La actual situación política y económica nos obliga a pensar que entre otras cosas la situación laboral en los próximos meses entrará en estado crítico.
Luego de tres décadas de sucesivos gobiernos justicialistas, desde la hiperinflación a la fecha, pasando por la hiperrecesión entre 1998 y 2002, es evidente que, en materia laboral, todos los experimentos han fallado. Ni el empleo público ni los subsidios garantizan competitividad. El "dios mercado", tampoco.
La aventura populista, además, nos aportó el agravante de que tampoco por el momento tenemos cifras reales que describan la verdadera situación de desempleo, trabajo informal, y si queremos conocer la cantidad de pobres e indigentes tampoco será posible mientras no se regularice la actividad del Indec que provea cifras creíbles oficiales.
Existen algunas aproximaciones. El censo 2010 consignó que de 1.214.441 salteños, trabajaban en cifras redondeadas- 463 mil; de ellos, 103 mil eran empleados públicos, 211 mil, empleados del sector privado; 18 mil eran patrones; 111 mil, cuentapropistas, y algo más de 20 mil, trabajadores familiares. Del total de la población, solo 60 mil personas tenían estudios terciarios o universitarios completos. De los salteños ocupados, trabajaban en el campo y en la construcción unos cien mil y apenas 30 mil en la industria.
En cinco años muchas cosas han cambiado, probablemente se hayan agravado, pero si no conocemos la realidad a ciencia cierta, con datos no adulterados, no habrá despegue.
Es importante conocer la verdadera situación socio económica que atraviesa nuestra sociedad para que la gestión del gobierno sea bien direccionada.
Son necesarias decisiones de fondo, tanto en el sector público como en el privado.
El gobierno y los objetivos
El gobierno nacional está buscando modernizar la economía, entre otras medidas, reactivando el Mercosur, integrarnos a la Alianza al Pacifico y lograr ingresar a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), cumpliendo esos objetivos nos permitirá integrarnos a las naciones más avanzadas del planeta.
Para lograr la apertura económica primero se debe terminar con la pobreza estructural, que tampoco se resuelve solo creando trabajo sino que además se debe eficientizar la educación, eliminar la marginalidad laboral y los altos impuestos al empleo formal.
En nuestra sociedad el empleo está dividido entre la modernidad y el atraso; significa que cerca de la mitad de nuestros trabajadores son informales, agudizándose en los deciles más pobres donde el 75% de los trabajadores no son registrados y solo el 10% tienen esa característica en los dos deciles más ricos.
Los altos impuestos que tiene el empleo registrado en Argentina destruyen el empleo formal especialmente en actividades donde se necesita mano de obra intensiva y poco calificada; estos trabajos también son muy fáciles de sustituir especialmente en la economía informal, pudiendo entender la cantidad en aumento de trabajadores supervivientes como los manteros, o los desempleados que mendigan como trapitos o limpiavidrios- o las legiones de minidealers y minicontrabandistas que pululan en nuestro territorio. Todos ellos han sido expulsados de la economía formal moderna. La "inclusión", que es la gran banderola populista, ha fracasado.
La carga impositiva
En la OCDE las cargas impositivas al trabajo tienen un promedio del 35% del monto de las remuneraciones; en nuestro país estos porcentajes están entre un 40 y 45% según sea la actividad. Un análisis un poco más general respecto a los trabajadores registrados indica que con la incidencia del Impuesto al Valor Agregado (IVA) aumenta en promedio del 70 al 74% la carga impositiva sobre los salarios. Si aumentamos los impuestos provinciales en cascada, como las actividades económicas o lucrativas y en caso de corresponder el Impuesto a las Ganancias, estos porcentajes siguen aumentando.
Este gobierno debe bajar las cargas impositivas al trabajo y un ejemplo que sería interesante aplicar para reducir la informalidad y los costos del trabajo formal es el Régimen del Personal de Casas Particulares cuyos costos por aportes y contribuciones al trabajo no superan el 10% de la remuneración, un tema para implementar y terminar con esta división que obliga a gran parte de la sociedad a tener trabajos malos y mal remunerados en empresas con escasa o nula tecnología.
Es claro que hay que bajar el gasto público y la presión tributaria al trabajo en relación de dependencia; que el aumento del gasto en el país donde no crece la economía genera inflación y que los altos impuestos al trabajo ha fracturado a los trabajadores. El desafío será lograr un país estable, predecible, igualitario y con la economía en crecimiento.
La economía y los subsidios
El hecho de que el anterior gobierno haya otorgado tal cantidad de subsidios -a más de 18 millones de beneficiarios sobre 42 millones de habitantes- habla por sí solo: ha fracasado su política económica ya que no pudo crear puestos de trabajo remunerados y acorde a la formación de cada trabajador. Si de alguna manera mejoró el ingreso de los trabajadores fue porque hubo una política redistributiva y no como consecuencia del crecimiento de la encomia.
Es absolutamente razonable la necesidad de un plan social como la Asignación Universal por Hijo; lo que no se puede entender es que una persona viva de subsidios, ya que el mismo debe servir para una función específica y por un tiempo también establecido, revertir esta situación en el corto plazo traerá altos costos políticos y sociales.
Si el subsidio no es entendido como una solución de emergencia, el sistema está condenando al subsidiado a la exclusión.
Desigualdad o pobreza cero
El presidente Mauricio Macri se comprometió a erradicar la pobreza con el objetivo de "pobreza 0". No será una tarea fácil, ya que el deterioro social a que han sido arrastradas las personas es un pantano del que resulta complicado salir.
El Gobierno, a la hora de diseñar políticas públicas para el crecimiento de la economía, tendrá que evaluar las consecuencias del desempleo, las fluctuaciones de los ingresos y el avance de la pobreza.
El debate sobre la desigualdad no es privativo de nuestro país sino que está generalizado en el mundo. Es grave la inequidad en la distribución de la riqueza y de los ingresos, a pesar que la pobreza global está disminuyendo. La diferencia entre lo que se llevan los sectores de mayores ingresos con respecto a los otros es en muchos casos hasta moralmente inaceptable
Recientemente la ONG OXFAM en un informe afirmó que el 1% de la población posee tanta riqueza como el 99% restante. Este dato revela una situación injusta, que afecta al desarrollo y al crecimiento de la economía en su conjunto por la mala distribución de los ingresos y la riqueza.
En nuestro país los problemas de la desigualdad empezaron a notarse en la segunda mitad de los años 70. Los vaivenes en el crecimiento de la economía y los experimentos de implementación de una gran cantidad de medidas sociales no lograron recuperar la razonable equidad de los años 70.
El desafío de Argentina, que se caracteriza por las graves crisis periódicas que producen el permanente aumento de la pobreza, será generar normas encaminadas hacia el crecimiento de la economía con políticas de Estado que respeten este presidente y sus sucesores.

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Sección Editorial

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