El 15 de noviembre por la mañana, algunos soldados salieron de Yavi a recoger leña. En eso estaban cuando fueron sorprendidos por los españoles que lograron tomar prisioneros a seis patriotas, aunque uno, logró huir y dar la alarma en el pueblo. Lo hizo justo cuando el marqués estaba en misa. A partir de entonces Yavi fue un caos pues a poco los invasores entraron al pueblo a los tiros. Una parte de los patriotas que estaban en las afuera del pueblo intentó resistir en lo alto de una lomada. Desde allí, causaron varias bajas al enemigo, pero cuando fueron atacados vigorosamente por los realistas, todos fueron pasados a cuchillo.
Otro grupo de patriotas intentaron organizar la defensa en la plaza de Yavi, pero nada pudieron hacer pese a encontrarse allí el comandante Quesada.
El marqués, al escuchar el tumulto, salió corriendo de la iglesia justo cuando por allí pasaba el comandante de las avanzadas de Gemes, Bonifacio Ruiz de los Llanos. Iba montando en pelo un matungo flaco y enfrenado. Al verlo el marqués -según Mitre- gritó: "Ruiz, ¿qué haré? ­favorecedme!" Ante semejante pedido, don Bonifacio sofrenó su viejo equino y se lo ofreció al marqués, costándole mucho trabajo hacerle cabalgar debido a su mucha corpulencia.
Una vez que Ruiz logró hacerlo montar al marques, se despidió recomendándole que tratase de reunir a su gente. Pero a poco alguien gritó: ­nos cortan por la zanja! Ante semejante alarma, todos huyeron, en tanto Ruiz, que estaba a pie, de un pique logró alcanzar al caballo del marqués, logrando montarlo por las ancas de un solo brinco. Hicieron un buen trecho los tres juntos -caballo, marqués y Ruiz- hasta que el último, al ver la inestabilidad de la marcha, se apeó del animal para montar una mula ensillada que pastaba por allí.
Por Seguridad
Ya con cabalgadura, Ruiz alcanzó al marqués que iba acompañado por cuatro jinetes más. Le ofreció el mular para mayor seguridad, pues en pelo ya había caído cuatro veces. Luego de intercambiar monta, los seis patriotas reiniciaron la huida seguidos por siete realistas. Al llegar a una zanja, todos pudieron salvarla, menos el marqués, quien allí cayó de espalda. De inmediato los realistas le intiman rendición, y él, poniéndose de pie, se rindió.
Salvo los muertos en pelea, los realistas no abusaron de la victoria y de los más de 300 prisioneros que tomaron aquella mañana, solo uno ejecutan: el líder indio Diego Cala.
Güemes se enteró de esto en Jujuy, gracias a un parte de don Bonifacio Ruiz de los Llanos, novedad que de inmediato fue comunicada al general Belgrano, el 22 de noviembre de 1816.

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