Inocencio Aramayo es un oranense de 74 años, que tiene 13 hijos y 20 nietos. Hasta allí esos datos son particularmente similares a los de decenas de familias, pero en este caso le agrega un ingrediente que lo diferencia del resto y lo hace muy especial: es socorrista voluntario.
Lejos de sentir que el éxito económico es lo más importante en la vida, Aramayo le enseñó a su familia la importancia del trabajo silencioso que se construye día a día con valores auténticos.
Productor agropecuario del paraje El Pelícano, próximo a la frontera con Bolivia, muy joven decidió aprender y convertirse en quien brinda atención ante emergencias.
No solo asistió el parto de sus 13 hijos, sino que se convirtió en el partero de esta alejada zona, además de atender a cuanto accidentado se presentara, ya sea en las rutas o cualquier otro tipo de problema con niños o adultos.
Con todo lo necesario para brindar los primeros auxilios, Aramayo siempre contó con la ayuda incondicional de su compañera de la vida, Juana Quintana, y de sus hijos.
Suturó heridos para que pudieran llegar al hospital recorriendo grandes distancias, entablilló quebrados, atendió mordeduras de víboras, picaduras, quemaduras y mucho más.
Hasta el día de hoy, cada vez que ocurre un accidente y sin importar la magnitud, los vecinos de los alrededores de su finca lo buscan al grito de "Don Aramayo, hay una urgencia!".
Algo de su vida
Nació el 20 de junio de 1942, en el lote Paulina, en el Ingenio Ledesma, donde vivió hasta cumplir su primer año, época en que su familia se trasladó a Orán.
Después de mucho trabajo y esfuerzo, en 1974 compró las tierras y finalmente en el 76 se radicó donde permanece hasta hoy, en la finca San Isidro.
Todos los pobladores que lo conocen se emocionan cuando cuentan o escuchan testimonios de personas que recibieron su ayuda en difíciles circunstancias.
"Inocencio Aramayo es padre, amigo, compañero y hasta podríamos decirle doctor, pero sobre todo es una persona con un corazón noble y solidario", describen todos.
Y aunque los años ya comienzan a pesar, las ganas de seguir adelante se reflejan en esa mirada cansada que arranca a las 5.30 cada mañana para trabajar, "porque quedarse quieto es morir", asegura.
Siempre cultivó ese espíritu solidario, quizás por las necesidades extremas que pasó desde niño y sobre todo por la falta de asistencia sanitaria en la localidad más próxima, Aguas Blancas, que durante mucho tiempo careció de una cobertura integral y los casos más graves debieron trasladarse a Orán.
Su grandeza e incondicionalidad tuvo sus frutos. Por sus acciones logró la donación del terreno para construir la escuela de La Peña, que tiene una placa con su nombre.
"Si de repente Dios me manda a llamar, jamás me arrepentiré de pensar que estamos en este mundo para tener un corazón noble y para dar", dice con humildad a El Tribuno.

Tras la tragedia de 2015
El 20 de septiembre del año pasado, un colectivo de la empresa oranense San Antonio colisionó contra un automóvil, en el tramo Orán - Aguas Blancas, dejando un saldo de siete personas fallecidas.
El accidente ocurrió en la ruta nacional 50, a la altura del paraje El Pelícano, es decir, muy próximo de la finca de Aramayo. Mientras la familia disfrutaba de una tarde tranquila, aproximadamente a las 19 todos sintieron un estruendo y segundos después gritos desesperados.
Don Inocencio salió de inmediato a socorrer a los pasajeros lesionados, mientras lo ayudaban hijos y nietos que estaban en la casa.
Hasta que vinieron las primeras ambulancias, los Aramayo limpiaron a los heridos y sacaron a los que aún quedaban en el interior del vehículo. Todos recuerdan que los gritos de los accidentados eran estremecedores y el cuadro era dantesco.
Inocencio padre e hijo intentaron luego, con su tractor, volver al colectivo a su posición normal porque estaba volcado. Los demás, empapados en sangre, continuaban dando todo de sí para colaborar con las víctimas hasta que llegaran las ambulancias y las fuerzas de seguridad.
Tras ese hecho muy reciente, no caben dudas de que Inocencio Aramayo es un hombre que construyó su vida sobre valores auténticos fuertes.
Y pese a sus años, aún tiene mucho para dar.

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Sección Editorial

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Álvaro Figueroa
Álvaro Figueroa · Hace 9 meses

¡¡¡¡¡ FELICITACIONES, DON INOCENCIO !!!!!! . Y gracias, por tanta bondad y tantos buenos ejemplos.


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