Donald Trump desafía a sus críticos, y este es uno de los aspectos que sus seguidores más admiran de él. Es llamativo, crudo y filosóficamente impreciso: él debería haberse venido abajo como candidato presidencial republicano hace mucho tiempo.
Sin embargo, su importante victoria en las primarias de Nueva Hampshire finalmente demuestran que sus resultados en las encuestas nacionales pueden convertirse en votos. Trump puede ganar. Deben detenerlo.
Trump es un magnate de los bienes raíces que ayudó a transformar el horizonte de Nueva York en los años ochenta, antes de dedicarse a un imperio de casinos y ventas al por menor que incluye una línea de ropa de mal gusto. Previamente se identificaba como un independiente y demócrata, antes de aparentemente cambiarse a la derecha hace diez años.
Cuando entró a las primarias presidenciales republicanas, muchos de nosotros lo descartamos como un ardid publicitario. El hecho de que fuera una publicidad tan mala debió habernos dicho que estábamos equivocados. Trump atacó a los inmigrantes ilegales, -tildó a muchos de ellos de "violadores" y afirmó que "algunos, asumo, son buenas personas"- y prometió rodear el país con un muro.
A partir de ello los expertos dedujeron que él era de extrema derecha, si no es que un nacionalista como Marine Le Pen de Francia. Pero su atractivo resultó ser más complejo.
En algunos temas nacionales es más del ala izquierda: salud, gasto en infraestructura e impuestos. En temas sociales, como la inmigración, su apariencia de tipo rudo toca una fibra sensible con las personas que sienten que han sido traicionadas por un débil liderazgo nacional y silenciadas por la corrección política.
La campaña de Trump plantea un desafío para el liderazgo del Partido Republicano y su "establishment" conservador. El liderazgo no ha logrado defenderse porque se encuentra tristemente dividido.
¿Pueden los republicanos moderados unirse para derrotar a Trump?
Existe una oportunidad de frenar a Trump en Carolina del Sur el 20 de febrero. Ese estado es más conservador desde el punto de vista ideológico, con un liderazgo partidario local más fuerte y una tradición de preferir a los candidatos de las corrientes tradicionales. Sin embargo, si el campo moderado sigue estando dividido, es muy probable que Trump gane de nuevo.
Trump ha cumplido con un propósito útil: ha minado la arrogancia del "establishment" y ha demostrado que el carácter puede derrotar a grandes cantidades de dinero en la política estadounidense. Sin embargo, él representa una política de protestas, y eso rara vez se traduce en un buen gobierno.
A Trump no le interesan las cosas por las que los conservadores regulares han luchado durante toda su vida: el control del aborto, la protección del matrimonio y la reforma al mercado del cuidado de salud. Su inclinación a ampliar el gobierno y ponerlo del lado de su pueblo no es terriblemente constitucional. Y su afirmación en un debate en relación a que el propósito del conservadurismo es preservar la riqueza es espiritualmente empobrecida.
El Partido Republicano tiene que detenerlo... antes de que sea demasiado tarde.
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