El escritor uruguayo Eduardo Galeano no vió publicado su último libro "El cazador de historias"(Ed. Siglo XXI, 2016). Hoy se hizo póstumo.
El libro contiene cientos de historias breves, cuentos cortos y anécdotas arrebatadas al relato hegemónico que las ocultaba.
Galeano gustaba tomar el rol de desmitificador del discurso supuestamente coherente y cristalizado de la historia oficial.
Salta figura en el libro del uruguayo. Recuerda que mientras les leía cuentos a los niños de la provincia, la maestra solicitó que luego escribieran al narrador cartas con las opiniones personales. Galeano dice que recibió una que le aconsejaba que siga escribiendo porque llegaría a hacerlo mejor. No sabían quién los visitó. La falla de una enseñanza.
Galeano retoma la subjetividad de los hombres excluidos de algunos sistemas históricos. Pero no es el sujeto solamente lógico, racional los que participan de lo establecido; al contrario, es otro, aquel que enfrenta "lo" real de la historia poniendo el cuerpo, el deseo, el narcisismo y viviendo el síntoma singular.
Para el psicoanálisis lo real es un registro psíquico y está fuera del orden simbólico e imaginario; para el caso, la historia oficial es un relato simbólico o cultural del cuento hegemónico sobre la gente y sus pueblos.
Galeano, se puede decir, es un cazador de lo real de la microhistoria.
El escritor marcó una división del trabajo. Los historiadores de lo oficial se encargan de la realidad y él, de contar cómo lo real está excluido de la realidad en la historia oficial.
Induce a su lector a pensar que la historia no es La Historia si entra el sujeto en ella.
Galeano buceó lo real del acontecimiento, el sin sentido, lo que no encaja, lo que no se puede simbolizar y situarse en el tiempo.
Narra ese real como lo imposible de significarse para el mismo protagonista que forma parte de ese real.

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