El triunfo de Donald Trump ha puesto en evidencia un proyecto de mundo con un sistema político y económico centrado en la seguridad. Seguridad interna para su país de cualquier amenaza extranjera, levantando muros; y seguridad económica desterrando a los inmigrantes que disminuyen la capacidad de oferta laboral para los americanos. Su triunfo, que no alcanzó la mayoría de los votantes, pero sí de los electores, pone de manifiesto una sociedad que reclama vivir en un lugar seguro y con el confort que cree necesario en un proyecto de país donde el dinero está por encima de la persona humana, y el cuidado del mismo se convierte en un asunto de Estado.
Hoy, en casi todo el mundo, pero especialmente en Norteamérica, existe una sociedad cansada e individualista, donde no hay lugar para la compasión. "Es una sociedad insatisfecha y hastiada. Hasta los que caminan por el túnel de la noche se dan cuenta que el desarrollo económico deja en el sendero rastro de innumerables muertes, el gran comercio avanza arrastrándose por la selva de sutiles engaños, todas las guerras son frutos de patrañas y embustes, y se dan cuenta de que la sociedad capitalista solo puede mantenerse de pie apoyada en esas mentiras" (Larrañaga, Ignacio, "Las Fuerzas de la Decadencia"- Ed. San Pablo)
A los argentinos nos afecta el triunfo de Trump, y más nos va afectar cuando asuma su mandato. Nos afecta toda vez que nuestra dirigencia política nacional o provincial crea que para ganar las elecciones se debe expulsar a todos los bolivianos, chilenos, paraguayos, etc., e intenten levantar muros en nuestras fronteras.
Nuestros grandes enemigos no están ni son los de afuera, están dentro, en nuestro corazón y a nuestro alrededor. Los muros generan más odios y resentimientos. Como dice el papa Francisco, "todos, todos los muros caen, hoy, mañana, o dentro de cien años, pero todos caen. No es una solución. El muro no es una solución".
Las migraciones han existido siempre. "Esta tragedia humana que representa la migración forzada hoy en día es un fenómeno global". "Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado", insiste el Papa argentino. Los enemigos verdaderos como la miseria, la inseguridad, el narcotráfico no tienen fronteras ni rostros, ningún muro podrá detenerlos, si un cuidado prudente del Estado y sobre todo la promoción de los pobres con las tres T, Tierra, Techo y Trabajo, que en armonía con la lucha por la paz y el cuidado de la naturaleza constituyen una agenda común básica para cualquier país.
Argentina y Estados Unidos son países de inmigrantes. Pueblos jóvenes formados por aquellos que tuvieron que huir de sus tierras de origen e instalarse en tierras extrañas que pertenecían ya antes, a otras personas originarias, que en algunos casos fueron diezmados o esclavizados. Argentina se formó en el NOA y el NEA, con la migración constante de la región del norte grande, aún antes de la llegada de los españoles a América, con pueblos como los Incas, y luego las continuas migraciones en el tiempo colonial, en la gran región del Alto Perú, a la que hemos pertenecido, según lo atestiguan las actas de la Independencia Nacional desde hace 200 años. Y todo el centro y sur fue poblado, en gran medida, por las corrientes migratorias de Europa en tiempos de hambre y guerra. Hoy tenemos más inmigrantes provenientes de países asiáticos y de Medio Oriente. La tierra toda, el planeta es del hombre, no de unos cuantos ricos o de pretenciosos apropiadores ideológicos. Argentina es un crisol de razas, como lo es Estados Unidos, tierra de inmigrantes, mal que les pese a sus actuales habitantes, que le dieron el triunfo a Donald Trump.

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