Keiko Fujimori, la hija del expresidente Alberto Fujimori, quien tras gobernar entre 1990 y el 2000 cumple veinticinco años de prisión, acusado de hechos de corrupción y de violaciones a los derechos humanos cometidas en la desarticulación de la guerrilla de Sendero Luminoso, demonizado por la prensa y con un alto índice de rechazo en la clase media limeña, se impuso ampliamente en la primera vuelta de las elecciones peruanas y se perfila como favorita para el balotaje del 5 junio.
Para ameritar el valor del apellido, su hermano Kenji, actual titular de la Cámara de Diputados, por segunda vez consecutiva, fue el candidato a diputado nacional más votado. Pedro Pablo Kuczynski, conocido como PPK o "el Gringo", un veterano y competente ejecutivo y tecnócrata de 77 años, exfuncionario del Banco Mundial, cuya esposa es estadounidense, que tiene un programa económico similar a su contrincante, quedó erigido en la "esperanza blanca" de esa clase media limeña para evitar el retorno "fujimorista". Fuera de carrera, quedó Verónika Mendoza, la opción de izquierda que cuestionaba el modelo económico impuesto en la década del 90 por Fujimori y mantenido, con variaciones, por sus tres sucesores: Alejandro Toledo (2001-2006), Alan García (2006-2011) y el actual mandatario, Ollanta Humala (2011-2016).
Ninguno de estos expresidentes sobrevive a este resultado electoral. García, con dos mandatos atrás y líder del APRA (un movimiento latinoamericanista fundado por Víctor Haya De la Torre), obtuvo solo el 6% de los votos, Toledo apenas arañó el 2% y Humala, cuyo índice de imagen positiva es del 10%, ni siquiera pudo postular a un candidato propio para su sucesión.
En Perú, el peso de la realidad suele transformar a los presidentes. Humala hizo desde el poder lo contrario de lo que había predicado en su campaña electoral. El tono "chavista" de su prédica proselitista, que le permitió vencer en el balotaje a Keiko (anatemizada por su imagen derechista), se diluyó a lo largo de una gestión signada más por la continuidad que por el cambio. Ya García, predecesor de Humala, había hecho durante su segundo mandato lo opuesto a lo que hizo en su primer período (1985-1990), cuando impulsó una moratoria de la deuda externa que provocó el aislamiento financiero internacional.
Estos sucesivos virajes hacen que muchos alberguen la expectativa de que un eventual gobierno de Keiko Fuijimori corrija los desvíos autoritarios que se le reprochan a su progenitor, quien en 1992 llegó a clausurar el Congreso que obstruía su programa de reformas económicas. En tal caso, la hija también imitaría al padre: Fujimori, el artífice del "modelo peruano", ganó las elecciones de 1990, como una alternativa "populista" al programa liberal encarnado por el escritor Mario Vargas Llosa, cuya frustración lo llevó en el balotaje del 2011 a sorprender apoyando, aunque "con la nariz tapada", al entonces izquierdizante Humala contra Keiko y a hacer ahora lo mismo, con más entusiasmo, con Kuczynski, con quien sí está ideológicamente emparentado.
Dos variantes para un modelo
Para entender estas aparentes paradojas, conviene fijar un punto de partida: Perú protagoniza, a la vez, un éxito económico y un fenómeno social inédito en América Latina. En un cuarto de siglo, su economía exhibe un crecimiento sostenido, que está sustentado en la irrupción de una nueva clase media y un vigoroso empresariado, surgidos ambos de la base de la pirámide social, que en el lapso de una generación transformaron la estructura productiva. Este proceso está magistralmente explicado en el libro "La revolución capitalista en el Perú", del economista peruano Jaime de Althaus Guarderas.
Esa nueva burguesía emergente, étnicamente indígena, está integrada por decenas de miles de pequeños empresarios provenientes de la economía informal. Este fenómeno, que también fue bien descripto por el economista peruano Hernando De Soto en su célebre libro "El otro sendero", comenzó en la década del 70 con las migraciones masivas de la población rural hacia los centros urbanos.
En esos "pueblos jóvenes", las barriadas que rodearon a Lima y a todas las grandes urbes, totalmente carentes de infraestructura, surgió una actividad empresaria para satisfacer esa demanda, que abarcaba desde el comercio hasta la construcción y el transporte público. Ese espíritu emprendedor expandió sus actividades en distintas direcciones. Perú ocupa el primer lugar mundial en materia de micro-
emprendimientos. Actualmente existen alrededor de tres millones de empresas de todo tipo. El 98% son microempresas. El 22% de la población económicamente activa está compuesta por microempresarios y trabajadores por cuenta propia.
Una herramienta central para promover este fenómeno fue la política de regularización de los títulos de dominio de las centenares de miles de familias asentadas precariamente en los "pueblos jóvenes" y en las zonas rurales. Esa legalización de la propiedad, impulsada con la participación del propio De Soto durante la primera etapa del gobierno de Fujimori, favoreció a los microemprendimientos. Porque la posesión de los títulos en regla permitió a sus beneficiarios el acceso al crédito necesario para financiar la expansión de sus actividades.
La estrategia orientada a incrementar el número de propietarios, que fue el secreto de ese "otro sendero" descubierto y preconizado por De Soto en la década del 80, se reveló más efectiva que la incendiaria retórica indigenista de Sendero Luminoso para brindar una respuesta a las ancestrales demandas de reivindicación que subyacían después de cuatro siglos de historia, tras la caída del imperio incaico. Perú es el único país en que una bebida gaseosa local, la Inka Cola, es más vendida que la Coca Cola.
Perú lidera el ritmo de crecimiento de América Latina. Lo hace con una economía internacionalmente abierta, asociada con México, Colombia y Chile en la Alianza del Pacifi co y con tratados bilaterales de libre comercio suscriptos con EEUU y China. Dicha performance exitosa explica que el "fujimorismo" conserve vigencia como alternativa política y que la segunda vuelta tenga por protagonistas a dos competidores identificados con el modelo económi co instaurado por Fujimori en los 90 y mantenido durante 25 años.

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