A contramano del relato K, agregar valor en el agro terminó siendo un pésimo negocio. Ni siquiera zafaron los que obtuvieron ventajas por medio de prebendas como es el caso de los molinos harineros.
Hoy la gran mayoría de los pequeños y medianos empresarios agroindustriales sufren una Doble Nelson letal: la falta de financiamiento para capital de trabajo y la presión de los sindicatos. Tienen que sobrellevar el peso de las deudas acumuladas con proveedores y clientes, las intimaciones de la AFIP y la angustia mensual de juntar hasta la última moneda para cumplir con los sueldos de sus empleados. A lo que hay que sumar, en el peor de los casos, la vigilancia y coerción de algunos gremios que se han puesto muy beligerantes.
En el interior de nuestro país ya es un deporte hablar sobre el momento que pedirá la quiebra o entrará en convocatoria de acreedores tal o cual industria láctea, frigorífico o fabricante de maquinaria agrícola. Esta debacle generó una estrepitosa caída en el valor de los activos de las empresas alimenticias. De otra forma, los 50 millones de dólares que a fin de año pagó Arcor nunca hubieran llegado a comprar el 25% de una láctea líder como Mastellone Hermanos.
A la debilidad financiera de estas empresas sólo se le contrapone la creencia que la tabla de salvación está relativamente cerca. Que es cuestión de esperar la bonanza asociada a un mejor tipo de cambio y a la ausencia de persecución política y de medidas discriminatorias.
Este escenario sufrirá cambios drásticos. En circunstancias de debilidad financiera y bajo precio de los activos, buena parte de la industria alimenticia parece encontrarse en la arena de un circo romano esperando que le suelten los leones. Por ahora no hay noticias que hayan salido de compras, pero es evidente que los leones, o mejor dicho los Fondos, se encuentran en las gateras oliendo oportunidades de negocios. Lo ideal sería que las nuevas inversiones vengan a sumar empresas y actividades. Que no reemplacen valor, sino que lo generen. Hay optimistas como Bernardo Piazzardi, consultor y profesor en Agronegocios de la Universidad Austral, que creen que llegarán inversiones positivas para el desarrollo y focalizadas en regiones extrapampeanas. "Hay interés por actividades no tradicionales del agro. Por ejemplo, planes de inversión en tecnología y en nuevos servicios agrícolas. También se observa con mucho interés las provincias del Norte. Si las obras de infraestructura que propone el plan Belgrano logran desarrollar esta región, conectarla con Bolivia y Chile y hacerla competitiva, puede convertirse en un boom de inversiones y producción", dice.
Además del Norte hay otras regiones que generan interés. Como el demostrado por inversores en viñedos y bodegas de Cuyo, olivares en San Juan o los 23 productores australianos de ovinos que desde esta semana recorren la Patagonia para invertir.
Después de años de letargo, la inversión en el agro vuelve para ser protagonista.
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Sección Editorial

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