"Un día cuando me hallé sin asistencia y sin trabajo decidí compartir mi casa con los animales que deambulaban como yo por el barrio Ciudad del Milagro. Allí compartí con ellos no solo mi techo sino mi cariño y mis pocos alimentos. Años después, un día cualquiera, me quedé sin casa, por las persecuciones vecinales, las habladurías y las promesas municipales", dijo Francisco Capasso (68), el hombre que desde 2013 vive en las inmediaciones de la plaza Belgrano, en pleno centro salteño.
Abandonó la casa por exigencias de sus vecinos y una promesa municipal de restaurarle el techo para que su hogar volviera a ser habitable. Sin embargo, dice, jamás cumplieron y debió convertirse en un refugiado más, de los cientos que habitan nuestra capital.
Ya en la calle, sin su jauría a cuestas, decidió que la plaza Belgrano reunía las condiciones de seguridad.
"Vine porque aquí está el corazón de la Policía, además es la plaza al prócer más digno de nuestra historia. Aquí me afinqué a la espera de una solución habitacional y encontré un rincón en las escalinatas públicas del edificio municipal. Hoy -por el jueves- no me dejaron ingresar ni siquiera al baño y eso que yo no molesto a nadie, no fumo ni bebo. No he hecho de la mendicidad mi profesión, porque gracias a la perseguida mujer que alguna vez fue mi presidenta tengo una pequeña jubilación. La jueza de Garantías 8 Claudia Puertas ordenó mi desalojo de las escaleras de un edificio público, las que se construyeron sobre la vereda, ni siquiera dentro de lo que es el edificio municipal y sin embargo no son públicas".
Luego dijo: "Lo que ayer dijeron algunos funcionarios hoy es letra muerta. A pesar de haber ganado en la Corte Suprema de la provincia un recurso por asistencia a la Municipalidad, esta sentencia jamás se materializó. A cambio fui detenido en 20 ocasiones, sin argumentos y liberado una y otra vez hasta que interpuse un hábeas corpus. Del edificio público me pudieron correr, pero solo me echaron junto a mi perro a la plaza".
"Resistí 1.300 noches bajo las estrellas sin molestar a nadie, 1.300 días esperando respuestas sin molestar a nadie, he tenido sentencia a mi favor que durante 1.300 días no respetó nadie, esa verdad duele".

En la gloria del general Belgrano

Desde el 2013 reclama un convenio que firmó con Roque Mascarello para volver a su casa. Hoy lo que era su domicilio es un campo minado. Francisco Capasso es el dueño de una casa en Ciudad del Milagro que por diversas cuestiones quedó inhabitable. Por orden judicial, la Cooperadora Asistencial debía colaborar con el hombre para que pudiera abandonar las inmediaciones de la plaza Belgrano, donde duerme a la intemperie hace 1.300 días -o más- y regresar a su casa. Vale recordar que personal de la Cooperadora entró al domicilio de Capasso en mayo de 2013 y luego de intentar limpiarlo, informó que allí había al menos 23 perros, algunos ya muertos por hambre.
"Vino un patrullero a buscarme y me llevó a la Municipalidad para firmar un convenio. Aquella letra decía que iban a arreglar mi casa en 45 días. Bah, creo que esta noche de frío voy a adelantar los fogones, porque la guardia de las estrellas la vengo soportando desde el 2013".
"Me pregunto -dijo- ¿habrá algún ciudadano que haga cumplir los derechos y las garantías de los argentinos, habrá alguien a quien no le molesten los pobres y haga algo por ellos que no sea condenarlos a vivir junto a los perros y en las escalinatas de edificios públicos?".
"Tal parece que no, porque en mi caso, he peleado cada argumento de mi vida y sin embargo vean el resultado y eso que gané en lo judicial", finalizó.

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