Mientras desde distintos sectores alertan sobre la caída de la actividad económica y, por ende, de la recaudación, en el frente oficial ni se atisba el más mínimo movimiento para cambiar la preocupante ecuación. Más Estado equivale a más gasto público e, indefectiblemente, mayor carga fiscal. De Perogrullo.
Obvio que la "herencia" recibida fue dramática. Exceso de empleados, burocracia, ineficiencia pública, etc., pero a un año del triunfo de la Administración Macri, después de la media docena de medidas adoptadas en diciembre para que se reiniciaran las exportaciones (recorte de retenciones, remoción de trabas cuantitativas, y devaluación parcial, entre las principales) no se registró ningún cambio, ni novedad en esta estratégica materia. El gasto público sigue en alza, mientras la actividad privada cae, aunque deba seguir sosteniendo el elefantiásico gasto público. Difícil.
Los ejemplos abundan, desde la inédita cantidad de ministerios (holgadamente por fuera de la Ley), hasta el mantenimiento de burocráticas dotaciones o, peor aún, innecesarias ampliaciones que dejan en claro la incomunicación/desconfianza entre los funcionarios de las distintas áreas.
En el caso del campo, tal vez uno de los pocos sectores relativamente competitivo que va quedando, la participación del Estado en la renta agrícola impuesta por un ineficiente e improductivo sector público sigue superando el 65%, de acuerdo al Indice FADA, la sólida Fundación Agropecuaria cordobesa. En el caso de la soja, el porcentaje asciende a más de 70%.
¿Se puede esperar entonces que en semejantes condiciones, y con un mercado internacional debilitado por la abultadísima cosecha estadounidense, haya en la Argentina un crecimiento récord?
Pues no. La realidad va mostrando que los crecimientos son muy acotados, como el caso del trigo que del 25%-30% pronosticado, ahora apenas alcanza 12%-15%, eso sí, con mucho mejor calidad porque se utilizó más fertilizante. El girasol va a crecer, pero acotado por la falta de semilla, algo que también le puede ocurrir a la soja por la falta de calidad de la última campaña. Tampoco el maíz tendrá el incremento de área del que se hablaba, y con suerte (y clima mediante) se podrá esperar un 20%-25% de incremento, a algo más de 4,3-4,5 millones de hectáreas para grano. Todo alejadísimo de los 6-7 millones de hectáreas en que insistió la Administración Kirchner (y que nunca hubo), y que la actual gestión sigue manteniendo, tampoco se sabe por qué razón.
El costo de los fletes sigue manteniendo a muchas regiones absolutamente afuera del mapa productivo, y hasta los puertos acaban de hacer una licitación propia de "servicios", en un intento de abaratar costos para intentar achicar gastos tan extraordinarios que hacen que sea más caro transportar dentro de Argentina que el flete de ultramar. Nada extraordinario si se considera que, por ejemplo, hay cerca de una docena de gremios "operando sobre el río" (razón que más que justifica que las barcazas, actualmente, sean todas paraguayas), o que la pesca se vuelva no competitiva porque cuando aparecen los cardúmenes distintos sindicatos paran el trabajo.
Ahora, mientras todo esto sucede, resulta que la plantilla pública de empleados no solo no se achicó, sino que aumentó.
Mientras el Estado siga trasladando su propia ineficacia al sector privado, va a ser imposible un crecimiento genuino de la actividad económica; en estas condiciones las inversiones siguen siendo mínimas, en el caso de los capitales internos, y prácticamente nulas para las externas. No se puede pedir "eficiencia" privada sin "eficiencia" pública. Ni el otrora competitivo sector agropecuario es capaz de seguir soportando esa carga.

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