¿Por qué es obligatorio el uso de las luces bajas del auto durante el día aún cuando el sol encandila?
En Argentina, la Ley Nacional Nº 25456, modificatoria del artículo 47 de la Ley Nacional de Tránsito, establece que "mientras el vehículo transite por rutas nacionales, las luces bajas permanecerán encendidas, tanto de día como de noche, independientemente del grado de luz natural, o de las condiciones de visibilidad que se registren, excepto cuando corresponda la alta y en cruces ferroviales".
El fundamento de la norma -del año 2001-, ha sido bajar el índice de accidentes viales porque los coches son más visibles con las luces encendidas, según "expertos en accidentología de Canadá, Europa, Estados Unidos y Japón", tal cual se expresó en la exposición de motivos de dicha ley.
Hasta allí, pareciera ser que se trata de una norma razonable, más allá que pueda debatirse técnicamente si los estudios realizados en dichos países son transpolables a la Argentina y a Salta particularmente, pues la cantidad de luz de día, sea en tiempo o en intensidad, no es la misma por ejemplo en Cafayate que en Alberta, Canadá.
Cabe aclarar asimismo que el alcance de la obligación legal se extiende solamente a las rutas nacionales, que es donde los autos circulan a gran velocidad, y donde las consideraciones respecto de la necesidad de mayores distancias para frenar un automóvil y del requerimiento de mayor visibilidad para una mejor reacción del conductor son plenamente aplicables.

Ley provincial y municipal

Es cierto que la razonabilidad nos lleva a pensar que las provincias debieran adherir a esta ley y extenderlo a rutas provinciales, como de hecho se hizo en Salta a través de la Ley Provincial Nº 7195. Ahora bien, dado el menjunje de competencias en materia de regulación de tránsito en nuestro país -el cual lo observábamos hasta hace poco con licencias de conducir emitidas por jurisdicciones cercanas a la ciudad de Salta cuyo número de conductores decuplicaba su cantidad de habitantes por su relativa facilidad para obtenerla-, los municipios también forman parte de la discusión regulatoria del tránsito.
Es así que en el ámbito de la Municipalidad de Salta, por disposición del Código de Tránsito (Ordenanza Nº 14395), también es obligatorio el uso de las luces bajas, aunque la ordenanza reproduce literalmente el art. 47 de la ley nacional, estableciendo que tal obligación se aplica solamente a "rutas nacionales", y no que se hace también extensible a todo el ámbito de jurisdicción del municipio.
Por tal olvido del legislador, surgen dudas respecto de si es obligatorio el uso de las luces bajas también en cualquier calle de la ciudad que no sea una "ruta nacional" que pasa por el municipio.
Suponiendo que lo fuera, entendemos que los fundamentos de tal obligación no tendrían asidero en las calles de una ciudad, donde se circula a menor velocidad, y, en el caso de Salta, con una luz de día que encandila. En otras palabras, el fin de la norma deviene carente de sentido con respecto al ámbito de aplicación territorial, pero no su fuerza vinculante.

La tecnología, al rescate

Ante este panorama, dejamos abiertos algunos interrogantes de filosofía jurídica que debe hacerse el ciudadano que debe cumplir una ley: ¿Qué hacer frente a una norma que carece de motivos o fundamentos en el ámbito territorial donde debe aplicarse? ¿Debemos respetarla por ser obligatoria o desobedecerla por carecer de sentido? ¿Qué ocurre si además existen otros argumentos válidos para no cumplir con una ley absurda? En relación al último interrogante, existen razones de peso para considerar absurda la obligación de usar luces bajas durante el día en Salta.
Conforme al argumento "ecológico", se considera que al deber tener encendidas las luces bajas cuando no es necesario, el auto debe consumir mayor energía, siendo ello no sólo ineficiente sino también contaminante, pues la mayoría de los autos del mercado siguen funcionando a base de combustibles fósiles.
Asimismo, el argumento "económico" surge patente cuando observamos que el derroche de energía significa un costo adicional para quien utiliza un auto, al tener que consumir más nafta o gas.
Cabe destacar que estos argumentos fueron ya advertidos por los fabricantes de autos, quienes desarrollaron el sistema DRL (Daytime Running Lights), que consiste en faros de bajo consumo que se adaptan a la intensidad de la luz del sol, permitiendo un uso más eficiente de la energía y un notable ahorro de combustible.
No hay dudas de que la tecnología, en este caso, como en tantos otros, puede ser de gran ayuda como complemento para el cumplimiento de una norma. Lamentablemente, en nuestro país, esta solución tecnológica está al alcance de unos pocos que pueden acceder a un auto de alta gama -gama media en países que no cargan brutalmente de impuestos a la innovación-, siendo el cumplimiento de la ley armonizado con el medio ambiente sumamente oneroso o imposible para la mayoría. Quizás el caso en particular debiera servir de muestra para pensar que el acceso a la tecnología es un derecho y no un privilegio, como se nos hizo creer en el último tiempo, pues, al fin y al cabo, así como en una época la posesión de tierras permitía denotar la riqueza de las naciones, la posesión de tecnología, pero principalmente la capacidad para seguir produciéndola e innovar sobre la ya existente, marca el grado de riqueza de las sociedades actuales y futuras.

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