"No queremos que nuestros hijos sean muertos vivos". La historia de Norma Santillán parece un relato heroico, aunque ella lo minimice. "Yo le agradezco a Dios que me haya ayudado a sacar a mi hijo de la droga: No le agradezco que haya permitido que cayera en manos del paco", reseña.
Fueron doce años de lucha. Su hijo mayor, un adolescente, había quedado atrapado en la trampa mortal que el narcotráfico depositó en los barrios más humildes. El paco no perdona. Las Madres del Paco tratan de unir fuerzas, aunque a veces las tratan de "locas". El Estado crea instituciones para resolver los conflictos, pero a veces no sabe dar respuestas. En los barrios del sudeste el suicidio de adolescentes y jóvenes es cosa de todas las semanas. El paco los lleva al abismo, pero esa droga llega cuando el sentido de la propia vida se perdió de vista.
Norma Santillán le ofrecía su vida a Dios a cambio de ver a su hijo liberado de la droga.
En ese tiempo de pesadillas murió su mamá, angustiada por ese nieto ganado por la calle, "pero que nunca robó ni cometió delitos". Luego de esa pérdida, el muchacho dejó de drogarse porque, según contó, se le apareció la abuela pidiéndole que saliera de ese infierno. Hoy es un joven sonriente, que se gana la vida lustrando zapatos. Sus hermanos, quizá por esa experiencia tan dura, no salen a la calle.
Norma es una de las más activas luchadoras de Madres del Paco. Desenvuelta y extrovertida, se enorgullece de "no negociar ni aceptar nada que no sea para ayudar a las mamis". Las mamis que, como ellas, viven en un mundo de carencias invadido por el infierno.
Los centros de rehabilitación con tratamiento externo no brindan soluciones. En la calle, a la salida, el paco los está esperando.
Norma pide un centro de internación donde el paciente pueda estar acompañado por un familiar y que lo prepare para una salida laboral. "Los chicos no están los locos. Están enfermos y necesitan un tratamiento adecuado", dice Norma, a despecho de las teorías vigentes sobre "externalización" de los tratamientos.
La experiencia materna choca, a veces, con las convicciones terapéuticas.
"Los chicos están enfermos y para salir adelante deben las ganas y ver la posibilidad de un futuro mejor para ellos. Necesitan experimentar que se los quiere y que pueden construir un proyecto de vida", dice Norma.
Al Estado le reclama dos cosas: que termine con el narcotráfico, "que es una maquinaria de la muerte" y que cada funcionario ponga el corazón para escuchar y evitar que los chicos "sigan andando por la calle como los muertos vivos de Michael Jackson".
"Que se jueguen por la vida".

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Vicente Leo
Vicente Leo · Hace 16 días

Cuando yo era adolescente, las drogas eran un problema que sucedía lejos de nosotros, generalmente en los EEUU. Recuerdo ser incapaz de entender como, allí y entonces, alguien se la podía vender a los niños que concurrían a las escuelas. En el secundario, por las dudas, recuerdo que nos dieron una clase sobre distintas drogas. Los disertantes eran bioquímicos y como tales se ufanaban en mostrarnos las fórmulas desarrolladas de las moléculas. Ni ellos mismos comprendían como afectaban a las neuronas esas moléculas, sin embargo, la conclusión era unánime: hacían daño.. Nosotros entendíamos que eso era cierto y ni en broma hubiéramos osado, de tenerlas a nuestro alcance, hacer el mínimo intento por probarlas. Hoy las cosas son muy diferentes, las drogas están entre nosotros, se venden a nuestros alumnos, hay políticos y policías implicados en su tráfico. Los diarios de vez en cuando informan de casos descubiertos, donde aparecen estos desalmados funcionarios. Como país en contínuo deterioro económico el consumo mayoritario sale de inmundas "cocinas" que fabrican los productos más baratos y también más tóxicos, aquellos que degradan a la más vil condición animal al ser humano. No puedo entender al "cocinero" que se disculpa diciendo "si no lo hago yo lo hace otro, por eso lo hago yo", tampoco a los que trafican y venden la mercadería. No sé de nadie de ese submundo miserable que haya terminado sus días en paz. ¿Entonces porqué lo hacen? Es fácil venderles paraísos artificiales a jóvenes ingenuos que nunca han hecho el mínimo esfuerzo por estudiar o trabajar. Los famosos ni ni. Las acciones perversas, como las benévolas, son reflexivas vuelven sobre quienes las ejecutan. Quien siembra odio, cosecha odio, quien siembra amor, cosecha amor. ¿Es tan difícil comprenderlo? ¿Es posible que ciertos mayores no adquieran con la edad la sabiduría que entregan los años ? Todos debemos denunciar lo poco que podamos conocer sobre este tema , en tanto, los que reciben nuestras denuncias no deben dejar caer en saco roto nada, si lo hacen son cómplices. De esa complicidad, por la aludida reflexión, puede depender el futuro de sus hijos. Mi total solidaridad con las madres que luchan por rescatar a sus hijos.


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