Es lo que les dice Rolando Aramayo a sus hijos cuando hablan de la cría de los caballos peruanos de paso. Pero claro, el consejo se aplica a más de una faceta de la vida.
"Mi padre fue el que empezó con la cría de los caballos peruanos de paso. Yo seguí y ahora están mis hijos, Martín, y los mellizos Rodrigo y Ramiro. También tengo a una hija, María Antonieta, a la que le gusta el campo y los caballos. Le enseñé a todos a andar de chiquitos, y a mis nietos también", le contó don Rolando a El Tribuno, que lo acompañó a recorrer los potreros donde sus animales pasan el día bajo la mirada atenta de su criador.
Rolando tiene 9 nietos y uno que viene en camino. Fue su abuelo el que se enamoró del andar de estos animales, y su padre fue el que trajo el primer ejemplar a lo que hoy es la cabaña San Bernardo.
Esta familia llegó desde Bolivia hace más de 200 años. Desde allí trajeron la marca que hoy tienen todos sus animales: una "a" minúscula de imprenta.
Miguel Aramayo llegó a Salta y se instaló en las tierras del camino a La Florida en Rosario de Lerma. "Mi abuelo trabajaba con hacienda, vendía los animales a Chile y después mi papá siguió con eso", contó don Rolando.
Sus ejemplares
De los primeros ejemplares de Peruano de Paso solo fueron quedando en la finca las hembras. Hace 40 años don Rolando decidió inscribir a sus animales en la Asociación de Criadores y Propietarios de Caballos Peruanos de Paso cuando ésta se creó. Es ahí donde comenzó con el registro genealógico de sus animales y logró llegar al puro de pedigrí de cruza. "En aquel momento no compraba yeguas sino caballos importados de Perú. El primer caballo que llegó así a la finca fue en sociedad con René Díaz Barrantes. Ese animal se llamaba Turmanyé", contó Martín, el hijo mayor de don Rolando.
Turmanyé fue utilizado como padrillo. No conforme con esto, Aramayo buscó crías de Acertijo, un caballo que llegó del Perú como regalo a la provincia.
En aquel momento, hace más de 35 años, Turmanyé salió campeón y, Aramayo comienza con su historia y presencia en los campeonatos de todo el país.
Solo un Milagro fue otro de sus peruanos ganadores. Un ejemplar negro que fue tres años campeón de campeones y fue el primer macho laureado que tuvo Argentina. Esta adquisición no solo trajo los mejores premios a la cabaña San Bernardo sino que se hizo famoso por su gusto por los aplausos, su andar y su prestancia. Durante años fue el caballo que llevó la montura del General Martín Miguel de Gemes durante los actos oficiales.
Solo un Milagro también dejó su descendencia en la finca. Sin dejar de trabajar y buscar el mejor caballo para la cabaña, Aramayo trajo a Amancay, una yegua que hoy tiene 26 años y que sigue obteniendo premios.
En la actualidad, don Rolando Aramayo continúa arraigado a las viejas tradiciones en la cría y cuidados de sus animales. A un costado de los corrales, este criador dispone de una cancha en la que -junto a sus hijos- hace andar los ejemplares, vigila su andar, reconoce sus faltas y carencias y busca con quién cruzarlos para que cada animal sea mejor al anterior.
Don Rolando reconoce que comenzó a andar a caballo a los 2 años y desde entonces su amor por estos animales fue en aumento. Hoy, luego de años de trabajo, ya tiene en su haber 58 campeones. Entre ellos se encuentra una yegua de nombre Estirpe Salteña, que fue vendida en un 50 por ciento a Perú. Así que sus crías están en Salta y en la cuna de la raza.
Estirpe Salteña no lleva ese nombre por nada. María Antonieta, su hija, cabalgó algunos años con esta agrupación, y qué mejor honor que darle este nombre a la yegua. Estirpe también fue ganadora en Perú, el sueño de los criadores.
El campo y su salud
Además de los animales, en su finca "se hace un poco de todo", se cultiva tabaco y además hay un tambo. "Claro que ahora vengo a ver los animales no más", aclaró.
Don Rolando tuvo serios problemas de salud hace unos años, pero eso no fue motivo para dejar sus campos y sus animales, todo lo contrario. Su campo está a dos kilómetros de la casa en la que vive con su esposa, en una de las esquinas más antiguas de Rosario de Lerma. Desde allí camina todas la mañanas. Al mediodía vuelve a su casa y a las 16, ya está de nuevo sentado -bajo la sombra de un sauce llorón- al costado del corral donde sus animales se lucen solo para que él los vea.
Animales amansados con trato amoroso
Malcriados y cariñosos, los 80 caballos peruanos que tiene don Rolando se acercan en cuanto lo ven aparecer en la tranquera. "Están acostumbrados a él, además siempre les da un puñado de azúcar. Es una forma de que se acostumbren a estar con nosotros", volvió a intervenir Martín, dando algunos secretos a los que don Rolando hace oídos sordos. Para don Aramayo, el caballo Peruano de Paso debe ser un animal grande, cómodo al andar, bonito y a la vez suave. "Esto quiere decir que cuando uno se va de cabalgata venga tranquilo y no todo dolorido", dijo. "Yo siempre le decía a los chicos: 'Lo único que te va a dar la razón es el tiempo. No importa si salís segundo, tercero o cuarto. Con el tiempo vas a ver cómo tus animales demuestran que son buenos'. Y esto se ve con Amancay, que llega a la cancha con 26 años en perfecto estado", concluyó. En su casa, el escritorio donde trabaja tiene las paredes cubiertas de premios. Su esposa, Margarita, ya no sabe qué hacer con los que siguen llegando. Uno de sus hijos le recomendó usar las bandejas para el café, pero don Rolando no quiere saber nada. Cada uno de esos platos, copas y bandejas tiene un valor especial en su memoria. Como el que todavía está en uno de los estantes: el copón que ganó en su juventud, pero en una carrera de autos.

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