Uno de los doce trabajos que hicieron famoso a Hércules consistió en limpiar, en un solo día, los establos del rey Augías, donde nunca se había sacado el estiércol. Una tarea bastante parecida espera al presidente Macri con nuestro Estado, tan hediondo como aquellos establos. Como ocurrió en 1983 con el "show del horror", cada día conocemos un nuevo caso de su íntima putrefacción.
La triple fuga mostró la ineficacia y corrupción de las fuerzas de seguridad e inteligencia. No hay gobernador que no haya encontrado la caja provincial sin fondos e inmensas deudas no contabilizadas. Las oficinas públicas están tan desmanteladas como rebosantes de empleados, sin tareas ni lugar para sentarse. Las recientes condenas por el accidente de Once recuerdan la mortífera combinación de funcionarios corruptos, empresarios amigos y subsidios. Milagro Sala muestra la formación un mini Estado privado, manejado con autocracia señorial.
Los argentinos tenemos un Estado destrozado e inutilizado por gobiernos que así acumularon poder discrecional. Cada uno de sus aspectos fue ampliamente discutido; la crisis de institucionalidad y del Estado, la corrupción, la ineficacia de la administración pública, la desjerarquización de su personal y el deterioro de su ética. También se discutió cómo fragmentos de ese Estado -como la AFIP o la SIDE- eran usados para construir una discrecionalidad en el límite de la democracia. Poco Estado y mucho gobierno es una fórmula que muchos usamos para caracterizar globalmente esta situación.
Hoy la reflexión sobre este tema se centra en la era kirchnerista y en el narcotráfico. Con razón, porque hubo una exacerbación de los procesos que conforman la crisis estatal y porque, además, medio país aceptó la versión oficial de que el gobierno estaba recuperando el Estado. Pero sería un error suponer que se trata sólo de enmendar doce años de desaciertos. La crisis estatal lleva ya cuatro décadas y contribuyeron a ella, por acción u omisión, todos los gobiernos, de Isabel a Cristina.
A mediados de los años setenta todavía era reconocible el Estado construido a fines del siglo XIX y reformulado a mediados del XX. Aquel Estado se caracterizó por su potencia, es decir la capacidad de formular políticas y sostenerlas a través de un período prolongado, como ocurrió con la educación o, en otro con texto, con la promoción industrial.
Las radicales respuestas a las crisis coincidieron con la gran transformación de la sociedad y de la economía, cuyos efectos fueron la polarización social y la formación del mundo de la pobreza. Desde 1976, mientras el terrorismo estatal clandestino lo subvertía, se reclamó achicar el Estado, convertido en la fuente de todos los males. De ese nudo arrancan casi todos los procesos cuyas consecuencias hoy padecemos.
¿Qué ética del servicio público puede sobrevivir a un gobierno que asesina clandestinamente? Allí están hoy la Bonaerense y buena parte de la Justicia, para recordarnos la persistencia de este daño inicial. El alegado achicamiento del Estado no fue entendido como un adelgazamiento fortalecedor sino como privatización de todo lo vendible y simultáneamente la jibarización de las oficinas destinadas a controlar a quienes se hicieron cargo de los servicios públicos. De ahí en más, la relación entre un Estado decadente e intereses prebendarios fue haciéndose cada vez más íntima. Así lo reveló la corrupción de los años noventa y también el modo kirchnerista de organización del expolio en beneficio del grupo gobernante.
Todo esto existía antes del kirchnerismo, aunque Néstor y Cristina inventaron nuevas formas para profundizar la crisis estatal. Esto es lo que recibe el nuevo gobierno. Lo que tiene que hacer es claro en sus líneas generales. Restablecer un Estado normal. Recuperar una gestión eficiente y honesta, con funcionarios capacitados y preocupados por el buen gobierno. Alentar las iniciativas privadas y desterrar las relaciones espúreas entre empresarios y gobiernos. Restablecer el Estado de derecho y la dimensión ética de la función pública.

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PATROCLO REY
PATROCLO REY · Hace 10 meses

POR ESO HAY QUE ESTUDIAR NO HACERSE LA YUTA . LOS ORDINARIOS SON GENTE QUE NO PUDIERON LIBERARSE DE SUS MISERABLES CADENAS , PERO POR DOS PESOS A CAMBIO SE DEJAN ROBAR HASTA EL APELLIDO

Arturo Isola
Arturo Isola · Hace 10 meses

CUANDO SERA QUE EMPIECEN A PUBLICAR E INVESTIGAR LOS CASOS DE CORRUPCION DE LA PROVINCIA, LOS POLITICOS, EL PODER JUDICIAL CUANDO SERA EL DIA QUE HAGAN DE CUARTO PODER NO DE COMPLICES

Elena Capasso
Elena Capasso · Hace 10 meses

Qué satisfacción poder leer en este diario que -convengamos- no se caracteriza por tener buenos redactores, una noticia tan bien encarada y redactada. Mis plácemes al señor Luis Alberto Romero

gilberto pereyra
gilberto pereyra · Hace 10 meses

Estoy en todo de acuerdo, sin la reestructuraciòn o reformulaciòn de los organismos del estado junto con la ética pública de todos los estados, nacional, provincial y municipal, cualquier esfuerzo para mejorar nuestro país no tendrá el éxito esperado.

zona mc entrega
zona mc entrega · Hace 10 meses

por Dios ....que trabajo le espera . Ahora deberian estudiar que influencia hubo o en realiad que hicieron en la mente de la poblacion para que se obnubilara con el modelo K al punto de defender lo indefendible , justificar el robo , y todo lo negativo de estos corruptos , ( mensajes subliminares)


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