Los habituales compradores de bienes y servicios con tarjetas de crédito han sido alcanzados por la inflación del mercado.
Comprar un producto y financiarlo con el plástico hasta en tres cuotas obligará a afrontar una tasa de interés superior al 50% nominal anual mientras que el pago mínimo ya exige una tasa del 70% nominal en alguna tarjetas.
El aumento de los costos repercutirá en todos los eslabones de la cadena comercial dado que para los productos que se ofrecen en cuotas sin interés al cliente, los comercios aplicarán un incremento directamente a los precios de lista.
En el mercado todo está con incertidumbre. Los minoristas, que atienden con tarjeta cruzan los dedos para que los clientes no dejen de comprar, saben que los precios soportaron ajustes pronunciados.
El encarecimiento del consumo con tarjeta por vía de cuotas se suma así al incremento que sufrió el financiamiento de saldos impagos (en el que las tasas ya llegan al 100% anual en algunos casos) y la cuotas sin interés.
La tasa para el pago a tres cuotas pasó entonces del 46-47% anual al 49-50% (esto es tasa nominal anual, TNA, que no incluye costos como seguros, gastos de mantenimiento y otros ítems que encarecen el costo final).
Realizar un pago en 12 cuotas de un producto que no es ofrecido "sin interés" llevará a los consumidores a afrontar una tasa nominal anual del 58%, casi el doble de la inflación que registra la economía argentina.
Las tres principales operadoras de tarjetas de crédito comunicaron a los comercios una suba de entre 3 y 5 porcentuales en el costo de sus servicios, debido a la suba de tasas que impulsa el Banco Central.
Según las empresas, la decisión de elevar el precio de sus servicios responde a la política monetaria restrictiva con la que el Central busca paliar la suba de precios.
A diferencia de la administración kirchnerista, ahora se eliminaron los topes regulatorios y los costos de los préstamos que dan los bancos al consumo sufrieron ajuste de no menos entre 7 y 10 puntos porcentuales.
En junio del año pasado, el Central había impuesto un tope a las tasas de interés que cobraban los bancos por los préstamos personales y prendarios, y también sobre las tasas que cobraban por el financiamiento de los saldos de tarjeta de crédito.
A partir de estos cambios, las líneas personales pasaron de tener una tasa nominal promedio del 37% anual a una del 47%; las prendarias, del 25% al 32%; y el financiamiento a través de tarjetas de crédito se encareció desde el 41% hasta el 48% anual.
Al ver que el Central no dará marcha atrás con su política de altas tasas, las tarjetas líderes comunicaron en los últimos días subas en las tasas de interés que aplican a las compra en cuotas.
En el caso de las tarjetas de crédito, el financiamiento mes a mes es el que más impactará en el bolsillo. Quienes pagan solo el mínimo de la tarjeta se exponen a una tasa variable.

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Sección Editorial

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