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La unidad que auxilia en la búsqueda de personas con el perro como herramienta
Juan Abán (37) y Manuel Magno (38), junto con Oscar Gerban, Víctor Chocobar y Darío Guaimasi integran el grupo Búsqueda y Rescate Salta, delegación de la Asociación Civil Escuela Canina de Catástrofes (ACECC). Juan y Manuel visitaron El Tribuno, en compañía del ovejero alemán Moro. En el extenso parque del complejo editorial de este medio, dieron algunas muestras de las destrezas adquiridas por el animal. Manuel trabajó con Moro, dándole órdenes en inglés y premiándolo cada vez que obedecía, cediéndole un juguete. El can es brioso y de mirada inteligente y alerta. Ellos cuentan como anécdota que hace poco en Bolivia les ofrecieron 50 mil pesos por el perro, pero Moro no está en venta no solo por el lazo afectivo que sienten estrecharse cada día más en torno de él, sino porque lo consideran un camarada.
El grupo se formó en 2010 y sus integrantes pertenecen al Servicio Penitenciario de la Provincia, salvo Manuel que está retirado de esa fuerza. Entre las prácticas y ejercicios realizados en descansos y tiempos robados a las familias, surgió el propósito de que el trabajo con los canes resultara útil para la sociedad. "Juntando experiencias de vida, conocimiento y capacitaciones que traía cada uno, creamos Búsqueda Rescate Salta, con la que abarcamos tres áreas de trabajo: la búsqueda de personas perdidas en la superficie o zonas rurales, enterradas bajo alud o deslizamientos de tierra o debajo de escombros o estructuras colapsadas y la búsqueda de cadáveres a través de canes adiestrados. Además, las capacitaciones y demostraciones en escuelas y los cursos de formación", detalló Juan. Transcurridos unos años, solicitaron formación a la ACECC, con sede en Buenos Aires y reconocimiento internacional. El resultado fue que el grupo obtuvo la representación de la ACECC en el Norte. Los salteños no reciben ningún tipo de financiamiento económico, solo los mueve el amor por los perros, el interés por la cinefilia (el estudio de los canes y su comportamiento) y la posibilidad de brindar una ayuda social.
Llevan inscripto como lema no convertirse en una víctima más, de tal manera que deben estar en formación permanente. Según Juan uno de los requisitos indispensables es estar consciente de que un integrante debe aplicar para las tres áreas: altura, agua y tierra, y poner voluntad, compromiso y dedicación. Ambos son los adiestradores y formadores de los canes del grupo. Además, vuelcan su experiencia para capacitar al personal de diversas instituciones. Así logran mantenerse. Manuel explica que el ovejero alemán es un perro de línea de trabajo. De porte grande y ágil, resulta excelente al aplicarlo en terrenos extensos y probar sus reacciones ante diferentes obstáculos en una búsqueda. Añade que pasa por varias etapas de adiestramiento. En la primera busca su propio olor, que puede encontrarlo en un juguete que le pertenezca y esto resulta útil cuando busca un objeto. "En grandes áreas queremos que ladre para ver dónde se encuentra. Le enseñamos que ladre cuando encuentre su juguete, lo que es una forma de marcar", detalla Manuel. En un segundo estadio lo instruyen para hallar a su dueño y el tercer paso es que busque a una persona desconocida. "El perro busca por venteo. Si una persona está a cierta distancia, el viento trae ese olor. En un terreno el perro va haciendo zigzag y va adonde va la persona. Vamos poniéndole obstáculos y cuando encuentra a la persona empieza a ladrar y marca", comenta Manuel. Aclara que los canes no reciben ningún tipo de sustancia ni son maltratados para llegar a los objetivos. "Es un proceso bastante largo. Podemos tener una selección de cinco perros y puede llegar uno solo porque no todos tienen condiciones", sintetiza Manuel. Juan por su parte opina que el despeje de terreno que realiza un perro es de cabal importancia. "Sabemos que si el perro no encuentra nada esa cuadrícula está despejada. Hoy en día quizá las políticas públicas no le han dado la importancia que puede tener un perro. Yo para hacer un rastrillaje de cien metros por cien metros, una hectárea, necesito poner a 20 policías, uno cada cinco metros porque si no pueden pasar al lado de la víctima y no verla. A ese trabajo de 20 personas lo hago con un solo perro y es un trabajo del 99,99% de efectividad. El perro tiene más energías que una persona y solo demanda un gasto de $50 al día de comida", concluye.

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