Hoy es el Día de los Difuntos y la jornada llenará de deudos los cementerios de la ciudad. En las casas se desarman las "mesas" donde las familias dejaron una ofrenda de panes. Invisibles, los muertos comparten con los vivos la continuidad de la existencia. "Somos los que fueron", dice doña Alcira Muñoz, que cada año para esta fecha amasa panes para sus muertos en villa Chartas. La harina se hace masa, luego figuras de niños, escaleras, nubes, casitas, aromas, hornos, y finalmente panes en una mesa fabulosa. "Esto es una ciudad en medio de la ciudad", dice Carlos Mendoza, cuidador del histórico cementerio de la Santa Cruz. "Tiene los mismos problemas edilicios, de tránsito, de servicios, también ladrones, amantes, locos. Es lo mismo, pero con muertos", asegura . Todos los viernes, los cuidadores se topan aquí o allá, con velones de colores y restos de una ceremonia misteriosa llevada a cabo la noche anterior. Las tres hectáreas y media de la necrópolis la convierten en una de las más grandes del NOA. Esta ciudad de muertos tiene callejuelas, luces, veredas y edificaciones. En la parte más antigua, uno de los primeros mausoleos llama la atención. Pertenece a Dionisio Puch, lugarteniente y cuñado de Martín Gemes. Con sus muertos se siente la historia de Salta. Pero hay una situación general: ciertos nichos y mausoleos resplandecen mientras que otros han sido olvidados. Algunos se derrumbaron o fueron saqueados.
Muertos ilustres
Entre las tumbas del cementerio central de la ciudad nos encontramos con varios muertos ilustres, como el mausoleo de la familia Gemes, declarado monumento nacional. Pero una de las tumbas más visitadas, coloridas y sentidas por el pueblo de Salta es, sin dudas, la de Pedrito Sanhueso, el niño que fue violado y asesinado en mayo de 1963, cuando tenía 6 años. Por intersección de la comuna, Pedrito fue enterrado en la Santa Cruz.
Se trata de un mártir salteño. Hijo no reconocido, criado en casa ajena y niño trabajador, Pedro nació en la Puna salteña, pero en la ciudad fue lustrabotas y estudiante. Aunque hasta ahora su asesinato sigue sin culpable, en su tumba se convocan generaciones de salteños que renuevan la confianza en el "niño milagroso" y "protector de los estudiantes".
Pedrito, ­ayudame!
Miles de misivas en letra de carta agradecen la intercesión del santo popular. "Por pasar de grado", "Por aprobar matemáticas", dicen. Colgadas del techo, mochilas, bicis, juguetes de todo tipo. La historia del niño comenzó el 26 de junio de 1956, cuando nació cerca de Santa Rosa de Tastil. Pedro tuvo un mellizo, Pablo, que falleció al nacer. Su madre fue Ángela Sanhueso, pastora de la capilla, y su padre el comisario Julián Barboza, que nunca lo reconoció pero que lo trajo a la ciudad. Aquí comenzó los estudios primarios en la Escuela 383, hoy N§ 4.638 Fray Luis Beltrán. Todos los días caminaba desde el barrio Milagro hasta el centro para lustrar zapatos. En mayo del 63 encontraron su cuerpo a 6 metros, en un aljibe de la cortada de ladrillos Robledo. Estudios forenses dijeron que el niño había sido abusado y golpeado hasta la muerte. Se detuvo a una persona, pero luego fue liberada. La terrible muerte del niño compungió los corazones de los salteños que lo entronizaron en el santuario de los ídolos populares. Y la verdad de su crimen se perdió en el tiempo y el dolor.

Juana Figueroa, sin tumba
Al costado del canal donde avenida H. Yrigoyen cruza la Pedro Pardo, se encuentra en santuario de la Juana Figueroa. Sin tumba, este es el recuerdo de su martirio, que el pueblo de Salta -en especial las mujeres- puso entre los santos populares. Es que allí su marido, Isidoro Heredia, de 42 años, arrojó sus restos mutilados. Juana tenía 22 años y con su propia vida pagó la insolencia de "no hacer caso" a las órdenes del cónyuge. Recién comenzaba el siglo y las costumbres milenaristas ordenaban la vida y la muerte. La gente comenzó a rezarle. Y Heredia quedó liberado.
Historia del pobre Pedrito
¿Fue su primo?
El único acusado fue su primo, Pablo Copa, a quien se le hallaron dos camisas ensangrentadas como toda prueba.

Sin culpables
Pablo purgó tres años en la cárcel, aunque luego fue liberado por la sentencia que no quedó en firme.

Poco tiempo
Solo a dos años de abandonar sus montañas, el domingo 19 de mayo de 1963, terminó el martirio de Pedrito.

Su lápida
"No conoció padres, a los 6 años subió a los cielos, mártir y víctima de un monstruo humano. No lo olvidaremos más".

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia