Las transformaciones de la globalización tendieron a homogeneizar la diversidad y las particularidades culturales. Pero muchas prácticas y creencias siguen fuertes en el laberinto de la globalidad. Insertas en las urbanizaciones del nuevo siglo, las llamadas "patologías mágicas" se manifiestan sin interrupción, buscando respuestas que antes hallaban en un marco social más cercano. De ellas, el susto parece ser la más común.
Según la antropóloga Liliana Madrid (kallawaya N§ 7-8) cada enfermedad -su sintomatología o "entes nosológicos"- responde a la lógica interna de cada cultura, que elabora la cura de acuerdo a su propia racionalidad. "Las enfermedades reconocen causas místicas y naturales", señala. Para el NOA, Néstor Homero Palma -Universidad de La Plata- sitúa en la primera categoría, entre otras, al mal aire o brujería, mal deseo, susto, enfermedad de la tierra, violación de tabúes y para las segundas el mal de ojo, enfermedad de la matriz, empacho, golpe de aire, neumonía o costado.
Los curadores consultados para esta nota -todos de zonas urbanas- coinciden en que la "enfermedad mística" más común es el susto. Al parecer esta enfermedad puede degenerar en otra si no es tratada correctamente o bien reduce las defensas del individuo y este tiene mayor propensión a contraer otros males.
En su Diccionario de Medicina Popular, Palma señala que el susto se produce con "una impresión que produce temor y ocasiona a los individuos la pérdida del alma; dicha circunstancia resume un conjunto de síntomas que son peculiares. (...) Entonces "se le va el ánimo'', "el alma se le escapa''". Palma resume la patología principal en fiebre, dificultad para conciliar el sueño, decaimiento general, mucha sed y el "muspar" o hablar dormido.
Cerca de la estación Alvarado, al sur de Salta, don José Sanaverón era un conocido sanador. Curaba "falseaduras de matriz, dolor de muelas en secreto, torceduras de pie, manos, rodillas, columna". Muchos de sus visitantes eran jugadores de fútbol ocasionales. Don Sanaverón aseguraba que el susto tiene un síntoma físico: se percibe al tacto "como una lenteja en la mitad de la nuca". "Tres veces tiene que venir cuando está asustado- prescribía -. Si no, no certificamos la curación". Para don Sanaverón si el susto no estaba bien curado podía causar que nunca se reestableciese el equilibrio, la salud de la persona será débil y atraerá otros males.

La angustia de la fragilidad humana

El susto nace con un evento que supera al individuo: lo descoloca. El terapeuta salteño José Hardoy de niño fue iniciado en las artes de curar el susto. Un amigo de su familia, que ejercía el conocimiento, descubrió en él alguna cualidad y lo tomó como discípulo. Actualmente es operador socio-terapeuta especializado en psicología social y conduce grupos para recuperación de adicciones. Antes de explayarse, se refiere a los nuevos estudios acerca del estrés y de sus efectos en el organismo.
"Cuando la percepción se ve superada -afirma Hardoy-, y el individuo no le encuentra explicación en ningún registro de sus experiencias personales, se asusta. De repente un acontecimiento descuella sobre la racionalidad, el impacto genera angustias y por tanto sufrimiento. Esto puede pasar en cualquier momento del desarrollo de la conciencia. Una conmoción de esa medida es el susto. Un niño que no conceptualiza todavía y violentamente siente invadidos todos sus sentidos, por ejemplo. Su 'yo' se retrae. Se trata de eventos que crean estados de inquietud cuyo origen no se alcanza a intuir. Y en todos nosotros existe la necesidad de comprender la angustia. Qué la provoca. Si sigue el susto, sus fantasmas se desplazan minando la personalidad y el manejo de sus emociones", dice.

Métodos de cura del susto

Palma recoge una serie de terapias para el susto. Por ejemplo, dar de comer al asustado tierra donde ocurrió la desgracia. Otro método es la "chupa" de la "coronita" (vertex de la cabeza) tres veces, mientras se llama al alma del enfermo. También se "chupa" en la nuca o en la frente. Para diagnosticar se observa si el largo de piernas es diferente, "si tiene la vista desigual" o está "despaletillado".
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A veces "recetan" algunas hiervas para la cura del susto.


El susto y su cura Cómo reestablecer a un alma que está perdida

Curar bien al susto es fundamental en la medicina tradicional: es la primer enfermedad. Diferentes formas de reestablecimiento se recomiendan para desterrar al susto, "la primera de las enfermedades". Aquí se recomienda tomar infusiones de algunas hiervas "calmantes" como la manzanilla, el tilo, etc. Pero esencialmente La operación que debe llevarse a cabo para el reestablecimiento es la recuperación del alma. Para ello, el curador se dirige hacia el sitio donde se asustó el enfermo. Por allí arrastra su ropa mientras llama en voz alta al ánima extraviada. Una vez que presiente que el alma se adhirió de alguna manera a la prenda, se la lleva al enfermo y se la entrega. Esto se repite por lo general por las tardes, tres días consecutivos. Para cerrar la curación, se sahúma.
Un curador de San Antonio de los Cobres al que hace referencia el estudioso Néstor Homero Palma, señala que el susto en mujeres embarazadas "les cruza el chico". Y si la mujer no se cura "el niño nace sin movimiento, queda quieto, adormecido". Nace "ahicado". Aunque la madre se reestablezca, el niño debe ser curado aparte. Al espíritu de la criatura "se le llama en el mismo lugar donde se enterró la placenta". El estudioso hace referencia a otras curas del susto, por ejemplo en el antiguo egipto, se daba de beber agua en una copa especial. Y al igual que en nuestro continente, se bebía en tres ocasiones consecutivas.
Palma destaca el sincretismo cultural que se evidencia en la cura del susto. Los rezos católicos se intercalan con apelaciones a la Pachamama. "La idea del susto es universal -concluye el estudioso -, una patología descripta en varios lugares del mundo. El alma se va, el enfermo queda desanimado. Y cuando el mal es tratado tarde, no tiene cura".

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