Gabriela Arias Uriburu es una mujer símbolo. En 1997, mientras vivían en Guatemala, Imad Shaban, su exmarido jordano, le arrebató a tres hijos y se los llevó a su país.
En estos días, tras la denuncia de Carolina Pavón, la joven misionera que no puede salir de Egipto tras la separación de su esposo y padre de 2 niñas, la historia de su nombre vuelve a tener actualidad. Solo la fortaleza, determinación y convicciones maternas de Gabriela hicieron posible que 17 años después de aquellos dolorosos episodios los cinco estuvieran en la misma foto. Fue en la graduación de su hijo mayor, Karim (24), en Suiza. Allí se encontró también con Zahira (22) y Sharif (19) y con Imad Shaban, su ex. Gabriela es presidenta de la fundación Niños Unidos para el Mundo y embajadora de la Paz. En una extensa charla telefónica con El Tribuno, aseguró que no va a parar "hasta que Carolina esté a salvo".

¿Cómo recibiste la noticia del grave problema que afecta a Carolina Pavón que sigue aislada en Egipto?

Enterarme fue un momento muy difícil. Hablé con Carolina y está muy mal anímicamente.
Esto necesita una gestión de Estado fuerte. Lo digo a partir de la experiencia que tengo con lo que me pasó a mí, con mis hijos. Son trámites que llevan su tiempo pero, mientras tanto, hay muchas cosas que puede hacer el Gobierno argentino para devolverle a Carolina seguridad y todo lo que está necesitando. Ella, en estos momentos, está atravesando una situación... hasta diría de lesa humanidad... Realmente es muy complejo lo de Carolina.

Esta en riesgo su vida?

Está en riesgo su vida, está muy sola, sin poder vincularse con sus hijas y con las dificultades que se supone al no estar en su tierra, sin poder defenderse.

¿Qué cosas te remueve a vos, qué imágenes te vuelven?

Gracias a Dios, como estoy tan "curada, sanada" no me remueve nada de mi historia. La primera imagen que tuve es: "ella está viviendo lo que yo evité". Cuando desaparecieron mis hijos y empiezo a sentir, a intuir, que estaban en Jordania, lo primero que me advirtieron Niños Unidos para el Mundo es que no viajara, que no pusiera en riesgo mi vida entrando a territorio musulmán sin tener una inmunidad diplomática. Ahí me di cuenta de la gravedad de la situación. En realidad, lo de Carolina solo me recordó ese instante. Alertada y alentada por mi abogado guatemalteco me enseñó a prepararme, la seriedad de la historia y de poder mantenerme yo en vida. Él me decía: "Si no tenemos madre no tenemos nada".

Tu fundación Niños Unidos para el Mundo elaboró un convenio bilateral. ¿Esto podría beneficiar a las hijas de Carolina y de qué manera?

El convenio bilateral solo trata que el Estado, a través de la Convención de los Derechos del Niño resguarda y reordena los vínculos de los hijos con los padres, es decir, los estados serían los garantes de que los niños vayan y vuelvan en forma normal entre las culturas y entre los padres. Es un acuerdo bilateral de revinculación familiar, nada tiene que ver con la tenencia, porque este es un procedimiento que lleva adelante la Justicia. Es una ayuda de trabajo humanitario, de responsabilidad de los estados frente a los niños cuando los padres no pueden proveerles lo que todo niño necesita. Nosotros articulamos un convenio bilateral y la idea es que se vaya haciendo en todos los estados y que eso termine conformando un tribunal internacional de familia, que no es un tribunal de sentencia sino un tribunal basado en la necesidad de armonía que tienen los chicos para poder crecer, vinculado con sus padres.
¿Cuánto puede demorar el trámite para que Carolina pueda salir de Egipto.
No lo sé. Hay que pensar en meses. Si el Gobierno empieza ahora a proveerle lo que necesita, esencialmente el resguardo y estar entre argentinos puede mejorar un 80 por ciento la situación de ella. Hay muchas películas que muestra lo que han hecho los cuerpos diplomáticos para salvar gente en situaciones de complejidad.
Tu caso fue un antes y un después en este tema. Desde entonces, cada caso que aparece es tan grave como el tuyo. No se ha mejorado nada. ¿Por qué?
Porque no se continuó con la política de Estado que se había formulado a partir de la historia de mis hijos. Se abandonó todo el trabajo que se había hecho. Argentina era líder en estas cuestiones, se perdió un Premio Nobel de la Paz porque estaba llegando a lugares adonde no habían podido llegar ni siquiera Estados Unidos con la cantidad de casos que tiene con Medio Oriente. Pero, bueno, veremos si en este caso se vuelve a tomar el camino realizado y se convierte en el faro que estamos necesitando en el mundo por los niños que están naciendo de matrimonios multiculturales.
¿Crees que el Gobierno actual le está dando el verdadero peso que tiene este conflicto?
En estos momentos estamos haciendo una solicitada muy grande que llamamos a todos, ministros, gente común, por Facebook para que se conviertan en lobistas y que esto le llegue rápidamente al Presidente y podamos ver una pronta acción. Yo me comprometí que no voy a parar hasta que la vida de Carolina esté a salvo. Yo necesito que toda la Argentina se sume, que se viralicen las noticias.

