"Mi nombre es Lilian Beatriz Ruiz, nací y me crié en la ciudad de Embarcación, y decidí contar mi historia para que alguien me ayude, ya que no cuento con los medios económicos para pagar un abogado. Vengo de una familia de conductores de locomotoras del ferrocarril: mi abuelo Manuel Ruiz fue uno de los primeros maquinistas en Embarcación, mi padre Rubén Dardo Ruiz, también fue maquinista. Mis tíos, hermanos de mi padre, todos fueron maquinistas de la línea General Belgrano. Hace 5 años le presenté mi solicitud de aspirante a la carrera de conducción a los delegados de la Fraternidad y ellos vienen pateando mi sueño, negándome la posibilidad y arruinándome el futuro solo por ser una mujer que aspira a hacer un trabajo considerado de varones..."
Esta fue la forma en que Lilian Ruiz pidió ayuda hace ya un mes, a los medios de comunicación. El Tribuno publicó su caso y ella recibió una llamada desde el Ministerio de Derechos Humanos y Justicia de Salta ofreciéndole los servicios de una letrada para llevar su caso. Aceptó feliz la posibilidad de avanzar en esta lucha a la que le sobran faldas pero le faltan billetes, pero desde esa llamada nunca más tuvo señales de ayuda ni se volvió a comunicar con ella nadie para reposicionar su caso en la búsqueda de justicia.
"A la que nunca me cansaré de agradecerle su apoyo es a Cristina Ruiz Antunez, coordinadora de Equidad de género del Ministerio de Trabajo de la Nación. Siempre me alentó a luchar y me dio los medios, pero hay instancias donde una se topa con la pared. Por eso pedí ayuda pública y por suerte me llamaron desde De rechos Humanos de la Provincia para decirme que se iban a hacer cargo de mi caso. De esto ya pasaron dos semanas y no supe más nada. Los delegados de la Fraternidad están en Embarcación y les voy a pedir explicaciones sobre el destino de mi currículum y de mi petición de entrar al Ferrocarril. Ellos reconocieron públicamente la discriminación, pero ¿qué hago con eso? no cambia nada en mi vida ni en la sociedad que se mueve con mucha hipocresía con estos temas de género".
El caso de la salteña Mirta Sisneros llegó hasta la Corte Suprema de Justicia por la negativa de empresas de transporte urbano de pasajeros para que mujeres pudieran conducir colectivos. La lucha para poder igualar las condiciones, no siendo un impedimento el sexo, fue fructífera y desde el fallo a favor, la Autoridad Metropolitana de Transporte debió abrir las puertas a las aspirantes, tanto que hoy varias líneas de SAETA son conducidas por mujeres. Sin embargo, una vida entregada a esta lucha por la igualdad, dejó hastiada a Mirta.
"Mirta Sisneros se solidarizó conmigo, me ofreció su casa en Salta, yo la admiro y le agradezco, pero no quiero que me pase lo mismo que a ella, que no pudo cumplir su sueño porque se pasó la vida luchando, sirve esa lucha a otras generaciones pero en lo personal quedás frustrada y no quiero que me pase eso. Quiero que no haya tanta hipocresía en la sociedad. Yo puedo hacer muchas cosas de hombres muy bien y lo demuestro todos los días en mi taller de herrería artística, donde manejo una soldadora con bastante habilidad".
El convenio colectivo de trabajo entre la Fraternidad y los Ferrocarriles dice que tendrán prioridad para ingresar en un 80% los hijos de maquinistas, en un 15% los hijos de otros operarios de ferrocarriles y en un 5% la gente que no tenga parentesco alguno con los ferroviarios. Agarrada a todos los argumentos legales y a su sueño de andenes, Lilian iba a cumplir 24 años cuando presentó todos los documentos requeridos por la Fraternidad para ingresar a la base de datos del Ferrocarril. Cuando Omar Maturano, secretario general de la Fraternidad, fue requerido por el Inadi por la discriminación a Lilian Ruiz, el dirigente dijo desconocer por completo el caso.
"Ricardo Vega, delegado de la Fraternidad me prometió hace 5 años presentar mis papeles y al parecer nunca llegaron porque Maturano dijo desconocer mi caso y que mi edad de ahora no corresponde con los requisitos, pero hace 6 años que lucho por esto y se me pasó la edad esperando una respuesta positiva. Los delegados Vega y Melgar admitieron que la empresa Belgrano Cargas no acepta mujeres, y el Inadi dictaminó que es una discriminación grosera. Pero yo sigo en mi casa, trabajando en mi taller de soldadura para sobrevivir, esperando cumplir mi sueño de ser maquinista, que es también el sueño de mi padre".
Lilian tiene una marcada afición por desarrollar tareas que culturalmente han sido signadas con el sello masculino. Era una adolescente cuando se fue a estudiar a Morillo Tecnicatura en Producción Animal. En esas tierras norteñas aprendió a hacer empanadas de charqui y se hizo famosa en Embarcación vendiendo muchas docenas. Tiene una hija, Marcia, y a su esposo, Diego, quien la apoya en todas las cruzadas. Con él pusieron un taller de herrería artística y soldadura donde trabajan codo a codo. Todos los días se la puede ver a Lilian con su casco y el delantal de cuero, llenando el aire de chispas, "ardiendo la vida con tanta pasión que no se puede mirarla sin parpadear, y quien se acerca se enciende". (Galeano)

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Davor Dovadija
Davor Dovadija · Hace 1 mes

Y que tiene que ver la foto de Pieve con LIlian?