Una tía, una amiga, una jefa, una abuela, usted misma. En una conversación sobre la maternidad, las relaciones de pareja o la crianza de los hijos se dicen -y oyen- frases de mujer a mujer, pronunciadas desde la buena fe y de manera inconsciente, pero que perpetúan estereotipos machistas que permanecen de manera soterrada en la sociedad. Se trata de los micromachismos.
En una nota titulada "Micromachismos, un machismo silencioso y sutil" y publicada en Tinta Libre, la periodista madrileña Lula Gómez cita que quien acuñó el término "micromachismo" fue el terapeuta argentino Luis Bonino, en 1990. Según Bonino, se trata de comportamientos masculinos que buscan reforzar la superioridad de este género sobre el femenino.
"Son pequeñas tiranías, terrorismo íntimo, violencia "blanda'', "suave'' o de baja intensidad, tretas de dominación, machismo invisible o partícula "micro'' entendida como lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia. Lo grave de ellos es lo asumidos que están en la socialización de hombres y mujeres y lo imperceptibles que resultan. De ahí su perversidad", señala Bonino, quien, además los tipificó (ver cuadro).
Por ejemplo, María José Zambrano (42), docente de Matemáticas, indica que en su casa creció escuchando a su abuela afirmar: "El hombre prefiere a la mujer difícil". Hoy cuestiona que al decir eso a la mujer se le endosa la creencia machista de que debe ajustar sus actitudes y elecciones de vida a las preferencias masculinas.
""¿Así que te encamaste en la primera cita?'', me horroricé yo -también mis amigas- cuando nos lo contó una excompañera de la secundaria", confiesa Gladys Morales (34), fonoaudióloga. Aunque ella, por su formación, tiene claro que si el hombre puede tomar esa decisión sin que su moral "quede mancillada", la mujer tiene el mismo derecho.
"Deberías dejar de trabajar, si no, no vas a ver crecer a tu hijo". La frase, dicha a María Paz Cruz (34), maestra doble turno, es el remanente de una antigua creencia machista de que la vida se divide en dos esferas: la pública, es decir, el trabajo fuera del hogar como sinónimo de espacio masculino; y la doméstica, que involucra los cuidados de la casa y la crianza de los hijos y que está destinada privativamente al sexo femenino. Ella reclama que la sociedad asimile que el cuidado de los hijos es una responsabilidad de la pareja y no solo de la mujer.
En las antípodas Soledad Ramírez (37) dejó su trabajo en una compañía internacional cuando nació su hijo Mateo. ""¿En serio vas a dejar todo para quedarte en casa cuidando de tu hijo?'', me preguntaban, desconociendo por completo que la mitad de lo que yo ganaba se lo iba a pagar a la niñera", manifiesta. Cada mujer tiene derecho de elegir entre sus opciones disponibles. Quedarse en la casa cuidando de los hijos es un trabajo legítimo que, como cualquier otro, debe ser valorado y respetado. Esa frase revela una paradoja machista: si la mujer trabaja afuera, se la critica por abandonar a los hijos; pero se la acusa de no tener fuerza de voluntad para desempeñar una doble función, si renuncia a su empleo para cuidar de sus vástagos.
"No tendrías que esperar tanto para tener hijos", le dicen repetidamente a Ángeles Vázquez (34), comunicadora social. "La pareja debe decidir si quiere o no tener hijos y cuándo eso va a suceder. Nadie tiene derecho de entrometerse de esa manera -invasiva y abusiva- en la vida de una mujer. Peor aún si se la acompaña de cosas como "ya no tendrás energía para acompañar a tus hijos'' o algo que se refiera al reloj biológico de la mujer. Antes de abrir la boca reflexione: la mujer en cuestión puede, inclusive, escoger no tener hijos y nadie tiene que ver con eso", se desahoga.
Esta última palabra "reflexión" ofrece la clave para pensar en estas frases que no deberían incluirse más entre mujeres.

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Sección Editorial

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REN egado
REN egado · Hace 7 meses

SEXO DÉBIL, SSHHHHH

Ernesto Ordoñez
Ernesto Ordoñez · Hace 7 meses

¿te diste cuenta que son mayoritariamente las mujeres las que se masacran con ese tipo de limitaciones? ¿Y te diste cuenta que quieren exportarlas a los varones? Pues entonces es hora de llamarlo por su nombre: Hembrismo infame y deformado. Los varones no tenemos nada que ver con su enfermedad. Haganse cargo che.


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