Las pasiones jóvenes

Rodolfo Ceballos

Las pasiones jóvenes

La noticia recorrió el país y tuvo resonancia pública: algunos jóvenes del salteño San Antonio de los Cobres acabaron con su vida porque ellos sufrían lo peor.
En esa autoeliminación de chicos, el Estado apareció en su faz política y sanitaria. El intendente de San Antonio de los Cobres pidió ayuda para prevenir a otros jóvenes que puedan tomar la misma decisión de los que partieron; a su vez, el discurso de salud mental explicó que se enviaron psicólogos, psiquiatras, que hay capacitación, sensibilización sobre el problema y la contención técnica del problema.
El deseo de los idos en esta parte de la Puna argentina quedó explicado solo desde la política y el sanitarismo y, los sufrientes por las pérdidas de la vidas, lo hablan desde sus duelos.
El gentío que vive en un punto tan alto de la región latinoamericana es sufrido. Se miran desde la falta de redistribución del ingreso y de la participación ciudadana.
La escuela, el hospital y la fe, casi el único institucionalismo que existe, diseñaron a la mayoría de las familias pueblerinas, pero evidentemente no contienen a todos, menos a los jóvenes que han limitado sus vidas en la melancolía, ese estado psíquico tan drástico que oscila entre el amar lo elegido o morir.
No es la primera ves que los jóvenes más vulnerables de San Antonio de los Cobres están en la prensa como noticia preocupante. En el 2011 también se habló de ellos y, en el discurso explicativo de sus determinaciones trágicas, se dijo: "Las autoridades educativas, profesores y padres atribuyen los hechos al consumo de alcohol y a la falta de lugares de recreación para los jóvenes".
Desde otro solar de las ciencias se dice que los chicos que buscan acabar con su vida son inadaptados a su entorno. Eso implicaría que sufren de "adaptación tardía a la modernidad liquida" que les "acarreará consigo sentimientos de inferioridad, de ansiedad, de vergenza y que pueden traducirse en verdaderos problemas sociales con el objetivo fijo de acceder a jerarquías sociales, el consumismo y la acumulación".
Pensar a los jóvenes de hoy impone también otras ópticas, como la de discernir que sus muertes voluntarias son un mensaje dirigido justamente a ese discurso político, sanitarista, sociológico, que ignora su posición subjetiva, la de renunciamiento a su yo. Es decir, que ingresaron en el abandono y se quedaron sin un bagaje de deseos. El problema es que estos chicos de tristeza radical ignoran casi todo de por qué cayeron, como caracterizó el psicoanalista Jacques Lacan, en el "dolor en estado puro".
Hay que preguntarse ¿por qué tanta pasión de estos adolescentes por el dolor de existir? Ellos creen que lo que perdieron es lo que único que pueden desear, además, son posesivos solamente con esa pérdida. Lo perdido les mató el deseo, lo que motoriza la pulsión de muerte.
Y hoy leemos cómo en San Antonio de los Cobres los chicos tienen nostalgia por carecer de muchas cosas y, los más vulnerables están reenamorados de lo que no tienen, lo que facilita el colapso psíquico. En ese estado subjetivo callaron su sufrimiento, y se parece al silencio de la Puna donde viven.
Y mientras enmudecieron, inventan un modo de percibir la vida a través del fantasma. Construyen identificaciones imaginarias y no saben que gozan con el encuentro de su propia caída para así desaparecer. Es lógico que hubo un guión fantasmático que orientó con distorsiones la última decisión de los chicos transformándolos en objeto, en un no ser en la Puna argentina.
Estos jóvenes ya no se juegan en el interior de la palabra, sino en el pasaje al acto que los liquida.
La noticia de San Antonio de los Cobres muestra una satisfacción subjetiva que no ordena necesariamente el saber morir, aunque ellos crean que es lo único que hay como destino. La nostalgia repetida que ocurre en ese pueblo, es un síntoma visto en el 2011 y en el 2016.
¿Se busca calcular cuáles son los límites que permiten que los chicos inconscientemente se defiendan de lo que les falta dejando la vida?.
Jean Rousseau creyó que "La juventud es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla". ¿Una cuestión del saber hacer?
Si se extrapola al filósofo a la actualidad, entonces ser adolescente es posible, aún en la galaxia de los síntomas contemporáneos.

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