Liliana González, licenciada en psicopedagogía y autora de numerosos libros sobre problemáticas educativas, conversó con El Tribuno sobre la crisis que vive la escuela, la encrucijada en que se encuentran los docentes y los episodios de violencia que transcurren a diario en las aulas.
Salta no es la excepción en esta crisis. Como ocurre en otras ciudades del país, tiene a diario incidentes de violencia en el interior de sus instituciones educativas que no se hacen públicas, salvo situaciones extremas.
Por lo general son las mismas escuelas con sus equipos psicopedagógicos, si los tienen, las que van trabajando la situación, tratando de no estigmatizar al estudiante. No obstante, las víctimas de este grave problema no son solo los alumnos sino toda la comunidad educativa.
Está claro que tanto los alumnos como los docentes provienen de hogares inmersos en una sociedad que se codea con la violencia diariamente. Violencia que no tiene necesariamente que ver con la inseguridad delictiva, sino con el maltrato cotidiano que se vive en la calle por cuestiones de género, económicas, de color de piel y vestimenta, además del silencio, la indiferencia y la invisibilidad ante los otros por nombrar algunas.
"La violencia surge cuando falla la palabra", dice Liliana González. Pero este es solo uno de los problemas que atraviesa la educación. Es el más preocupante pero no es el único en una escuela que está siendo interpelada de manera permanente por la sociedad en su conjunto.

Ante la violencia que se está viviendo en las escuelas, ¿cómo cree usted que el Estado y las instituciones deberían abordar este problema?
La violencia social entrando en las escuelas es un tema que nos involucra a todos. Habría que empezar en el nivel inicial con talleres para los padres con el objetivo de trabajar el tema del amor y el límite necesario para construir un niño pensante, pacífico y no violento.
La familia debe volver a mirarse, a escucharse, a tener tiempos para el juego amoroso, el diálogo y el encuentro real.
El mundo de lo virtual nos incomunica, desaloja el amor y entonces el odio tiene mucha más posibilidad de aparecer. Parto de la idea de que la violencia es una explosión de lenguaje cuando la palabra falla.
Hay que volver a enamorarse de las palabras (no tanto de las imágenes) para aprender a tramitar el malestar, el conflicto con el lenguaje y no con el golpe o las armas.

Algunos pedagogos sostienen que el fracaso en el aprendizaje escolar termina en violencia. Usted sostiene que en las escuelas hay muchos inscriptos y pocos alumnos, ¿cuál sería el cambio a realizar para lograr que esto se revierta?
Es verdad, en nuestras escuelas hay muchos inscriptos y pocos estudiantes. El deseo de aprender es una construcción subjetiva, personal.
Lo normal es que haya pulsión por conocer. Si eso no está es porque algo pasó en esa historia y eso se dilucida en un trabajo con un profesional especializado.
Lo que la escuela puede hacer ahora es volverse más interesante, atractiva o más cercana a los alumnos de hoy.
Hay que descubrir talentos, construir autores, creadores. Correrse de la postura memorista y enciclopédica de la escuela del ayer.

Muchos docentes se transforman en comediantes para llamar la atención de los chicos y que así traten de prestar atención, ¿usted cree que esto es una alternativa viable?
Los payasos son para el circo o el teatro. No es función docente divertir sino enseñar para que aprendan y aprender es un trabajo que implica atención, esfuerzo físico y compromiso con el hacer.
Lo que sí pienso es que hay que inyectar vida y alegría en las aulas. Eso va de la mano de docentes apasionados, con alegría de enseñar y que cuiden el clima emocional del aula para que allí circulen las preguntas, los sentimientos, el humor, la cooperación y el crecimiento mutuo.

¿Qué opina de esta idea que circula con relación a que internet democratizó el saber?
Internet democratizó los conocimientos. Hoy desde cualquier lugar del mundo, a través de una computadora, se tiene acceso a una plataforma donde se puede investigar lo que a cada quien le interese.
Lo que no se democratizó es el saber de la vida. Eso que porta el docente como un adulto referente y transmisor de valores desde la ejemplaridad, algo que ninguna máquina puede transmitir.

La provincia de Buenos Aires permite que los alumnos trabajen con el celular en el aula. ¿Qué opina al respecto?
El tema del uso del celular en las aulas depende del ingenio del docente. Al no estar actualmente en ejercicio de la docencia no quiero emitir opinión, solo decir que como toda herramienta depende para qué y cómo se lo use.

La escuela es permanentemente criticada por la sociedad, sin embargo le siguen dando tareas, por ejemplo trabajar el tema de adicciones, violencia de género, educación sexual, alimentar a los chicos, contener la violencia y, por otro lado, los chicos no comprenden lo que leen, ¿qué opina al respecto? ¿Cuántas obligaciones más puede asumir la escuela de hoy?
La escuela está colapsada haciéndose cargo de las disfunciones de otras instituciones, especialmente la familia. No tiene recursos, no alcanza la capacitación docente. Habría que convencer a los políticos de que educar es un trabajo entre todos y que el Estado debe volver a colocar a la escuela en el lugar que se merece.
Pedirles que lo que aparece en el discurso como "Hay que apostar a la educación" se traduzca en los hechos a la hora de plantear el presupuesto educativo y las políticas que se bajan al aula.
Estudiar significa poner el cuerpo. Es esfuerzo, tiempo y compromiso. Es lo que nos permite ser libres.

La escuela primaria pública históricamente fue elegida por las familias para enviar a sus niños. Esta tendencia se está revirtiendo y cada vez más padres tratan de enviarlos a la primaria privada, ¿por qué cree que está ocurriendo esto?
La desvalorización de la escuela pública es un fenómeno cada vez más presente. Goza de mala prensa en relación con las privadas y creo que las causas son múltiples, algunas ya las mencioné en respuestas anteriores.
Tendríamos que convencernos todos de que el paso por la escuela nos aleja de la ignorancia y de "esclavitudes" digitadas por poderes que prefieren un pueblo manipulable...
"La escuela está colapsada haciéndose cargo de las disfunciones de otras instituciones, especialmente la familia”
Con relación a las evaluaciones que se realizan sobre calidad educativa, ¿qué opinión le merece? Por ejemplo, las escuelas privadas se prepararon con antelación, no así en la mayoría de las públicas...
No tengo opinión formada sobre las evaluaciones por estar fuera del sistema ahora, pero durante mis 33 años de docencia en el nivel superior, la evaluación fue para mí siempre un problema. Evaluar a casi desconocidos, a sabiendas de que hay distintos modos y tiempos de aprender, me pareció siempre algo que rozaba la injusticia.
Mucho más estas evaluaciones nacionales donde la misma prueba se aplica en La Quiaca y en Capital Federal, por poner ejemplo de las diferencias.
Es un tema complicado porque, de todos modos, algún diagnóstico hay que hacer para pensar en las estrategias superadoras y poder avanzar.

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