Los tuits del Presidente electo de Estados Unidos son motivo de atención de gobiernos y empresas alrededor del mundo. Los mensajes no cesan al haberse convertido en su sala de prensa. Una encuesta indica que la mayoría de los norteamericanos quisiera que Donald Trump cerrara su hiperactiva cuenta de Twitter. La agencia de noticias estatal china Xinhua destacó: "Una obsesión con la política exterior tuitera sería indeseable y contraproducente para las relaciones bilaterales". Otro ejemplo de lo delicado que representa el tuit en la diplomacia es un mensaje similar del Gobierno chileno al presidente Evo Morales.
Sin embargo, las redes sociales se han transformado en caja de resonancia del escenario diplomático, incluso de acciones específicas. Existen numerosos ejemplos. El uso intensivo, en muchos casos propiciado por gobiernos, distinguió a la Primavera Árabe y motorizó la caída de gobiernos en Túnez, Libia y Egipto. Otro caso de hashtag para promover ciertos asuntos ha sido la cuenta del Departamento de Estado de Estados Unidos meses antes de que se restablecieran las relaciones diplomáticas con Cuba. También el método se usó en #Irantalks durante las negociaciones nucleares entre Irán y el G-6 (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania). En Nigeria, #BringBackOurGirls permitió recuperar niñas secuestradas por Boko Haram. En los últimos tiempos esta plataforma ha sido elegida por el 90% de los dignatarios del mundo. El papa Francisco es uno de los más influyentes en internet.
Es evidente que la tecnología digital está revolucionando una profesión marcada por cuidadosas prácticas y costumbres al multiplicar de manera inmediata y exponencial el número de actores a los cuales los diplomáticos pueden llegar. La mayoría de las cancillerías, las embajadas y los consulados del mundo ya disponen de cuentas oficiales de Twitter como instituciones. Varias han reglamentado su uso. Algunas las limitan a las autoridades de las cancillerías o a los jefes de misión, otras abarcan un abanico más amplio. En general, los diplomáticos no tuitean sobre su trabajo. La distinción es importante, ya que las opiniones o los comentarios de los diplomáticos no son de carácter personal, sino que representan la posición del Estado que representan.
Es de imaginar que la actividad diplomática se vaya adaptando a muchas otras novedades de la tecnología digital. También de la importancia del trabajo dedicado a las redes socia les.

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