La relación que tenemos con nuestras mascotas nos llena de alegría y compañía, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre lo que significamos para ellos. Dejarlas mucho tiempo solas y no prestarles la atención suficiente, puede causar depresión y ansiedad.
Aunque parezca increíble los animales también pueden sufrir depresión, ya sea por componentes genéticos o por factores ambientales.
La depresión en animales se caracteriza por una bajada en la actividad psíquica, principalmente en el componente afectivo y la relación con sus dueños. Este trastorno responde a la falta de entendimiento entre el animal y su "humano".
El desorden emocional se presenta de manera alarmante en mamíferos como perros y gatos, pero también en reptiles y aves. Si su mascota comienza a marcar la casa con orines, a hacer hoyos compulsivamente, deja de comer y se la pasa todo el día echada, se vuelve agresiva, saliva extrañamente y vomita o se automutila, claramente está sufriendo un trastorno de ansiedad o una depresión. Morderse las patas, lamerse recurrentemente una zona determinada del cuerpo, comerse las uñas y mordisquearse la cola pueden ser la alerta para detectar una posible depresión en el animal. Las aves en cautiverio experimentan cuadros de estrés y depresiones severas principalmente por las condiciones de vida en las que se las tiene o por falta de actividad y aburrimiento.
Algunos indicios de la depresión son la constante apatía que tendrá nuestra mascota, la falta de ánimo para jugar, ausencia de apetito, muchas ganas de dormir o, por el contrario, insomnio e hiperactividad. La automutilación es una muestra clara de que necesitan la atención de sus amos o están enfadadas con algo en particular que las "obliga" a dañarse. El mayor problema de este trastorno es que el animal no puede comunicarse con sus dueños, ni explicar qué es lo que realmente le pasa, entristece o molesta.

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