Pasaron largos cuatro años hasta que la Municipalidad de Aguaray hiciera justicia y le restituyera al hogar de niños "Jesús de la Divina Misericordia", su casa, el lugar físico donde funcionó durante 15 años desarrollando la tarea noble y digna de darle calor de hogar a niños en situación de calle y en riesgo social.
En septiembre de 2012 el hogar de Niños de Aguaray había caído en desgracia luego de que una psicóloga contratada por la administración municipal del entonces intendente Juan Carlos Alcoba, denunciara por malos tratos a su creadora y directora, Beatriz Villarroel. En ese momento eran 19 los chicos en situación de riesgo alojados en el Hogar, que funcionaba en una casa perteneciente al municipio. Por la denuncia, 16 chicos fueron distribuidos en diferentes instituciones del departamento San Martín; pero con Beatriz quedaron tres hermanitos. Los chicos estaban bajo la protección de esta mujer desde 1997, cuando con 4, 3 años y 18 meses de vida habían sido dejados por su madre, una mujer sumida en la pobreza más extrema. Los niños hoy son adultos, dos de ellos efectivos de la Gendarmería Nacional Argentina y el tercero empleado municipal. Ellos fueron el motor para que Beatriz, quien un año antes había perdido un hijo adolescente en un trágico accidente de tránsito, le diera vida al Hogar Divina Misericordia.
Recientemente, la presidenta de la ONG Jesús de la Divina Misericordia, Beatriz Villarroel, recibió la mejor noticia: "Finalmente los concejales actuales aceptaron el comodato que les solicitó aprobar el intendente Alfredo Darouiche a favor del hogar, para que nuevamente contemos con la casa. Cuando en el año 2012 nos dijeron que teníamos que dejar el lugar que el municipio nos había cedido por años en comodato, estaba totalmente equipada con camas, sillas, mesas, juegos, cortinas, cocina industrial, vajilla, ropa de cama. Hoy no hay nada, pero no importa; así como comenzamos en el 97, vamos a comenzar de nuevo porque los niños vulnerables, en situación se riesgo, necesitan un hogar, con todo lo que eso significa" explicó Beatriz.
Desde 2012 la presidenta de la ONG nunca dejó de trabajar, "pero como no teníamos una casa donde alojar a los chicos íbamos a los barrios y a las comunidades aborígenes donde sabíamos que nos necesitaban. Afortunadamente, desde un comienzo tuvimos el apoyo del Dr. Alfredo Darouiche. Cuando ganó la intendencia supimos que otra vez íbamos a contar con la casa que nos había sido prácticamente arrebatada en el 2012 por una denuncia falsa; pero ahora eso quedó atrás, hay que mirar hacia adelante", dijo Beatriz llena de optimismo y con proyectos a concretar para dotarla nuevamente con todas las comodidades que requerirá para que allí residan niños en situación de riesgo.

Denuncias desestimadas

Cuando la entonces jueza de familia Ada Guillermina Zunino recibió la denuncia que formalizó una psicóloga, en la que aseguraba que los niños del hogar eran sometidos a malos tratos físicos y psicológicos, la ONG perdió la casa donde funcionaba en el barrio Oleoducto. Allí estaban alojados los 19 menores, la mayoría de los cuales había sido puesta en el hogar por los juzgados de Familia.
Colapsados como estaban los hogares de Tartagal y Salvador Mazza, la alternativa para los niños en riesgo era el hogar de Aguaray, que hasta ese momento no recibía ninguna ayuda del Estado. Sin embargo, a pocos meses de recibir un primer subsidio, sobrevino la denuncia de la psicóloga por supuesto malos tratos.
"Pasó mucho tiempo hasta que se comprobó que nada de lo denunciado era cierto. Lo triste es que hasta que eso se comprobó los niños vulnerables perdieron un lugar físico donde ser alojados y quienes trabajamos por ellos perdimos la oportunidad de ayudarlos" reflexionó Beatriz.
A pesar de quedarse sin hogar, la directora de la ONG Divina Misericordia decidió seguir criando a los tres hermanitos, que en el año 2012 ya eran adolescentes. "Yo digo que son mis hijos y ellos me dicen mamá. Las dos nenas mayores son suboficiales de Gendarmería Nacional y están en otra provincia, y el menor, de 21 años, es empleado municipal. La vida me ha recompensado tanto que hoy lo único que quiero es trabajar para equipar la casita de nuevo y recibir a muchos niños que lo necesitan", dijo llena de esperanzas esta mujer que años antes de abrir el hogar había perdido lo más preciado: un hijo adolescente que murió atropellado por un conductor ebrio.
"Este 4 de noviembre se cumplirá un año más de la muerte de mi hijo Gabriel, que hoy tendría 36 años. Lo recuerdo con todo mi amor y la mejor manera de honrar su memoria es trabajar por los niños que más lo necesitan; no tengo mejor recompensa", expresó Beatriz, una mujer valiente que supo rehacer su vida con solidaridad y entrega, sobre la base de una tragedia personal. Un verdadero ejemplo de resiliencia, de transformar el dolor en amor para brindarlo a manos llenas.

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