Las nuevas previsiones del FMI para la región dieron más tela para cortar y algunas imágenes que causan enorme preocupación: pensar que aunque la economía brasileña se recupere de la caída que enfrenta ahora tendría crecimiento nulo durante todo 2017 habla a las claras del momento que viven los países del Sur en nuestro hemisferio.
"La desaceleración de América Latina continúa", puede leerse por estas horas en el sitio web del Fondo Monetario Internacional, poniendo otra vez sobre la mesa el impacto en la caída de los precios de los commodities.
El contexto más amplio ya se conoce: la "recuperación" global desde la crisis financiera de 2008 aún tiene la representación gráfica de un electrocardiograma que no termina de "remontar".
El informe dado a conocer esta semana por el Fondo deja en claro que 2016 será el segundo año de contracción de América Latina y el Caribe: una caída del 0,5 por ciento en el año.
Para ponerlo en perspectiva, los técnicos del Fondo Monetario destacan que se concreta así el primer bienio de caída económica en esta región desde que estalló la crisis de la deuda externa en el período 1982-1983.
A partir de este panorama regional, el FMI reparte sus simpatías, como es habitual entre los distintos países: se muestra muy crítico de la dura situación económica brasileña y venezolana y pondera a otros países.
Prevé así que México -pegado a cierta recuperación de los Estados Unidos- crecería 2,4 por ciento en 2016 pero en una región (el Fondo Monetario Internacional la ubica en Centroamérica y el Caribe) que se ve beneficiada por la caída en el precio del petróleo y tendría un nivel de aumento en su producto de más del 4 por ciento.
Chile también siente el impacto de la caída del cobre y solo crecería 1,5 por ciento este año, en tanto que los técnicos del organismo con sede en Washington le dan un guiño político al gobierno de Mauricio Macri previendo que la Argentina se recuperará en 2017.
Después de avanzar con las previsiones, el Fondo abre el paraguas hablando de "riesgos".
Es que -recuerda-, entre el 15 y el 25 por ciento de las exportaciones de Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Venezuela se dirigen a China y si la situación en ese país empeora, el impacto en la región se sentirá con fuerza.
También el organismo advierte que si la situación en Brasil se deteriora aún más, esto tendría consecuencias para los socios comerciales en la región -sin nombrar a Argentina, la referencia es clara-.
El otro tema que sigue preocupando al Fondo es el de las empresas que estén demasiado endeudadas en dólares -aquí no hablamos de las locales-.
Si esas compañías entran en más problemas, pueden volverse al mismo tiempo reticentes a invertir.
Cuando el fondo mira el mediano plazo reconoce que el crecimiento "bajo" podría continuar para América Latina durante los próximos cinco años, en virtud de la situación que atraviesan las materias primas.
En ese contexto, los técnicos del organismo internacional hablan de la flexibilidad en el tipo de cambio -devaluaciones- como un elemento crítico para que las economías regionales capeen el temporal.
La ortodoxia del Fondo también apeló a las autoridades de los bancos centrales para que mantengan su "credibilidad" y mantengan bajo control la inflación.
La situación preocupa y no es para menos en la región del planeta más desigual del mundo, que sigue enfrentando desafíos no solo económicos sino también políticos de enorme envergadura.

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Sección Editorial

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