos ser honestos a la hora de mirar el problema y responsables cuando se trata de asumir el compromiso de cuidar la creación. Cada criatura tiene su valor y su significado en el proyecto del amor de Dios. El mundo es frágil y Dios lo ha confiado a nuestro cuidado. No podemos destruir impunemente la obra de Dios sin afectar la vida de los hermanos. Siendo el hombre señor de la creación no es su dueño arbitrario.
El mundo nos ha sido confiado para que lo administremos como casa para todos, para los que hoy vivimos y para los que lo habitarán mañana."

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