La letra maravillosa de don Fortunato Ramos retumba desde las voces infantiles en los pasillos de la vieja escuela. "No te rías de un coya", dice un verso y las caras, con gestos de bocas y manos pequeñas, trasforman el aire agreste de la Puna.
Son los chicos del 4 grado A del Hogar Escuela Carlos Guido Spano, en San Antonio de los Cobres. Ellos viven la jornada escolar en la modalidad de internado. Vienen desde muy lejos: más de 100 kilómetros adentro de la sal, la arena y las tolas.
El desierto insondable los separa por meses de sus familias, pero ellos andan por aquí, con su vida enorme de 10 años y sus rostros curtidos de sol. Ellos andan extrañando siempre volver a sus montañas de piedra y a sus arroyos de nieve derretida. Pero no lo dicen. Callan y llevan adentro esa canción que aprendieron del cerro y el viento.
Pero de repente el silencio se transforma en bullicio atronador, igual que la tormenta en las quebradas. Briselda, Ariana, Milagros, Ángel, Juan, Ilmar, José, Brian, Ramiro y Joel se escuchan en la frecuencia de la AM840. La seño Gloria intenta contenerlos sin mucho éxito. Hablan de su vida. Cantan canciones. Mandan saludos a sus papás, a sus mamás y a sus hermanos (que están tan lejos) Se acuerdan que hace pocas horas fue el Día de las Almas y tampoco se olvidan de algún abuelo "que ya no está".
Ahí están. Así son ellos adentro de su cáscara de silencio: imponentes y orgullosos como sus cerros; cristalinos y alegres como sus arroyos. Esos son los chicos de nuestra Puna.
Están lejos de sus casas y de su familia. Pero pronto volverán con ese verso de advertencia y de plegaria de don Fortunato Ramos:

"No te burles de un colla,
que si vas pa''l cerro, te
abrirá las puertas de
su triste casa.
Tomarás su chicha, te dará
su poncho, y junto a sus
guaguas, comerás un
tulpo y a cambio de nada".

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Sección Editorial

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