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La traición: ¿una tradición?
Se dice que cuando el barco se hunde, las ratas son las primeras en huir en atropellada carrera. En política no, la cuestión es más complicada: por un misterioso sortilegio los simpáticos roedores de presupuesto (los presupuestívoros) logran su versión de la milagrosa transubstanciación, trocados en nuevos conversos.
El político y periodista francés Georges Clemenceau sostenía que: "Un traidor es un hombre que dejó su partido para inscribirse en otro. Un nuevo convencido es un traidor que abandonó su partido para inscribirse en el nuestro".
Podría decirse que la traición es una infaltable compañera de ruta de la humanidad.
¿No fue acaso por falta de fidelidad a Dios que Adán y Eva fueron expulsados del paraíso?
¿Qué decir de Coriolano, Alcibíades, Marco Junio Brutus, Judas Iscariote, Macbeth y otros que también- abundan en la historia contemporánea? Dante Alighieri ubica a los traidores en el último círculo del infierno ya que considera a la traición como el peor pecado de todos. La razón es que, a diferencia de otro tipo de crímenes, para traicionar primero hay que ganarse la confianza y el afecto de la víctima.
Para Nicolás de Maquiavelo, sin embargo, la traición era una parte fundamental de la política y quien no estuviera dispuesto a asumirlo nada tenía que hacer en los lugares de poder ­por algo se llamaba Maquiavelo!
Los films de terror y de ciencia ficción nos muestran reiteradamente la imagen de un personaje (generalmente el malo de la película) que se va deshilachando, atomizando, fragmentando en pequeñas partículas hasta su total desaparición.
Seguramente Cristina Kirchner ve reflejada en carne propia imágenes semejantes, viendo cómo se desmorona el castillo laboriosamente construido a lo largo de doce años. El culto personal a Néstor súbitamente se pulveriza. Ningún clamor de indignación popular brotó cuando los gloriosos cuadros con el retrato de NK y el compañero Chávez fueron ignominiosamente descolgados ­no por un general! sino por un burdo ordenanza.
Es doloroso ver que su Máximo heredero; de la suma del poder, pasa a ser un okupa de despachos no asignados, ingresando clandestinamente por la puerta trasera. Todo mientras se le va diluyendo la imaginada y ansiada escena de un Mauri huyendo precipitadamente en helicóptero.
Todos somos Borocotó ¿o no?
El Partido Justicialista es el que ha convertido en dogma doctrinario a la "Lealtad" (así con mayúscula); en la divisa máxima que identifica a sus acólitos. Su principal celebración, precisamente, es el "Día de la lealtad".
Pero, irónicamente, es el partido en que la "traición", prácticamente, se ha convertido en "tradición". Si le pregunto al lector en qué partido estaba y a qué partido se pasó el diputado Borocotó probablemente no lo recuerde. Le refresco la memoria: abandonó a Macri para pasarse al Kirchnerismo. Pero como dice Dolina "la venganza será terrible" y los legisladores que hasta hace poco juraban amor y fidelidad eterna a Cristina, raudamente comenzaron a hacer rancho propio, o bien pasarse al "enemigo".
Pero no solo en el legislativo se produce el éxodo, también en el "Partido Judicial" y en los propios personajes que hasta ayer eran conspicuos integrantes del ejecutivo y hasta los que se consideraban "amigos". No dudo que cuando Oyarbide dispuso otro procesamiento de Boudou, Cristina habrá pensado como Julio Cesar- ¿tú también, hijo mío? El que hasta ayer fuera su círculo áulico hoy la niega: "Cristina nunca fue mi amiga" afirma Estela Carlotto luego de años de haber sido invitada de privilegio y primera fila a todo evento K. (Por suerte Hebe, Aníbal, Guillermo Moreno, Luis D''Elia, Amado Boudou, Milagro Sala y Julio de Vido; siguen firmes junto a ella). Diego Bossio, uno de los hijos predilectos, ya está en la vereda de enfrente.
Ni los mosquitos son leales: el Aedes aegypti, ayer era del dengue, luego pasó al chikunguña y hoy al zika. Y al final, piquetea con todos.
Es llamativo que el justicialismo nunca aprovechó el pegadizo ritmo de la canción "Siempre fuimos compañeros" (hasta que dejamos de serlo), popularizado en las década del 70 por el cantante argentino Donald. Un avispado periodista, (Iruya.com), descubrió que Donald, en esa letra tuvo una acertada premonición ya que entonaba el extraño estribillo: "chikun-dengue, chikun-dengue, chikun-dengue, siempre fuimos compañeros...".

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