"Lopecito" o José, no es igual

Rodolfo Ceballos

"Lopecito" o José, no es igual

El nombre de la persona es el que corresponde generalmente al documento. Si hay alguna excepción a esta regla, seguramente no le pertenece a la persona, es del otro, que le cambió el nombre y lo convirtió en impropio. Ese es el caso del detenido por corrupción José López, el exsecretario de Obras Públicas del ahora revisado ciclo kirchnerista.
López pasó a tener, desde aquí en más, un nombre impropio. Se lo pusieron cuando cometió el acto neorrealista italiano de tirar 9 millones de dólares en un convento para buscar la eterna impunidad.
A López se lo llama del lado kirchnerista "traidor" porque es un "rupturista" impuro del pensamiento nacional y popular que el kirchnerismo acuñó.
Desde la vereda del frente, el exfuncionario es ahora "Lopecito", sinónimo de corrupto, de hombre enano moral y obediente a la avaricia y maldad de ese pensamiento nacional y popular basado en la obra pública con sobreprecios.
La perspectiva del nombre impropio, el de "Lopecito", podría nominar a un personaje del cineasta italiano y neorrealista, Federico Fellini.
"Lopecito", con improvisación precaria, hace "llover" dólares en un convento. Como un personaje fellinezco, apeló al recurso indispensable de huir y tomar posición moral de miedo a un posible allanamiento y secuestro de su dinero.
La estética del neorrealismo italiano entendía que la improvisación en la vida, era la realidad ya que ésta es cambiante y flexible. El nombre José cambio al de "Lopecito".
Argentina ya conoce la subjetividad de "Lopecito", el del nombre impropio. Tomó al dinero para acumularlo y creyó que es el único objeto que promete la sustitución de cualquier otro. ¿Y por qué este colmo?, creyó así anular cualquier falta subjetiva. Es por eso que el dinero para "Lopecito" es la única condición de goce que buscó dar a su incrédula vida.

¿Qué te pareció esta noticia?

Compartí

0

Te puede Interesar

Comentá esta Noticia