Hermana Gregoria, preocupada

Unión, amor y protección. De eso se trata. Es el lema de la Fundación Argentina Hijas de Nuestra Señora de Luján, que encabeza la hermana Gregoria Colil, continuadora de la obra del padre Ernesto Martearena en villa Asunción.
La monja dirige una guardería que alberga a 370 chicos, de 2 a 5 años, a quienes también les da de comer junto con otros que siempre llegan en busca de un plato caliente, "a quienes no les puedo decir que no vengan porque no se le niega un poco de comida a nadie". Arduo el trabajo de la religiosa, oriunda de Río Negro, pero radicada en Salta desde hace 32 años. Toda su actividad está concentrada en un edificio contiguo a la iglesia Nuestra Señora de la Asunción, en la zona oeste de la capital salteña. Es el único en el barrio. La guardería funciona desde 1993 y se nutre del programa Alimentario Municipal, Primera Infancia de la provincia, del Banco de Alimentos y de la Nación a través de un programa de Fortalecimiento Institucional. A la par de ellos, la guardería y el comedor siempre tienen colaboradores, con lo cual la atención de los pequeños está asegurada.
Tiempos difíciles
La hermana dijo no haber observado aumento de la demanda en el comedor, como consecuencia de la situación económica actual. Y recordó como "tiempos con muchas dificultades" la hiperinflación de 1986 hasta 1991. "Acá la gente tiene sus trabajos; las mujeres dejan a sus niños en la guardería y tienen tiempo para hacer una u otra cosita, todo para sumar dinero a la familia", consignó.
Los mayores problemas que observa la hermana en el barrio son las adicciones y la violencia. Por eso pide la ayuda de profesionales como psicólogos y asistentes sociales, porque en la guardería y en el comedor "se desnudan todo el tiempo situaciones que dejan ver claros problemas familiares, en la mayoría de los casos por adicciones a diferentes sustancias".
"¿Qué hacemos?"
Gregoria tuvo que cerrar con rejas el acceso a la guardería. Antes, el espacio era reducto de grupos "que se reunían a tomar y luego se armaban las grescas". Ese sitio ya no está disponible, pero los jóvenes violentos siempre se las ingenian para reunirse y prepararse para el enfrentamiento con otro grupo de similares características. "Por las noches y a la madrugada se escuchan corridas, gritos, roturas de vidrios, tiros... Muchas veces la gente no puede dormir y tiene temor, porque cualquier cosa puede pasar en los domicilios, en los autos que quedan en la calle. A la mayoría de esos chicos los conozco porque los tuve en la guardería o el comedor, pero ellos no escuchan ningún consejo ni control. La gente me pregunta qué puede hacer para terminar con esto".
"Es un problema grande, porque ni siquiera la policía puede hacer algo. Yo hablé con jueces de Menores y con el ministro de Seguridad para que me digan cómo se puede contener a esos chicos, pero no he recibido respuesta". La hermana se preguntó: "¿por qué se tienen tanto odio y tanta bronca estos chicos que han crecido juntos? Algunas noches se escucha cómo afilan cuchillos y puntas en el cordón de la vereda. Es terrible. Me gustaría que alguna noche vinieran el ministro o algún juez para que vivan la realidad de este barrio por culpa de las drogas, para que sepan de qué se trata cuando les pedimos ayuda".

Incansable Gloria

El viento helado pega doloroso en el patio, parte techado, parte a cielo abierto. Abajo, tablones y sillas esperan a los comensales que llegarán con frío y muchas ganas de comer algo caliente. A las 10 la actividad del comedor es intensa adentro, en la cocina, donde, como cada día, Gloria Escalante prepara lo que 80 o 90 chicos y grandes llegarán a buscar de las 12 en adelante. Y ella servirá mientras quede para un bocado en la olla, sea la hora que sea, porque peor es nada, seguro. Y con más razón en estos días, cuando la crudeza de la notoria crisis económica le mandó a unos 20 comensales más que el año pasado, y una factura de gas que pasó de 300 a 1.000 pesos. Pero Gloria siempre puede un poquito más. Siempre tiene un reconfortante plato más en su "Sopita de letras" del barrio Ceferino, en 16 de Septiembre y Damián Torino. "Este año se nota bastante que hay más necesidad", sintetizó la incansable mujer. Cuenta con la incondicional ayuda del Banco de Alimentos, con productos no perecederos, papel higiénico y artículos de limpieza. También la iglesia cristiana tiene una fuerte e invalorable presencia en la zona, igual que otros amigos y familiares que no permiten que le falte el pan.
El teléfono para colaborar con alimentos o artículos de limpieza, sobre todo lavandina, es 4261324. También se pueden llevar elementos para la escuelita de boxeo.
Gloria se la rebusca con donaciones particulares. "No recibí ni recibo ayuda oficial. Lo que tengo son los abuelos que están dentro de la Secretaría de Adultos Mayores. Hace unos años inicié gestiones para una ayuda y después de no sé cuántas vueltas me rechazaron. Nunca a más fui, mi tiempo es muy valioso. Y añadió que en ese mismo lugar funciona una escuelita de boxeo donde concurren chicos del barrio. Esto es contención, acá pueden venir, gratis, en vez de deambular. En esta zona el problema de la droga es muy grande, nos lleva muy mal".

Un pedido
Dos chicos del barrio que frecuentan el comedor, vendedores de diarios y lustrabotas, tenían dos carritos para pasear turistas en el parque San Martín. "Hace un tiempo las nuevas autoridades municipales sacaron los carros y los chicos se quedaron sin la actividad y sin ese pequeño ingreso. Intenté hablar con el intendente Gustavo Sáenz, pero no lo conseguí. Yo quiero hablar con él y explicarle por qué es importante que le devuelvan a los chicos ese trabajito. Yo pido subsidios del Gobierno, quiero trabajar y que los chicos también tengan sus oportunidades", explicó.

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