Luego de los tres casos más resonantes de delincuentes abatidos por sus víctimas, una encuesta reveló que ocho de cada diez personas consideran que, al menos en el caso del médico de Loma Hermosa, se trató de un caso inequívoco de defensa propia; a su vez, siete de cada diez opinan que la Justicia beneficia a los delincuentes.
Este año, el Ministerio de Seguridad nacional informó que en 2015 hubo un total de 1.240 homicidios dolosos en Buenos Ares y 2.837 en el total del país. Además, se registraron solo en esa provincia más de 130 mil robos y hurtos.
La ciudadanía se siente víctima, porque son muchos, en todo el país, los que han sufrido algún delito o agresión.
Las expresiones de adhesión al médico Lino Villar Cataldo y la enorme movilización en reclamo de la libertad del carnicero Daniel Oyarzún, de Zárate, expresan un estado de ánimo colectivo del cual deben tomar cuenta las autoridades nacionales y provinciales, las policías, los fiscales y los jueces.
Las doctrinas abolicionistas, que se oponen a la penalización de los criminales y consideran que nadie debería estar preso, se inspiran en teorías anacrónicas y deshumanizadas. Suponer que el delincuente es víctima de la sociedad y que esa condición le da derecho a robar, a matar y a violar es desconocerlo como responsable de sus actos. Por cierto, ni el médico Villar Cataldo ni el carnicero Oyarzún nacieron en cuna de oro.
Los abolicionistas sostienen que la inseguridad es una sensación y que informar sobre los crímenes la incrementa. La inseguridad, por el contrario, es una realidad cruda y dramática, que hace que el ciudadano común se sienta desprotegido por el Estado y perciba que sus derechos elementales a la vida, al trabajo honrado y a la dignidad están siendo ignorados y vulnerados.
Es apresurado calificar a los casos mencionados en estos días como "justicia por mano propia"; esta figura, que es la negación de la justicia, corresponde a la venganza, que no es más que otra forma de violar la ley. Quienes denominan así a las personas que matan para defenderse, en realidad los equiparan a los delincuentes que practican un "ajuste de cuentas".
Técnicamente, la defensa propia es el contraataque a una agresión y está prevista en el art. 34 inc. 6 y 7 del Código Penal, que exime de responsabilidad a quien defiende su persona y sus derechos legítimos, declarando su impunibilidad. Es decir, no puede ni debe ser castigado.
La sociedad y los gobernantes deben entender que no es posible regirnos todos por "la ley del revólver". Las personas que se defienden de un asalto llevan las de perder, porque no están habituadas al manejo de armas ni a la violencia. Un ambiente en el que proliferan las armas en manos de ciudadanos comunes se vuelve peligroso para todos.
Para que la defensa sea legítima, la reacción debe ser proporcionada. En el caso del médico Villar Cataldo, es asaltante estaba armado, la víctima no podía saber si el arma estaba o no en condiciones de funcionar y todo se desarrolló en un clima vertiginoso como suelen ocurrir en estos casos.
El carnicero Oyarzún, a su vez, persiguió a dos motochorros y atropelló la moto, tras lo cual murió uno de los ladrones. Está muy claro que los responsables de ambos incidentes fueron quienes finalmente resultaron muertos.
Los jueces deberán analizar cuidadosamente los sucesos, sin caer en la tentación del abolicionismo, pero también cuidando de ser influidos por la presión emocional de una sociedad que se siente víctima de los delincuentes y de una Justicia injusta.
La realidad es compleja y hay muchos derechos en pugna.
El trabajo digno, el desarrollo humano y la seguridad son responsabilidades indelegables del Estado y de cada gobierno.
Además, la vida de las personas debe ser un valor innegociable y ese criterio debe regir la aplicación de la ley. Quien roba a mano armada es porque eligió un camino que pone en riesgo la vida de los otros y la propia. Quien se defiende de un asaltante tiene derecho a hacerlo, pero antes tiene derecho a que la policía le garantice la seguridad y que el Estado genere condiciones dignas de vida a todos.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial