A partir de 2015, el 28 de julio fue definido por la OMS como el Día Mundial de las Hepatitis Virales. Desde entonces todos los países adherentes, entre ellos la Argentina, deben realizar políticas de prevención, detección y tratamiento.
La hepatitis C es una enfermedad muy silenciosa. No produce síntomas hasta que está muy avanzada, como el cáncer de hígado o cirrosis con necesidad de trasplante hepático. Por eso hay que hacer una detección temprana con un análisis de sangre, antes de llegar a un estadio terminal, y aportar un tratamiento.
La hepatitis C es la principal causa de cirrosis, trasplante hepático y cáncer de hígado y la tercera causa de muerte en el mundo. La hepatitis C también es una de las responsables del linfoma, que es una especie de cáncer de la sangre, que tiene indicación absoluta de tratamiento por hepatitis.
La enfermedad hepática evoluciona en décadas desde el momento en que se contagia hasta que produce la cirrosis, que es el estadio terminal. Esto depende de la convivencia que tenga la persona con el virus y de si tiene solo una enfermedad hepática o tiene otras.

Tratamientos para su cura

Desde que se la descubrio en 1990, han pasado muchísimos tratamientos de investigación y hoy la Hepatitis C tiene una curación casi del 100% de los pacientes. Estas nuevas drogas, que son por vía oral, se aprobaron en la Argentina en octubre de 2015.
Es la primera enfermedad viral crónica que se logra curar. Antes los tratamientos eran muy tóxicos, con inyecciones, de uno a dos años de tratamiento y 5 o 6 pastillas por día. Hoy los tratamientos son de 2 pastillas por día y en 12 semanas se cura la gran mayoría. La medicación tiene muy pocos efectos colaterales.
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Lo importante es buscar la mejor combinación de drogas para el paciente y no pensar en el costo porque éste necesita curarse. Un trasplante hepático e inmunosupresión de por vida va a ser mucho más costoso para el sistema de salud y encima igual va a tener que tratar la hepatitis C.
Por ley es obligación cubrir el tratamiento tanto a pacientes que tengan obra social como a quienes no la tengan. Las guías de la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado recomiendan tratar los estadios a partir del 2, con no tanta prioridad, y 3 y 4. con indicación absoluta.

En estadios muy avanzados como la cirrosis, algunos pacientes, a pesar de curar la hepatitis C, necesitan el trasplante porque ya el daño hepático es irreversible. Otros que tienen una cirrosis muy compensada y curan la hepatitis C, quizá puedan evitarlo. Por eso es importante hacer un diagnóstico temprano.

Formas de contagio

La via de contagio principal de la hepatitis C es la transfusión de sangre, la drogadicción endovenosa e inhalatoria y el trasplante de órganos. El contagio sexual no es tan frecuente. Las personas no necesariamente tienen que tener un factor de riesgo para tener hepatitis virales. Hay hasta un 40% de pacientes que no sabemos cuál fue el origen del contagio.

El auge del material descartable comienza en la década del 80 con el VIH. Antes se usaban las mismas agujas y jeringas, que eran de vidrio, no de plástico descartable. Las agujas se las esterilizaba calentándolas en un mechero; las jeringas de vidrio se sumergían en agua con lavandina, o las hacían hervir y las volvían a usar.

Antes se transfundía sangre sin ningún parámetro de seguridad. Hoy son mucho más seguras. No eran tan importantes las medidas de seguridad en quirófano ni en odontología. Todo eso cambió con el VIH. A partir de entonces se empezó a tomar medidas de bioseguridad.

Detección a tiempo

La hepatitis C no se puede prevenir en forma activa, con vacunas, porque es un virus que muta continuamente. La prevención solo es con el cuidado de drogadicción endovenosa y contactos sexuales. Los bancos de sangre y los centros de trasplante de órganos hacen su investigación de los pacientes que van a donar.

Se sugiere a todas las personas que hayan nacido entre los 60 y los 80, quienes hayan sido transfundidos de sangre en la infancia, el persona de salud, sobre todo si tuvo accidentes punzocortantes, o quienes han tenido parejas con antecedentes de enfermedades hepáticas (B o C), que se hagan el examen de hepatitis virales. Es la única forma de hacer el diagnóstico y el tratamiento en forma temprana.

Hay que evitar el trasplante con un diagnóstico precoz. Si bien el trasplante hepático tiene excelentes resultados y en la Argentina hay muy buenos centros de trasplante, es un acto médico con mucha morbimortalidad.

Sería bueno que toda persona se acerque a algún centro de salud u hospital a vacunarse por hepatitis B y a chequearse sangre para ver la hepatitis C.

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Sección Editorial

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