El infarto agudo de miocardio causa en Argentina más de 15.000 muertes por año. Los especialistas recomiendan que, ante la sospecha de estar padeciendo uno, actuar con celeridad, ya que cuanto más tiempo transcurra entre los primeros síntomas y la intervención hospitalaria, menores serán las posibilidades de éxito en la atención.
Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el país: uno de cada tres fallecimientos (236 muertes cada 100.000 habitantes). El cuadro más grave es el infarto agudo de miocardio (IAM). Se estima que cada año se producen 50 mil infartos agudos de miocardio.
El primer paso es reconocer los síntomas del infarto: dolor de pecho, que puede estar irradiado a brazos, mandíbula, espalda o parte superior del abdomen. Así lo informó Daniel Berrocal, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología.
Luego se recomienda no esperar a que los síntomas progresen ya que es muy frecuente que la gente no haga nada a la espera de que desaparezcan los síntomas. El tiempo perdido es muy valioso y empeora el pronóstico. 50 mil infartos de miocardio se producen en Argentina según datos aportados por fuentes oficiales
La persona que sufre el infarto debe avisar a quienes estén cerca suyo.
El siguiente paso es llamar de inmediato al servicio de emergencias. "El SAME tiene un Código Infarto y activa inmediatamente la consulta. Es preferible que sea una falsa alarma en lugar de dejar avanzar el cuadro sin hacer nada", señaló Marcelo Bettinotti, médico especialista en Cardioangiología Intervencionista.
El quinto paso es masticar una aspirina, ya que existe consenso internacional en que hacerlo en esta situación, por sus efectos como antiagregante plaquetario, puede representar una pequeña ayuda para comenzar el proceso de desobstrucción del trombo que, seguramente, está impidiendo el flujo normal de sangre al corazón.
Los tiempos de atención
Es fundamental reducir el tiempo que transcurre desde la aparición de los primeros síntomas hasta el ingreso a una sala de hemodinamia, donde se realiza la angioplastia, la intervención por excelencia para restaurar el flujo sanguíneo de la arteria obstruida.
Cuando el paciente debe ser derivado a otro centro de atención, se suele realizar la angioplastia coronaria de urgencia, una intervención mínimamente invasiva, a través de una punción en la muñeca o en la ingle, que desobstruye la arteria mediante la insuflación de un pequeño globo llamado "balón", para luego colocar un stent, que es una malla metálica que contribuye a mantener la arteria abierta.
La otra opción es la administración de medicamentos destinados a disolver el coágulo, llamados trombolíticos.

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