¿Mudanza o Viaje?
Qué placer es abrirte y saber que no me olvidé nuevamente el cepillo de dientes, que no se derramó el champú y que los cables conectores están todos.
Y allí sobre la cama, como descansando del estrés, su majestad la valija, abierta como una sonrisa plena, se vuelve a reir de las desventuras de armarla.
Para los que amamos el nomadismo, armar una valija es todo un proceso, nunca un suceso, y pone a prueba atributos cognitivos únicos, como la contextualización, la memoria a corto, mediano y largo plazo, la exploración visual, las texturas que se secan velozmente, las tres dimensiones, el peso, y tantas otras cuestiones inherentes, todo un entrenamiento de efectividad.
Primero ¿Qué clima tendremos? Con esta información podemos acotar un virus que aceha un mal armado... el famoso lo pongo por si acaso que traga espacio y genera el tan displacentero peso que pone en riesgo la catástrofe de que se rompan las rueditas y parezcas un corredor de rally. Tener en cuenta que la mejor campera es la que podemos evitar llevar.
Segundo: ¿Cuántos días? y aquí aparece la primera contradicción, un viaje largo necesita proporcionalmente menos elementos que un viaje corto, pues lavar la ropa es una acción clave y si de eso se trata, incorporar ropa que se seque velozmente es una elección inteligente y además que la plancha no haga falta, por eso el lino es un amigo de los viajantes ya que arrugado igual queda bien.
Tercero: ¿para qué vamos? Focalizarse específicamente en el objetivo del viaje y desmantelar el apero también, que hace que llevemos más cosas por lo posible que por lo real generando un tour de cosas que no salen de la valija.
Y allí me lanzo a poner lo que preparé en la cama para poder ver bien las combinaciones máximas posibles con las mínimas piezas, rellenando zapatos para ocupar el aire, haciendo sushi con las texturas blandas, cuidando que estén abotonadas las camisas, sellando los líquidos para evitar derramamientos letales. En el fondo lo más pesado, en el medio lo más frágil, arriba lo que podríamos necesitar de emergencia, en los vértices lo pequeño ya que allí siempre milagrosamente hay lugar para algo más, ¿qué sería de una valija si no tuviera vértices?
Los zapatos: la planta siempre apuntando hacia afuera aunque estén envueltos; como así también los libros en los márgenes, hacen de armadura y contención ante la ausencia de cordialidad de los estibadores.
También aprendí a no viajar con valijas de marca pues son las primeras que seducen a ser robadas, es más, mis valijas siempre tienen algo deteriorado y nunca se fueron con otro.
Armar una valija efectiva es directamente proporcional a tu conexión con el desapego: mientras más cosas necesitás peor armás tu valija y ni que hablar del colmo de los colmos: ir con una valija para dejar todo y volver inclusive sin valija.
La clave es aprender que somos lo que NO necesitamos. Ahora si... ¡me voy a armar la valija! chau.

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Sección Editorial

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