Pretendía escapar de la cotidianidad política y refugiarme en una edición del maravilloso y exquisito clásico de la cultura universal "Las mil y una noches".
Pero he aquí que, con su carta de presentación, una síntesis de esta joya de la creación humana, en su primer página leí: "­Y después!... Que las leyendas de los antiguos sean una lección para los modernos, a fin de que el hombre aprenda de los sucesos que ocurren a otros que no son él. Entonces respetará y comparará con atención las palabras de los pueblos pasados y lo que a él le ocurra y se reprimirá".
Quedé paralizado por un instante, y comprendí que no podía continuar manteniéndome en silencio frente a lo que estamos viviendo y, por lo tanto, debía expresarme ante quien quiera oírme. Y decidí hacerlo porque ese sabio concepto que transcribí no nos permite seguir guardando silencio desde que, como ciudadanos que somos, debemos bregar por defender y sostener la dignidad de todos y cada uno, esto es de la república, sustento de nuestra democracia.

Humillación

Es así que con estupor y hasta con terror veo que nos cuesta mucho aprender de nuestra historia. Para comenzar en algún punto, parto de un periodo de cien años atrás, cuando finalizada la Primera Guerra Mundial (donde, a quienes la sufrieron, no se les reconoció ni reconoce derecho humano alguno), la soberbia de los entonces "vencedores" aplastó y humilló, en Versalles, a los pueblos derrotados de Alemania e Italia.
De esta humillación nacieron el fascismo, el nazismo y la Segunda Guerra Mundial.
Esa soberbia intolerancia que regó de sangre el mundo, en Argentina se puso de manifiesto con las llamadas revoluciones del 30, 43, 55, 56; con los azules y colorados; con la revolución argentina en 1966, coyunturas estas en que la soberbia unida a los intereses mezquinos y mesianismos imberbes llevaron a dejar de lado la Constitución, reemplazándola por el imperio de "el Estado soy yo".
De la intolerancia somos todos responsables, por acción u omisión. Los "amigos del poder", diariamente, hacían publicar ediciones especiales para que "don Hipólito" no supiese lo que sucedía; Perón en su libro titulado "Las Revoluciones de 1930, 1943 y 1955" justifica el derrocamiento de los presidentes Yrigoyen y Castillo, mientras que condena la del 55, oportunidad en la que él fue derrocado. El Gral. Valle, fusilado en 1956, los presidentes Frondizi e Illia no pudieron terminar sus mandatos porque fueron elegidos encontrándose proscripto el peronismo. El peronismo adquirió en la proscripción un consenso popular que fue creciendo a medida que el exilio se prolongaba.
Los años 70 pueden ser llamados "la década de la explosión de la intolerancia, de la prepotencia y de la muerte". La guerrilla urbana y rural se consolidó con el aval de Perón, quien hizo pública la emblemática frase: "Si yo tuviese 20 años sería guerrillero". Fue un reguero de sangre donde murieron políticos, sindicalistas, militares, religiosos, civiles, niños, empresarios, diplomáticos, policías, estudiantes, intelectuales, músicos, poetas, etc.

Noche de la lesa humanidad

Aquí en Salta, el 11 de marzo de 1976 sufrimos el cobarde secuestro y crimen del Dr. Miguel Ragone, hombre de una cabal conducta solidaria, cívica, republicana y democrática.
El 24 de marzo de 1976 amanecieron la ciudad y el país ocupados por fuerzas militares.
Fue un estado de zozobra, de angustia, de miedo y al mismo tiempo de confusa tranquilidad. Flotaba una extraña sensación de que vendría el orden para reorganizar el país, atento a que la dirigencia política había bajado los brazos, no encontrando el rumbo por el caos existente. Se profundizó el conflicto. En Salta se produjo la cobarde masacre de Palomitas.
En enero de 1979, la diplomática Elena Holemberg es secuestrada y asesinada en Buenos Aires. Nunca se esclareció el hecho. ¿No fue delito de lesa humanidad?
Ya en plena vigencia del orden constitucional, bajo la presidencia de Menem, se produjeron los atentados a la embajada de Israel, a la AMIA y a Carlos Menem (h), como el asesinato del periodista Cabezas. ¿No fueron delitos de lesa humanidad?
En la retirada de De La Rua, la muerte de los dueños de los supermercados chinos, como su asalto y saqueo, al igual que a distintas casas de comercio, y la muerte de manifestantes. ¿No fueron delitos de lesa humanidad?
Con Duhalde, el asesinato de dos manifestantes en la estación de ferrocarril en Avellaneda, ¿no fueron delitos de lesa humanidad?
Bajo la presidencia de Kirchner, el testigo Julio López , que había acusado al comisario Etchecolatz en una causa por violación a los DDHH, desapareció y "nunca más" se supo de su paradero. Como la muerte de Mariano Ferreyra. En fin, en este punto cabria mencionar cientos de víctimas en protestas sociales, saqueos, ocupación de tierras, la tragedia del Once, conflictos con los qom y tantos otros, entre diciembre de 2010 y diciembre de 2015. ¿No habrán sido delitos de lesa humanidad?
La muerte y la violencia siguen sobrevolando. En octubre de 2010 nos sorprendimos con la muerte del expresidente Kirchner, cuyo cuerpo nunca se pudo ver y, este año, el expresidente Menem manifestó que fue asesinado; en enero de 2015, también, bajo la presidencia de Cristina Fernández, un día antes de asistir al Congreso para sostener su denuncia contra el gobierno, por encubrimiento a iraníes acusados del atentado a la AMIA, el fiscal Alberto Nisman apareció muerto en su departamento de Puerto Madero; muerte que hasta la fecha no pudo esclarecerse judicialmente, aunque sea un secreto a voces su asesinato. ¿No serán estos, también, crímenes de lesa humanidad?