Cómo hiciste, qué herramientas usaste para recomponer la relación con el padre de tus hijos?

Y... bueno... una utiliza tantas vías y tanta vida, tanto de los que necesitan y merecen los hijos. Fue un camino personal destinado a reencontrar el orden y poder devolverles a los chicos de alguna forma, la paz. Todavía sigue siendo un trabajo porque todavía, todo el tiempo, se me pone a prueba en mi relación con Medio Oriente. Esto de ser una mamá multicultural que no esté señalando lo que nos separa sino siempre abrazando lo que nos une. El trabajo es constante. Y, muchas veces, cuando uno cree que llegó a una meseta, aparece algo que me vuelve a poner en jaque y tengo que volver a desarrollar un camino que nos encuentre de nuevo juntos.
Mientras, miran desde el mundo musulmán...
Fueron criados en el mundo musulmán y lógicamente tienen, sobre todo mi hijo mayor, una mirada musulmana del mundo. Yo me río y les digo qué van a hacer cuando les aparezca el gen occidental. No sé qué van a hacer. A mi hija yo le digo que me tiene que enseñar a ser una mujer multicultural. Ella vive y trabaja en Jordania hace unos pocos meses.

¿Qué mirada tienen ellos de Argentina?

Siempre miran a Argentina. Miran su proceso político, Me río mucho de las conclusiones que hacen. Como estudiaron en universidades europeas, siempre se estudian las economías latinoamericanas. Karim es el que más me habla de la economía Argentina. Me decía que no puede entender lo que pasa en Argentina..."un país con todo lo que tiene, tan rico.... y con la carne que tiene..."
Yo no le hablo de política, pero él ha estudiado el desarrollo económico de Latinoamérica como estudian de todo el mundo.

¿Hay posibilidades de que ellos vengan a vivir a Argentina?

Eso es algo que no lo puedo saber ahora. Mi historia estuvo muy signada por los movimientos y el estruendo mundial, entonces en este momento yo digo que en el lugar donde ellos sean felices y puedan realizar sus capacidades. Si en algún momento es Argentina, bienvenido y feliz mi corazón de que ellos estén acá, pero ellos lo tienen que encontrar, como un tesoro.

¿Con qué frecuencia te comunicas con ellos?

Todo el tiempo. Con los varones por ahí no tanto, pero constante con Zahira.

¿Como es el vinculo de ellos con su papá?

Bueno. Va siendo según las edades.

¿Ellos viven con él?

El mayor, recién recibido y Zahira. El más chico sigue estudiando la misma carrera que Karim, aunque con otra orientación.

¿Qué le sugerirían a las chicas que están en relación con algún señor del mundo musulmán?
Lo primero que hay que decir es que nadie puede prohibir que dos personas se quieran. Si quieren vivir el amor, que lo vivan, pero de ahí a formar una familia, tienen que tener la cultura de uno y la cultura del otro. Y hay algo muy difícil que es que el que es musulmán adopte la cultura del otro y el que no lo es adopte el islamismo para que no exista esta competencia o esta necesidad de las culturas y las tradiciones para determinar cuál es la que manda. En el niño no manda ninguna, mandan las dos. Hay cuestiones muy claras, dependiendo del origen de cada uno, se analizan cosas muy puntuales para que si van a tomar la decisión de casarse, los dos se comprometan. Tienen que hacer una investigación sobre sus orígenes y respetar a todos los integrantes de las familias.

Estudiar el origen de la familia del otro suena al siglo pasado...

Puede ser, pero es muy importante tener un registro de la historia del árbol genealógico familiar.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia


Fernando Fuentes
Fernando Fuentes · Hace 2 meses

España está llena de mujeres que se casan, tienen un hijo con musulmanes y luego viven llorando,me queda la duda si lloran la pérdida del hijo o de los posibles bienes y lujos que pensaron podrían tener en otro país. En su mayoría, son mujeres pobres, sin formación, que creen que esa relación les dará la posibilidad de un futuro mejor. Gabriela Arias Uriburu no es una mujer de esas, no lo era cuando inició la relación con el padre de sus hijos: una mujer de roce social, de estudios, hija de un diplomático, debía conocer las costumbres musulmanas,me atrevería a decir que se casó bajo el rito, su entorno debe haberle advertido que hacen los hombres musulmanes, alguien debe haberle comentado que era el Islam, debió preocuparse por leer el Corán: "El creyente que tiene la fe más completa es aquel que se comporta bien, y el mejor de entre vosotros es quien mejor trata a su esposa" es una frase atribuida al Profeta, entre otras en las que se hace referencia a la esposa, la familia y los hijos. Y si a ésto le sumamos las tradiciones musulmanas, Arias Uriburu no podía desconocer que tarde o temprano debería cumplir con ellas: Descreo en su lucha y en la revalorización de su figura que hacen los medios, es un pensamiento que siempre he tenido y que me parece apropiado el momento y la nota para decirlo. Gracias.


Se está leyendo ahora