Y al fin llegó el invierno. Las ventanas se cierran y se cubren de gotitas de vapor y cortinas: se hace difícil salir con los tajos del frío esperando por los descuidados.
Las propuestas para abandonar el confort de las casas, deben tener el calor que perderíamos llegando hasta ellas. Y como son tenues como promesas de llamas que reverberan en la distancia, volvemos al encierro.
Son buenos días para volver a la lectura. ­El placer de los libros! Se trata de un goce venido a menos, sin duda, en esta época en la que la imaginación viene servida a la carta. Un placer vapuleado por una educación que ha perdido el camino con los libros: los obliga, pero raramente los enseña a disfrutar.
Recordamos días similares en la distancia. Horas con aroma a pan caliente y manteca, a café. Con la compañía de Sandokán y El Zorro, o trepados a naves estelares con las que pudiésemos atravesar las tardes sin amigos con quienes jugar, en la calle desierta y helada. Es que el destino de todos los niños en invierno, en general es taciturno y esforzado. Un buen momento para poder tender puentes de rescate y ser uno quien lea para los niños, el héroe que les descubra los miles de mundos que pueden guardarse en las páginas de un libro.
Desde las editoriales ya nos advierten cuáles han sido los libros más vendidos en lo que va de junio: "El cazador de historias", de Eduardo Galeano; Siglo XXI, en ficción, y "La ruta del dinero K", de Daniel Santoro, Ediciones B, en no ficción. Hasta el libro post mortem de Galeano, Florencia Bonelli venía primera con su novela "Almanegra", de su Trilogía del Perdón. Es que son buenas horas para que las historias de romances ardan las mentes de los cuerpos con frío.
Dice Eduardo Benedetti, de Librería Rayuela, que son las mujeres quienes más compran libros. Una tendencia que se había asomado y ahora parece acentuarse. Y si uno se da una vuelta por los escaparates, confirma esta realidad: los varones han entrado en una suerte de pereza intelectual. O se han extraviado los temas literarios que puedan atraerlos, en medio de la lucha por la sobrevivencia del más apto.
Pensamos que los libros no deberían ser artículos de lujo, sino mercancía de primera necesidad. Sobre todo en el invierno, como el gas, la electricidad o una oportuna frazada.
Las películas -y la televisión- se vuelven otra alternativa mas o menos aceptable. En la TV codificada podemos encontrarnos con una de las nuevas formas que ha tomado la narración de aventuras para hacerse de su propio espacio: las series. Las hay de todo tipo y calidad. Hay que buscarlas.
Pero la noche más larga del año ya ha pasado por Salta y sus escombros se notan a cada paso. ¿A dónde se han ido a refugiar los picheros de la calle? ¿Lograron hacerlo o se los llevó el indiferente perro gris de la temperatura? Es imposible no pensar en las heladas apretando los ranchos de San Antonio de los Cobres, de Tolar Grande, de Olacapato. En esas piernas desnudas y polvorientas caminando sobre la escarcha y el olvido. Sobre las tremendas distancias del país que parecen hacer zozobrar cualquier intento de ganarle a este frío.
Y entonces volvemos a encerrarnos en nuestras casas, seguras y calientes. Pero, ¿es la estufa la derrota del invierno? Para nada. Es apenas un intervalo, la concesión de una tregua, mientras afuera reina la estación. Porque lo que de verdad nos devuelve la resolana debajo la piel, es saber, es estar seguro, de que este invierno también pasará, como pasa todo. Y que volverán el sol y los jardines, como sucede la risa al llanto, la luz a las sombras.
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Álvaro Figueroa
Álvaro Figueroa · Hace 5 meses

Felicitaciones, Daniel Sagárnaga, por su nota, que mira todo el conjunto y nos recuerda (si hiciera falta) que a la par de casas "seguras y calientes", hay salteños de "piernas desnudas y polvorientas", a lo mejor sin una "oportuna frazada" que les haga realidad la esperanza.


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