Universalidad de la ley

Pero hoy solo se encuentran presos o con pedido de captura militares y personal de seguridad. Durante el gobierno del presidente Raúl Alfonsín, primer gobierno democrático luego de retirados los militares, muchos de los actuales reos fueron denunciados, procesados y condenados, al igual que militantes guerrilleros que participaron de este conflicto de intolerancia y muerte de la década de los años 70; todos ellos indultados bajo la presidencia de Menem, en cuyo mandato se sancionó, también la ley de amnistía para todos los que les tocó participar de este delirio armado de intolerancia, terror y muerte, con el fin de lograr el reencuentro de los argentinos y con ello la pacificación nacional.
Esta reconciliación nacional buscada durante los primeros veinte años de gobiernos democráticos cayó en aguas de borrajas con el golpe de Estado que llevó a renunciar al presidente De La Rúa y luego a Rodríguez Saá, designándose en su reemplazo a Duhalde, bajo cuya presidencia, el Congreso de la Nación, ejerciendo atribuciones que no le competen, ya que son propias del Poder Judicial, declaró nulas las leyes de obediencia debida y de punto final que habían sido sancionadas por ese mismo Congreso de la Nación.
A ver si me explico: la facultad del Congreso es la de sancionar una ley y la del Presidente la de promulgarla. Una ley tiene vigencia hasta que es derogada por otra ley del Congreso o cuando es declarada inaplicable a un caso concreto por el Poder Judicial, por violar la Constitución Nacional; esto significa que solo en un proceso judicial una ley puede ser declarada nula respecto a la cuestión debatida en ese juicio.
Cuando asumió la Presidencia, Kirchner arremetió desembozadamente contra la Corte Suprema, presionando al Congreso para su destitución. Logrado ello, los nuevos integrantes declararon la inconstitucionalidad de las leyes declaradas nulas por el Congreso, reiniciándose los procesos contra los militares y fuerzas de seguridad por delitos de lesa humanidad causados por el terrorismo de Estado.
Contra el terrorismo causado por la guerrilla urbana y rural no se inició ninguna causa penal, por encontrarse amparada, "ella sola", por la ley de amnistía.
Y, paradójicamente, a los imputados por delitos de lesa humanidad, se les viola el derecho humano que tiene todo reo para no estar detenido preventivamente más de dos años, encontrándonos con casos que llevan ya quince años en esa situación; o para que se les suspenda el proceso en caso no poder defenderse por su estado de salud, como consta en casos que fueron llevados degradante e indignamente en camillas, moribundos, con tubo de oxígeno, según mostraron los medios de prensa, para que se defiendan, ¿en audiencias públicas o en el circo romano?, ¿y el derecho a ser asistidos debidamente cuando les aquejan enfermedades, muchas de ellas terminales? Todo lo contrario; se dejó morir a centenares de ellos, abandonados a su propia suerte, sin asistencia alguna, encerrados en miserables celdas; o el derecho que tiene todo reo a cumplir la condena en su domicilio cuando tiene más de setenta años, es decir cuando pasa a ser anciano.
Este pantallazo a vuelo de pájaro muestra la intolerancia mutua, plasmadas en las muletillas de "oligarcas", "populistas", "gorilas", "peronistas", "comunistas", "liberales", fachos", "zurdos", "marxistas", "cabecitas negras", "judíos"; "turcos", "bolivianos", "milicos", "civiles", etc., todas ellas descalificaciones peyorativas que no muestran otra cosa que la incapacidad de escuchar y ver al otro con los mismos derechos por el solo hecho de ser.

Hora del coraje

Macri fue elegido presidente por haberse comprometido, entre otras cosas, a lograr la unión de los argentinos, pero ello solo será posible con coraje, bregando por el pleno respeto, aquí y ahora, de los derechos humanos, claramente contenidos en la Constitución Nacional, en beneficio de todos los argentinos que fuimos y somos responsables, por acción u omisión, de lo sucedido y de lo que sucede.
Los principios constitucionales de igualdad ante la ley y de no discriminación son pilares fundamentales para la convivencia social.
Toca al Congreso encontrar la solución para superar la intolerancia que todavía nos agobia y que afecta nuestra dignidad, a la que debemos proteger, ya que es el principal sostén del estado de derecho.
Con un arma en la mano, todos somos criminales natos.

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Sección Editorial

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