Testimonio de una madre, transcripto por Daniel M. Nallar.
Señora, el micrófono está abierto, puede decir lo que quiera: "Soy la madre de un joven muerto durante la guerra civil de los años 70 en Argentina. No soy peronista ni radical. No soy montonera ni militar. No sé quién es Perón, ni Martínez, ni Cámpora, ni López Rega, ni Videla, ni Viola, ni Galtieri. No sé quién es Firmenich ni Gullo ni Galimberti ni Aramburu. Sé que algunos están muertos y otros vivos. Me da igual. Mi dolor no cambia.
Mi corazón está partido entre la vida y la muerte desde hace 40 años. Mi hijo volvía de clases cuando una terrible explosión le arrancó la mitad del cuerpo. Le arrancó la vida también. Arrancó la mía y la de toda mi familia. Nada volvió a ser igual. Éramos una gran familia feliz, pero su muerte nos despedazó. Mis otros dos hijos se fueron a España, ninguno quiso seguir viviendo en este país sin rumbo. De gente imbécil que defiende sus podridas ideologías poniendo explosivos en la calle, de gobernantes mediocres que huyen o mandan mensajes desde los aviones y las prisiones y de militares de poca honra que juegan a la guerra sin cuartel.
Con mi esposo soportamos juntos la tristeza algunos años, pero el dolor y el desconsuelo terminó con nuestra unión, que algunos años antes parecía inquebrantable.

¡Éramos tan felices!

Con nuestros hijos pasábamos horas proyectando el futuro. Mariela estaba terminando la secundaria y quería ser psicóloga y Joaquín estaba comenzando abogacía. Con mi esposo lo esperábamos en casa con la noticia de que ya teníamos los pasajes para viajar los cuatro a Europa cuando ese maldito desgraciado lo descuartizó. Hoy leo que Argentina conmemora 40 años del golpe militar.
Veo por televisión a los responsables poniendo cara de víctimas. Los políticos, los montoneros y sus aliados, los militares. Todos responsables de lo que pasó. Los asesinos de mi hijo. No entiendo qué conmemoran. Sería mejor que se vayan. Si pueden irse del país mejor. Pero si no tienen la dignidad para hacerlo, por lo menos agachen la cabeza y váyanse a sus casas, a sus oficinas y a sus cuarteles. No pongan cara de dolor. Ustedes no sienten dolor. El dolor es síntoma de humanidad. No pongan cara de bronca. La bronca es síntoma de valentía. Y ustedes no tienen ninguna de las dos cosas.
Ustedes buscan estas conmemoraciones solo para mantenerse vigentes en el inconsciente popular. Ustedes usan fechas inciertas y supuestos hechos para subir a escena y sentirse importantes. Porque son tan poca cosa que no pueden ser importantes con su propio esfuerzo. Porque para ser importante primero hay que ser valiente. El laburante que cada día lleva el pan a su casa es importante. El ama de casa que espera a su familia con "la casa en orden" es importante. Es importante el maestro que enseña, el médico que cura, el policía que protege, la enfermera que cuida, el alumno que estudia, el comerciante que ofrece. Ustedes no son importantes, son una banda de incapaces que vive de los impuestos de la gente que trabaja. Y mataron a mi hijo.
Lo sucedido en aquella época no debe ser conmemorado por nadie más que por quienes lo sufrieron. Algunos lo harán en silencio. Otros en el estruendo del llanto. Y cada uno en el lugar donde soporta cada día el dolor desesperante, impotente... incurable. Que los responsables se queden en sus casas... y que sus lágrimas limpien la sangre que derramaron".
Buscando un testimonio para esta columna, me encontré con esta respuesta. Sería una falta de respeto solo intentar opinar algo ante tanto dolor, tanta valentía... y tanta verdad?

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Sección Editorial

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guillermo jensen
guillermo jensen · Hace 8 meses

Despues de 40 años es tiempo mas que suficiente para sanar, a menos que se victimice. Una herida nunca sana si no se la deja, termina infectandose, y eso es peor que la herida en si. No sabe lo que es perdonar? A Dios le matamos Su Hijo y El exclamo desde la Cruz: Padre, perdonalos porque no saben lo que hacen' Que sentido tiene celebrar Semana Santa si es puro rito, comidas y feriados


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