"¿Quiere ingresar en el centro computarizado de un dispositivo médico o una máquina de votación electrónica? ¿Quizás un smartphone o incluso un auto? La Argentina se ha convertido en uno de los mejores lugares en el planeta para encontrar personas que te pueden mostrar cómo hacerlo". La afirmación corresponde a un artículo publicado por The New York Times, que asegura que el país domina la atención mundial en el mercado del talento hacker.
Según la nota, compañías líderes de tecnología y seguridad informática, y también gobiernos, reclutan hackers aquí para conocer sus propias vulnerabilidades y protegerse."Necesitan que las ayuden a defenderse de los delincuentes online y de los espías patrocinados por el estado. Y como la infraestructura crítica mundial se mueve en línea y la amenaza de guerra se mueve hacia el ciberespacio, los gobiernos están desesperados por adquirir esas herramientas", señala.
"Necesitan que las ayuden a defenderse de los delincuentes online y de los espías patrocinados por el estado. Y como la infraestructura crítica mundial se mueve en línea y la amenaza de guerra se mueve hacia el ciberespacio, los gobiernos están desesperados por adquirir esas herramientas", señala.
"La Argentina se hizo lugar en el mapa como el país que produce los mejores hackers", aseveró Sinan Eren, un ejecutivo de Avast Software, una empresa de seguridad de Praga. Eren fue una de las 1.600 personas que asistió a Eko Party, la conferencia de seguridad informática que se celebró en octubre en el Centro Cultural Konex.
El evento reunió a personas capaces de ingresar en un sistema de votación electrónica en 20 minutos o creadores de un dispositivo emisor de rayos X que puede ingresar a los sistemas que ni siquiera están en línea.
Los hackers argentinos, entre los más codiciados del mundo
Pero, ¿qué vuelve a Argentina un terreno fértil para que haya personas con habilidades cualitativas en este área? La respuesta está en el contexto y también en la cultura.
"Hacer trampas al sistema es parte de la mentalidad argentina", "Hacer trampas al sistema es parte de la mentalidad argentina",
afirmó Cesar Cerrudo, un investigador en seguridad argentino que aprendió siendo un autodidacta y sorprendió tiempo atrás al hackear con éxito los sistemas de semáforos en ciudades de lo EEUU.
La senadora Norma Morandini observó durante la conferencia de Eko Party que muchos de quienes crecieron con las restricciones de la última dictadura militar "tuvieron que aprender a moverse en los márgenes de la ley". Por eso es que -a su juicio- hay gente que convirtió eso en "una forma de vida".
El diario estadounidense también está el factor inventivo: para el NYT, el lema "lo atamos con alambre" explica también la naturaleza creativa que los expertos le endilgan a los talentos locales.
El artículo repara en las dificultades para acceder a la tecnología que representan las barreras de importación. A modo de ejemplo, comenta lo costoso que puede ser un iPhone y se sorprende con quienes han pedido a alguien que los traiga desde el extranjero. "Para tener un dispositivo moderno, con frecuencia los argentinos tienen que pensar como un hacker e incluso transformarse en uno de ellos", apunta.
"Uno se las arregla sin recursos, sin tecnología de avanzada, por conexiones de wi-fi", dijo el analista político Sergio Berensztein. "Improvisamos soluciones creativas, a falta de otras opciones, y muchos han aplicado estos mismos procedimientos a la industria tecnológica", añadió.
Pero los días de semillero mundial de hackers parecen tener los días contados para el país. ¿La razón? La tecnología avanza con apuro hacia los dispositivos móviles, en particular a los smatphones, y cuando de interceptar los teléfonos se trata China pica en punta, sentenció Eren.

¿Qué te pareció esta noticia?

Comentá esta noticia


Eustaquio Mendez
Eustaquio Mendez · Hace 11 meses

Lo que parece una buena noticia (mentes argentinas entre las más calificadas para una tarea), resulta una verguenza, dado que el desarrollo de tal capacidad responde a la falta de apego a las reglas que tenemos los argentinos, en combinación con el camino por el subdesarrollo y la pobreza en el que transitamos desde hace años, lo que obliga a agotar la imaginación en la búsqueda de soluciones.