Las pequeñas cosas, cuando sabemos valorarlas, nos muestran que lo simple es profundo. Al descubrirlas, vemos la banalidad de muchas de nuestras preocupaciones y de la mayoría de las complicaciones cotidianas. Compartir unos días con gente de enorme calidad humana, que vive, sueña y lucha en la puna salteña, en San Antonio de los Cobres, reconforta el alma.
Los niños a los que tuvimos la posibilidad de conocer y con los que hicimos talleres de sueños nos enseñaron la importancia de la sencillez.
Sus ganas y su alegría nos motivan y nos movilizan interiormente.
Estos niños, transparentes, se permitieron soñar de manera amplia y generosa pensando en la familia y la comunidad, valores imprescindibles para la sociedad hoy.
Sus sueños fueron una enseñanza en si misma, porque buscan el bien común y porque se permitieron volar con su imaginación.
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Alumnos del hogar escuela Carlos Guido Spano recibieron ejemplares de El Tribunito. Javier Corbalán
Alumnos del hogar escuela Carlos Guido Spano recibieron ejemplares de El Tribunito. Javier Corbalán
El esfuerzo de los maestros y personal en el Hogar Escuela de San Antonio de los Cobres es admirable. Ellos sí que hacen Patria, con esfuerzo, dedicación y poderosa vocación. Fue extraordinario descubrir una comunidad alejada del vértigo, el consumismo, la malicia y la deslealtad de la competencia, ni mucho menos con la violencia social.
La caravana cumplió su cometido de ayudar a un pueblo con muchas necesidades insatisfechas. Fuimos médicos, enfermeras, psicólogos, periodistas y otros profesionales. Volvimos con la certeza de haber recibido mucho más de lo que brindamos, y con la felicidad que haber aportado un granito de arena.
La satisfacción del deber cumplido con este fin solidario solamente se podrá entender si uno se permite soñar y ayudar solidariamente.
Como en los talleres de sueños, nosotros, los grandes, también cumplimos el sueño de poder ayudar.

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