A José Luis Planisig lo persiguen las pesadillas. La trágica y fría noche del 26 de junio de 2012 lo sorprendió cumpliendo con su deber muy lejos de su querido Tartagal, a unos 70 kilómetros de Puerto Madryn. Faltaban 15 minutos para las 7 de la mañana, pero todavía era de noche en ese crudo invierno sureño. Los 120 gendarmes venían durmiendo en el colectivo. Estaban cansados después de cumplir tareas para las que nunca se habían preparado, lejos de las fronteras. Por una polémica determinación de la Presidenta habían ido a sofocar una toma en el yacimiento Cerro Dragón por parte de trabajadores petroleros de Comodoro Rivadavia. Dicen los partes que un camión con granos se cruzó de carril en plena recta. Luego la explosión. Murieron 12 personas, 9 eran gendarmes.
José Luis se bajó a ayudar a sus compañeros. "Los del segundo colectivo zafamos. No había luces tras el choque. Sin dudarlo bajo y encuentro el cuerpo de un compañero. Era el cabo Ojeda. Una compañera quedó en shock y gritaba. Cuando terminé de decirle que se tranquilice me di cuenta de que Ojeda ya no respiraba. Lo toqué, pero no tenía pulso", relata de esos segundos y minutos atroces que perduran desde hace años en su cabeza.
José Luis se metió en el primer colectivo por una ventana de atrás. La parte de adelante estaba totalmente destruida. Los fierros parecían un bollo de papel. "Entramos con tres compañeros con un poco de miedo porque estábamos sin luces en el medio de la ruta. La desesperación me dio fuerzas para ir sacando los cuerpos e ir encontrando a los heridos que pedían ayuda. Cuando salgo del colectivo encuentro a mi amigo Iván Prado tirado. Había salido despedido por el impacto. Le tapé la cabeza con un trapo porque no paraba de sangrar mientras se despertaba y hacía preguntas. Lo cubrí con mi campera y fui a buscar abrigos de los equipajes del segundo colectivo, pero no conseguimos mucho y hacía mucho frío porque estábamos en el medio del desierto, así que lo abracé a Prado para darle calor corporal".
"La ambulancia, que tardó bastante. Cargaba y se iba. Me di cuanta de que teníamos que mover a Prado urgente, porque empezó a respirar poco y a quererse dormir. Pasó una camioneta de Gendarmería cargada con conos y carteles. La frené y sacamos todo lo que había atrás. Los choferes estaban como shockeados pero salimos rápido al hospital. Un compañero que estaba en la caja conmigo y con Prado. Lloraba fuera de control y le tuve que pedir que se reponga de inmediato porque lo necesitaba para salvar la vida de nuestro compañero, aunque yo también sentía miedo. En el hospital había camillas y sillas de rueda con sangre y muchos heridos. Era una carnicería. Me acuerdo que acompañé a Iván hasta donde me dejó el médico y después fuimos a otra clínica donde estaban internados otros compañeros. Ahí pude llamar a mi madre para que se quede tranquila y me deje trabajar por los que todavía necesitaban ayuda", se acuerda el gendarme salteño.
Iván Prado no volvió nunca a caminar, pero la acción de sus compañeros le salvó la vida. Los gendarmes fueron trasladados a Rosario en avión y al día siguiente, un psicólogo le diagnosticó a José Luis un profundo estrés postraumático. José Luis tuvo 20 días de licencia y lo premiaron con un curso para ser cabo, en Mercedes, provincia de Buenos Aires.
Entre todo lo que vivió esa noche, José Luis revive particularmente dos imágenes, que lo persiguen en la noche. Las pesadillas lo alcanzan. No importa cuánta fuerza haga para no dormirse, siempre lo alcanzan en su cabeza. Cuando esperaban por una ambulancia para Prado junto a una compañera gendarme, José Luis entendió que el frío, todavía era muy fuerte para su amigo.
Tomó una determinación que le pareció la correcta. Se acercó a sus compañeros muertos y destapó a uno de ellos para llevarle la manta a su amigo. "Dejé una manta tapando su cara y me llevé el resto. Fue una decisión muy difícil", recuerda. Otro compañero se le aparece en pesadillas. "López había quedado atrapado en la rueda del segundo colectivo, en el que veníamos nosotros. Estaba clavado ahí abajo y era el día de su cumpleaños. Nosotros tratábamos de hacer algo, de ayudar. Él estaba atrapado entre los hierros retorcidos y pedía ayuda mientras se ahogaba con su propia sangre. Fue casi el último que pudieron sacar. Metíamos tacos y barretas, pero era imposible, porque parte de la cabeza, su cuero cabelludo, estaba enredado en la rueda", revive el gendarme.

Las pesadillas aparecieron en marzo de 2014. Su madre le dijo a El Tribuno que desde entonces José Luis tuvo dos intentos de suicidio. Destinado en Salta capital fue al batallón sanitario buscando un tratamiento para sus pesadillas. Dice que cuando cumplía con su tarea en las noches tenía miedo de que se le aparecieran los compañeros que habían perdido su vida en el accidente. "Me daba pavor irme a dormir. Sobre todo por el recuerdo de López. Le dije a la especialista del batallón lo que me pasaba y ella dijo que era imposible", recuerda. El acta del accidente "en acto de servicio", que le permitía tratar sus pesadillas, se cerró el 12/9/2014, mientras seguía en tratamiento.

José Luis siguió teniendo pesadillas y decidió visitar a un psiquiatra particular, que le recomendó "no desempeñarse en otro horario que no sea diurno hasta un nuevo control en 30 días". Sin embargo, según José Luis, en Gendarmería no siguieron el consejo médico y el 6 de diciembre de 2014 fue puesto en disponibilidad por ser "inepto para el cargo". Su sueldo pasó de unos $12 mil a tan solo $2 mil. Recibió la baja el 6 de septiembre pasado y ahora pide que se respete la prescripción de su psiquiatra. "Me están dejando en la calle por un problema que heredé en cumplimiento de mi deber".
Otros casos polémicos
En agosto de 2014 El Tribuno contó la historia del gendarme salteño Nicolás Monteros, que acusaba persecución en las fuerzas y que no lo dejaban realizar el tratamiento psicológico que le prescribieron profesionales. Su caso se encuentra hoy en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el expediente P-752-15.
En febrero pasado, Daniel Oscar Montellano, quien había sido raptado días atrás en el cruce de Pichanal durante 24 horas, fue hallado con un disparo en la boca adentro del Escuadrón Nº 20 de Orán. Amigos y familiares del gendarme fallecido advirtieron esta mañana a El Tribuno que Montellano no habría tenido la asistencia psicológica necesaria de Gendarmería tras su secuestro.

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