Un hombre privado de su libertad solicitó asistencia del Estado y medidas de seguridad poco después de que fuera ultrajado por un compañero de presidio a quien intentó evangelizar.
Ocurrió en la Unidad Carcelaria 3 de la ciudad de Orán.
El evangelista abusado sexualmente tomó venganza y atacó con un palo a su agresor.
Por ese motivo terminó en una celda de castigo.
Luego contó toda la verdad y pidió protección.
Los hechos se produjeron cuando un reo reunió a otros convictos e ingresó a una celda para leerles la Biblia y transmitirle la palabra de Dios a un compañero. Todo se desarrollaba en forma normal hasta que, según las versiones dadas a conocer, el grupo se retiró del lugar. En la celda quedaron entonces solos Julio C. y Ramón O. El primero continuó leyendo y, en forma repentina, Ramón O. se abalanzó sobre el evangelista. El agresor, de una contextura física mucho más robusta, atacó y redujo al cristiano, el cual fue sometido sexualmente.
Luego del penoso momento se retiró de la celda y no comentó nada de lo que le había ocurrido a los guardias. Unas horas más tarde se armó con un palo y al otro día en un descuido de violador lo atacó, pero fue rápidamente reducido y llevado a una celda de castigo. Cuando salió de la misma relató los pormenores del ataque sexual que sufrió y el deseo de cobrarse venganza por los padecido.
Inmediatamente radicó la denuncia por el delito en contra del penado que lo atacó y, además, al comparecer ante las autoridades del penal solicitó medidas de protección para su futura seguridad, pues el agresor es de mayor contextura física que él. Desde la ciudad de Güemes se informó que el agresor es un reconocido boxeador amateur que se entrena dentro del penal.
El denunciante teme que pueda ser violado o atacado una vez más por su excompañero de celda.

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Sección Editorial

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