La verdad sobre los despidos

Miguel Ángel Boggiano

La verdad sobre los despidos

En los últimos 12 años, el empleo público pasó de 2 millones de personas a 3,5 millones. Pero más allá de este impresionante crecimiento del 75%, hay algunos datos que sobresalen porque no resisten el análisis más básico de razonabilidad.
En 2012, lo que entonces era la Secretaría de Cultura contaba con 2.500 empleados. No hay información de la cantidad de empleados en 2013 (no es que yo no la tenga, simplemente ni siquiera el Gobierno tiene la información). En el año 2014, cuando se transformó en ministerio, los empleados llegaron a 3.100 y para finales de 2015 ya eran 4.064 personas.
De estas 4.064 personas, solamente 500 están en planta permanente y en blanco. De este ministerio se echaron a 494 personas, de las cuales 400 habían sido nombradas en 2015. A su vez 40 de estas 400 habían sido nombradas una vez que Mauricio Macri ya había ganado las elecciones. Esto que se vive en el Ministerio de Cultura se refleja en un sinfín de lugares de la administración pública. ¿Por qué es esto relevante?
Por lo pronto acá hay con claridad múltiples casos de defraudación al estado, en donde los responsables son tanto quienes contrataban como los contratados. Así mismo, sería muy ingenuo pensar que el total de gasto destinado a los contratados les llegaba efectivamente a ellos. Esto termina siendo funcional para maquillar el desempleo con tareas no genuinas y para desviar fondos estatales.
No hay una cifra oficial que indique la cantidad de empleados que tiene el Congreso. Sin embargo, reconstruyendo el rompecabezas de diferentes notas periodísticas, la estimación es que hay aproximadamente 15.000 empleados.
En la Cámara de Senadores hay 6000 empleados. Dado que hay 72 senadores, esto equivale a decir que hay 82 personas que asisten a cada senador nacional. Bajo cualquier punto de vista, esto es una estafa. El ideólogo detrás de este crecimiento desfachatado de los empleados del Senado ha sido el célebre exvicepresidente, Amado Boudou.
En el Indec se detectaron 60 contratados con menos de 2 horas de trabajo promedio por día. En Justicia, 50 contratados vivían en el interior y no iban al ministerio, y encontraron 500 contratados sin funciones asignadas. En el Senado había 2.000 contratados en 2015, y no tienen espacio físico ni para 1.000. En la Secretaría de Comercio, 130 contratados no tienen tareas específicas.
En el Instituto Malbrán ingresaron 200 militantes de movimientos sociales sin ir al trabajo, y en Fabricaciones Militares algo así como 190. En el Centro Cultural Kirchner hay 600 militantes sin roles asignados. En la Secretaría de Medios, 500 contratados convivían en tres oficinas.
En la Biblioteca Nacional había 1.000 personas con tareas superpuestas. En lo que era Planificación, había un teléfono por diez telefonistas.
En el BCRA echaron a 47 empleados que habían sido puestos como efectivos sin concurso, entre quienes estaban la mujer y el hijo del expresidente del Banco.
¿Por qué es importante todo esto? Porque le pega directamente a todos los contribuyentes. Porque los recursos son limitados, y lo que se malgasta en tareas innecesarias es lo que se podría asignar a algo más útil como más sueldos para maestros o más medicamentos. En cualquier caso, en última instancia, podría significar una reducción mínima en el déficit fiscal, que está en la génesis de la inflación de la Argentina.
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