Las actividades de contrabando en la norteña ciudad de San Ramón de la Nueva Orán tomaron desde hace un tiempo atrás dimensiones terroríficas, al punto que los propios vecinos se escandalizan por la magnitud del fenómeno social.
La actividad al margen de la ley arrasó ya con todas las formas de trabajo informal en la zona y en poco menos de cinco años enriqueció de manera exponencial a un grupo de personas que en esos negocios mueven cifras siderales.
Lo llamativo de esta actividad supuestamente penada por la ley es que del lado argentino, los dos municipios de frontera, Aguas Blancas y Orán, se quedaron en el tiempo, mientras que el otrora pueblito boliviano de Bermejo hoy ya se convirtió en una bella ciudad, con calles asfaltadas y paseos públicos muy bien ornamentados.
Ningún funcionario aventura las cifras y la magnitud del comercio ilegal que maneja el departamento, pero fuentes de esa ciudad aseguraron ayer que solo con un mes de bagayeo, se habría podido pagar la autopista en toda la 50, es decir de Pichanal a Aguas Blancas.
Una fuente cercana a Gendarmería Nacional se sinceró y aseguró a nuestro medio: "No es posible en estos momentos detener una de las principales actividades económica del departamento. Si se hacen procedimientos en contra del comercio de mercancías de contrabando se realizan lejos del territorio de Orán", dijo, para explicar luego: "Aquí es imposible hacerlo sin provocar un estallido social".
Vecinos y automovilistas consultados ayer tuvieron diversas explicaciones para el fenómeno, pero a la hora de las críticas todos coinciden: "Todo está arreglado".
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"Para los ciudadanos comunes, esos que vamos a la frontera y compramos unas cuantas cosas, nos bajan del auto, nos exigen la documentación, nos piden el seguro, Revesa y hasta el matafuego, mientras que los autos que están en el contrabando o transportan mercaderías ilegales, ingresadas de la misma manera, pasan una, dos, tres y más veces por ese mismo puesto de control de Gendarmería", denunció un conmovido vecino del novel municipio de frontera.
El hombre fue más allá y afirmó que "millones pasan a diario por esta ruta sin dejarle un peso al municipio de Aguas Blancas, que tiene una sola calle asfaltada en buen estado. Un pueblo casi sin servicios, un caserío, cuyos funcionarios deben mendigar para poder pagar los sueldos de los obreros municipales, una verdadera vergüenza".
En tanto, un vecino de la ciudad de Orán aseguró que ómnibus, trafics, camiones grandes y pequeños también son parte de la flota de transportistas que se llevan la mercadería ingresada hacia distintos destinos del sur del país.
"Muchos son de Buenos Aires, pero la mayoría vienen de la zona de influencia de Tucumán", denunció.

Caminos alternativos

El testigo de la actividad dijo además que en poco tiempo, paralelo a la ruta 50, se hicieron sendas y caminos por donde circulan los bagayeros, que vienen con los autos cargados desde la frontera, descienden la carga un kilómetro antes del control, hacen circular los bagayos por esos caminos de fincas privadas y salen de nuevo casi un kilómetro después del control de Gendarmería, donde se concentran por día cientos de vehículos que cargan los bultos o "lonas" rumbo a los depósitos de la ciudad de Orán.
Es tan grande el movimiento de personas y bienes que en pocos meses ya se establecieron todo tipo de comerciantes que expenden comidas al paso, bebidas y otros servicios afines a la actividad del bagayeo.
Este movimiento produjo, además, el auge de motochorros, quienes cuando los vehículos "loneros" ingresan a Orán por caminos de tierra, les cortan las lonas y los roban al vuelo, sin contar las mejicaneadas que se producen en los caminos de finca.
De esto no hay denuncias, porque esta actividad al margen de la ley tiene un código inapelable.

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Sección Editorial

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