El comienzo del segundo semestre, ocurrido el viernes, despierta una expectativa muy especial, ya que el gobierno de Mauricio Macri lo señaló como el momento en que comenzarían a sentirse los efectos del cambio de rumbo en materia económica.
Este gobierno ha definido la meta de lograr para la Argentina la "pobreza cero". Este es, sin duda, el problema más grave que los argentinos tenemos por delante. La meta es ambiciosa, ya que se parte de una situación compleja, con más de un 30 por ciento de personas con necesidades insatisfechas. Según todos los estudios de historia social, la curva de la pobreza en la Argentina viene creciendo constantemente en los últimos cuarenta años, aunque a los gobiernos les moleste admitirlo.
En el primer semestre, los desproporcionados aumentos de tarifas en la luz y el gas se convirtieron en un verdadero "tarifazo". Para muchas familias, cuyos ingresos se vieron deteriorados por la inflación, la situación se ha tornado desesperante. Lo mismo les ocurre a las pequeñas y medianas empresas, que pueden llegar a ver comprometida su continuidad, con lo cual el tarifazo en cuestión atenta contra una importantísima fuente de empleo.
Gran parte de los problemas sociales de nuestro país provienen de la ineficiencia del Estado, que no logra mantener un estándar básico de calidad en los servicios de salud pública y de educación.
La distorsión de los precios del gas fue el resultado de políticas que frenaron la producción propia y obligaron al país a importar el combustible mucho más caro. El problema es grave, pero debió ser resuelto con inteligencia y mirada estratégica, atendiendo a las necesidades de las empresas y a las leyes del mercado, pero sin comprometer los ingresos de las familias, para las cuales las facturas de gas -y también las de electricidad- se han convertido en una pesadilla
Según el presidente Macri y sus ministros, la inflación comienza a estar bajo control y, dicen, hay señales de reactivación de la inversión en el campo y en la obra pública, que se notará en los próximos seis meses.
Sin embargo, la resolución de los problemas macroeconómicos no alcanza para aliviar las carencias de la canasta básica a la que acceden las familias más humildes y, tampoco, para mantener la calidad de vida y el nivel de ingreso de los asalariados.
Claramente, el "segundo semestre" fue propuesto como una fecha simbólica. Nadie, ni el más ingenuo de los argentinos, espera un milagro.
Se espera, sencillamente, que las frustraciones de muchos años empiecen a encontrar la luz al fondo del túnel.
El presidente anunció el objetivo de duplicar en seis años la producción alimentaria del país. Al respecto, vale reconocer que es muy bueno que un gobierno acepte que la mayor fortaleza económica está en el campo, porque haría posible que empiecen a ser superados antagonismos que no hacen bien a nadie. Sería desacertado que detrás de esa decisión se mantenga el concepto de país exportador de commodities y se descuide la generación de valor agregado.
En nuestra provincia, los municipios, convertidos hace tiempo en fuente de puestos de trabajo en una región empobrecida, enfrentan problemas de financiamiento.
Al mismo tiempo, el Plan Belgrano, con todos sus ambiciosos objetivos, se mantiene aún en el plano de las promesas.
No está claro todavía cuál es el programa de generación de infraestructura productiva que se aplicará en Salta. La provincia se encuentra en condiciones potenciales para lograr una transformación extraordinaria, que la convertiría en un centro agrícola, ganadero e industrial. Además, podría recuperar su rol protagónico, hoy perdido, en generación de gas.
Para alcanzarlo es necesaria una decisión política que elimine obstáculos jurídicos que desalientan la inversión y resuelva problemas cruciales como el costo del transporte, la falta de accesos adecuados y el suministro de agua y servicios.
El segundo semestre ha comenzado y el país espera que también se inicie un nuevo ciclo en nuestro desarrollo económico. Pero, como nunca, es imprescindible que los grandes objetivos no impongan condiciones insostenibles a la población.

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