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Le tocó el turno a una calle del Hipódromo
Cuesta creer. Obreros y maquinarias municipales trabajan, por fin, en la reparación del pavimento en la calle Marcelino Freyre, la diagonal que separa el barrio Hipódromo con el lateral norte del diarioEl Tribuno.
Es solo una cuadra, larga, pero una sola. En su trayecto, por lo menos tres sitios puntuales donde los autos deben detenerse, volver a poner primera y salir nuevamente si no se quiere dejar ahí parte de la carrocería o el tren delantero. En esos lugares las placas del pavimento están levantadas, partidas, sobrepuestas.
Un freno ineludible para los autos, por más apurados que estén sus conductores. La única alternativa para sortear esas "trampas" es desviar por la banquina, rozando el tejido perimetral del diario o, para otro lado, viajar sobre las veredas del barrio. Ni hablar de lo que ocurre cuando llueve y el agua lo cubre todo y no se advierten a simple vista los problemas: entonces, son totales las posibilidades de caer en esos pozos y quedar con el auto colgado.
La calle tiene intenso movimiento vehicular. Por ahí desvía el tránsito para los barrios El Periodista, Intersindical, Aráoz, El Tribuno y otros de la zona sur.
Los más memoriosos le dan semejante despropósito urbano por lo menos dos décadas de vida. Dos décadas durante las que no hay registro de arreglos, ni siquiera de esos "provisorios para siempre", que suelen abundar. Esa calle no recuerda haber recibido en su traza empleados y máquinas municipales dispuestos a romper para arreglar, como se está viendo en estos días en ese lugar.
En horas más, cuando el pavimento vuelva a lucir como merecen los contribuyentes salteños, se habrá cerrado un capítulo para el olvido. Y se habrá abierto el de la esperanza de transitar por calles en buen estado, dignas de una ciudad que, pese a todo, nunca quiere dejar de ser "linda".

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