Encarnación del Señor Giménez es su nombre completo. Esta abuela, oriunda de la provincia de Chaco, vive junto a su hija, nietos y bisnietos en una humilde vivienda de Villa Los Álamos y acaba de soplar 109 velitas.
De joven se fue a la provincia de Tucumán donde trabajó en los ingenios pelando caña, trabajo sacrificado teniendo en cuenta que aún no existían maquinarias para tal fin.
"Se levantó recién porque se fue a dormir a las 3 de la mañana, ya que le festejamos íntimamente el cumple", comenta a El Tribuno, entre risas,su hija Susana.Y agregó: "Le íbamos a hacer una fiesta en un salón, pero falleció un hermano mío hace un mes y desestimamos la idea. Sola no camina, pero escucha y ve muy bien. Tiene una memoria impresionante ya que se acuerda muchas cosas de su juventud. La anotaron en el registro civil cuando tenía 9 años, por eso por el documento se diría que cumplió 100".
Encarnación tuvo 2 matrimonios. En el primero tuvo 3 hijos y quedó viuda y esa parte de la familia vive en Tucumán. "Antes tenía contacto con uno de ellos y venía a verla a mi mamá porque trabajaba en una empresa de colectivos que pasaba por Rosario. Pero desde que ya no pasa más no tuve más contacto con ellos", cuenta Susana.
Del segundo matrimonio tuvo 2 hijos, de los cuales uno ya falleció y la otra es Marcela, a su vez madre de 8 hijos y 6 nietos.
"Cuando falleció mi papá nos vinimos a vivir acá. Mi mamá fue empleada doméstica durante muchos años de José Singh. Ella dice que lo que comemos ahora no es comida y tiene razón. No le gusta el arroz y se puede comer 3 platos de locro sin problemas", subrayó Marcela.
Encarnación reacciona y dice: "Me gusta la mazamorra, el anchi, el locro, el asado, el zapallo y la batata con leche. No tomo ninguna medicación y aunque no camino sola, veo y escucho muy bien", cuenta mientras los nietos se ríen.
"Cuando nosotros nos queremos escapar y pensamos que está dormida se levanta y nos reta. Siempre nos llevaba a todos los nietos a buscar leña, ya que acá no teníamos gas. Con el bastón en la mano, por si alguno se portaba mal", explica una de sus nietas.
Como todos los chicos juegan al fútbol, Encarnación va siempre a la cancha a alentarlos. Hincha fanática del club Hispano, cuenta sus historias de trabajo en el campo: "El perro familiar existe. Una vez con mi marido lo encontramos en los cañaverales y lo atamos con alambre. Cuando fuimos a avisar a la policía y volvimos ya había escapado. Tiene los pelos como lana y ojos bien rojos", cuenta ante la atenta mirada de los niños a quienes les encantan esas historias.
Sus hijas dicen que el único secreto de su madre es la buena alimentación, algo que le inculcó a los nietos.

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