Hoy, 7 de junio Susana Malcorra, ministra de Relaciones Exteriores del país, concurrirá a las Naciones Unidas para presentar su candidatura a secretaria general de esa organización y someterse, durante dos horas, a un exhaustivo interrogatorio por parte de la Asamblea General.
Será la primera vez que la elección de un secretario o secretaria general se llevará a cabo por un procedimiento al menos formalmente público.
La Carta de Naciones Unidas tiene una referencia muy escueta sobre la modalidad de elección. El artículo 97 dice que será elegido por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad. En la práctica, el Consejo de Seguridad era el real elector, pues el candidato debe contar con el apoyo de los cinco miembros permanentes: Rusia, Estados Unidos, China, Francia y Reino Unido. Si uno de ellos se opone a una candidatura, ésta no puede prosperar.
La práctica también fijó una regla no escrita siguiendo las indicaciones aplicables para la elección de miembros no permanentes del Consejo de Seguridad (art. 23), se entendió que el secretario general debía rotar geográficamente (aunque ciertamente no fue un criterio aplicado a rajatablas). En esta ocasión el turno debería corresponder a Europa del Este. Sin embargo, ese criterio geográfico es acorde con los tiempos de la ya extinta guerra fría. ¿Qué es hoy Europa del Este? Antes eran estados bajo la égida soviética; sin embargo, en la actualidad, la mayoría forman parte de la Unión Europea y de la OTAN. Entonces, ¿hasta qué punto no son "occidentales"?

La hora de una mujer

En vista de esta situación, hay quienes empezaron a plantear que no necesariamente el próximo titular de la Secretaría sea de esa región. Más énfasis se puso, en cambio, en que sea una mujer. Luego de 70 años de labor, nunca una mujer estuvo al frente de la ONU y, desde la cumbre de Beijing en 1995, la cuestión de género adquirió un fuerte impulso dentro de la organización.
Es así como las diplomáticas de Europa del Este picaron en punta para esta elección que implicará, por primera vez, audiencias públicas de los candidatos en sucesivas rondas hasta llegar a una última instancia que tendrá lugar en octubre. Inclusive podría suceder que el Consejo de Seguridad recomiende a más de un candidato y que la Asamblea General decida, aunque es una posibilidad bastante remota. Nada parece indicar que los actuales miembros permanentes renuncien al uso del veto si encuentran que algún candidato es contrario a sus intereses.
Hasta febrero de este año la regla de la rotación geográfica parecía firme, si bien había rumores de candidatos extra-región, que suelen surgir por lo general cuando hay un candidato que no genera consensos en el Consejo de Seguridad.
Las postulaciones del portugués António Gutérres y luego de la neozelandesa Helen Clark, abrieron el juego. El resto de los candidatos presentados hasta ahora son de Europa del Este, siendo la que aparenta tener más chances Irina Bokova, diplomática búlgara que se encuentra al frente de la UNESCO. Contaría con el respaldo de Rusia, pero tan decidido apoyo podría ser una carga si Estados Unidos decide bloquear su designación (algunos consideran que su actitud fue demasiado tibia, por no decir pro-rusa, durante la crisis de Crimea). Otros candidatos de Europa del Este son vistos con recelos por Rusia para la que se trata de candidatos más cercanos a Estados Unidos. En ese juego cruzado, quizás se abra la luz para Malcorra.

El respaldo regional

Hasta ahora es la única candidata formal de América Latina y cuenta con una vasta experiencia diplomática; no obstante, para que su candidatura sea potable, necesita que no haya otro candidato de la región.
El problema que tienen los candidatos de Europa del Este, y que podría tener la diplomática Argentina, es que una multiplicidad de postulantes dividan los votos. En América Latina tendrían intención de presentarse Alicia Bárcena Ibarra; Rebeca Gryspan, de Costa Rica y Ángela Holguín, canciller colombiana. Antes de pensar en posibles vetos, especialmente el británico, Malcorra debe tener consenso en la región, de allí que está lanzada en una campaña frenética tratando de captar adhesiones. Sin embargo, hasta ahora, las principales cancillerías latinoamericanas no se pronunciaron al respecto.
La crisis venezolana es una complicación para las aspiraciones de la Argentina. Venezuela es en la actualidad un miembro no permanente del Consejo de Seguridad y su apoyo será crucial para la recomendación del Consejo de Seguridad. Quizás es por ello se acusa a la canciller de haber morigerado la posición Argentina frente a la situación de Venezuela. Lo cierto es que esta actitud debe verse en una perspectiva más amplia: Una actitud condenatoria hacia el Gobierno venezolano truncaría el apoyo del Eje Bolivariano (Cuba, Ecuador, Bolivia) en la Asamblea General (que es la que "elige" al Secretario General).
Por otra parte, en temas de esta relevancia, es difícil que un país actúe aisladamente y es posible que la apelación al diálogo y la obstaculización por ahora de la aplicación de la cláusula democrática de la OEA haya sido consensuada con Brasilia, Santiago, Bogotá y México. La pregunta abierta es cómo analizará Washington esta situación. Tampoco sería disparatado pensar en una consulta previa, pero en un año electoral, y con dos candidatos que polarizan opiniones, la actitud de Washington debe mirarse con lupa.

La clave de Asia y África

Un segundo paso importante será concentrarse en las regiones con más votos, esto es África y Asia. El primer continente representa el 28 % de los que votan en la Asamblea General y los asiáticos, el 25%. En estas regiones es Bokova quien tiene mayores posibilidades porque los programas de la UNESCO están enfocados fundamentalmente allí. Clark, al frente del PNUD, tiene también chances, especialmente en Asia, ya que muchas de las iniciativas de esa organización se dirigen a esas naciones. No hay que desmerecer, empero, las posibilidades de la actual canciller argentina. Durante su tarea en la ONU se desempeñó como secretaria adjunta del Departamento de Apoyo de Actividades sobre el Terreno, lo que la puso de cara a las zonas más conflictivas del mundo, que se localizan básicamente en África y Asia. Previamente, había sido directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos. Como jefa de Gabinete del secretario general estrechó vínculos importantes con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
El 7 de junio, cuando empiece la segunda ronda de entrevistas, vence -de hecho- el plazo para que los países presenten a sus candidatos. A partir de allí, la contienda entrará en su fase más agitada, pero la campaña ya se largó y muchos argentinos estaremos pendientes de ella. El objetivo es, nada más y nada menos, ser la figura que representa a la organización que tiene como finalidad primordial la paz y la seguridad internacionales en un mundo tan convulsionado.

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